Mi voto es por Petro
Hace pocos días, caminando por la calle 19 del centro de Bogotá, vi el afiche de campaña donde Bernardo Jaramillo, candidato presidencial asesinado, extendía su brazo y realizaba con inocencia el llamado: "venga esa mano país". Su asesinato, un recuerdo incontrovertible de la existencia de quienes ya no pueden aspirar sino a salir del olvido, una constatación de la resolución de las entidades predatorias que han modelado nuestro espacio vital al mínimo de lo posible.
Ejercer una visión de la democracia en donde se vota no para "llegar" al poder, sino para fortalecer las voces siempre externas de quienes están siempre presentes, pero fuera de él -parece lo único sensato y posible, el único verdadero sentido de la acción democrática-.
El voto, en una democracia real (democracia de la tierra, democracia del sustento, democracia sin "cercos privados") - evitar que las voces más débiles sean definitivamente forzadas a la extinción, al silencio y a su desaparición como entidades físicas-. En un planeta en donde solo tienen vida y derechos los despersonalizados procesos económicos y sus abstracciones automáticas a las que el hombre les sirve solo como "materia prima".
Sentí en la memoria la cantidad de posibilidades de país que habían sido truncadas por la aniquilación física de las personas -la extensa lista de paises posibles aniquilados en donde habríamos sido probablemente mas felices con la felicidad de los otros- y el advenimiento de un territorio en donde la vida propia y la de los otros es todavía una apuesta que alcanza su máximo de probabilidades en el ejercicio implacable de una fuerte autocensura y en la instigación a otros a emular voluntariamente un cierre completo, un definitivo "cerco de la imaginación".
La democracia es larga en condiciones de un permanente "cerco de los ejidos".
Ejercer una visión de la democracia en donde se vota no para "llegar" al poder, sino para fortalecer las voces siempre externas de quienes están siempre presentes, pero fuera de él -parece lo único sensato y posible, el único verdadero sentido de la acción democrática-.
El voto, en una democracia real (democracia de la tierra, democracia del sustento, democracia sin "cercos privados") - evitar que las voces más débiles sean definitivamente forzadas a la extinción, al silencio y a su desaparición como entidades físicas-. En un planeta en donde solo tienen vida y derechos los despersonalizados procesos económicos y sus abstracciones automáticas a las que el hombre les sirve solo como "materia prima".
Sentí en la memoria la cantidad de posibilidades de país que habían sido truncadas por la aniquilación física de las personas -la extensa lista de paises posibles aniquilados en donde habríamos sido probablemente mas felices con la felicidad de los otros- y el advenimiento de un territorio en donde la vida propia y la de los otros es todavía una apuesta que alcanza su máximo de probabilidades en el ejercicio implacable de una fuerte autocensura y en la instigación a otros a emular voluntariamente un cierre completo, un definitivo "cerco de la imaginación".
La democracia es larga en condiciones de un permanente "cerco de los ejidos".
"La tierra es suficiente para el sustento de todos, pero no para la codicia de algunos".
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