salario mínimo ciudadano
Estimado Alexis,
he decidido encabezar de esta forma esta intervención que será, al igual que la suya, breve en la medida de lo posible -un amigo cercano me aconsejó escribir poco y breve; posteriormente alguien me acusó de "llenar" su buzón con mis reiteradas intervenciones-, corriendo además un riesgo adicional: el de ser "acusado" de sostener una conversación privada (cosa bastante insólita, porque aunque no se escuchen las voces del foro, es un hecho cierto que "los otros están allí": sería lógicamente imposible negar el caracter público de lo que se expresa en esta pantalla. Corolario: no existen conversaciones privadas en esfera pública) en lo que tiene que ver con la autocritica, intentaré ser cuidadoso, para evitar los reproches de hacer carrera con argumentos éticos (de hecho, en algún momento lo leí en alguna de sus intervenciones, aunque nunca me sentí aludido; en cambio, sí me sentí aludido en otras ocasiones, en intervenciones que provenían de otras fuentes). Es curioso, pero el medio local aparece a veces tan cínico y desfachatado, que resulta más peligrosa la acusación de "hacer carrera con argumentos éticos" que la de "hacer carrera con argumentos antieticos" (pues hasta ahora no he visto que nadie esgrima tal imputación en contra de otro) lo cierto es que en este momento no represento a nadie diferente a mi mismo (si es que el otro verdaderamente existe).
Debido a que actualmente soy contratista del IDCT, vinculado a través del área de literatura, y a que no fué posible realizar una discusión verdadera sobre la naturaleza del conflicto entre contratista y representante, decidí renunciar al Consejo Distrital de Cultura. Si la decisión fué o no apresurada lo dejo al buen juicio de aquellos a quienes esta siguiente afirmación habrá de enfadar: los conflictos éticos no admiten resoluciones calculadas. No me atrevo a decir qué sucederá con el Consejo Distrital de Cultura. Sin embargo, creo que a través del tiempo se ha demostrado que hay tres formas de gobernar: por vías del terror o por vías del engaño, o por ambas. Me gustaría saber si estas funciones se encuentran encarnadas en instrumentos específicos de la administración pública. El cuestionamiento institucional se detiene entonces en la instancia ideológica más que en la económica. Lo económico es un requisito; pero aún plenamente satisfecho este requisito puede persistir el engaño ideológico. Este engaño opera muchas veces de manera inconsciente y su superpone a los individuos llevándolos a su institucionalización: la idea es tan poderosa que subyuga a las personas; la idea se convierte en el único organismo vivo y los hombres en sus instrumentos de supervivencia. El cuestionamiento institucional se debe enfocar al desmonte de esta relación de servilismo. Ejemplo: el espacio público es para el bienestar público, y no a la inversa: la gente existe como instrumento de "bienestar" del espacio público. Insisto entonces en las peligrosas lecturas de los planteamientos derridianos, algunas de ellas tan sospechosamente acomodadas en la derecha.
Hay grandes riesgos cuando se politizan y se intenta hacer legislación sobre todas las instancias de la vida. El exceso de legislación y procedimiento debería ser tomado como síntoma de que una sociedad está desajustada. Me gustaría saber qué pasaría si empezáramos a presionar de alguna manera una idea que empieza a circular por el ambiente: otorgar a todos los miembros de una sociedad un salario mínimo por el mero acontecimiento de ser ciudadanos. Personas más ilustradas podrán datar la fuente de la propuesta, yo simplemente la sujeto a la discusión pública.
pablo batelli
he decidido encabezar de esta forma esta intervención que será, al igual que la suya, breve en la medida de lo posible -un amigo cercano me aconsejó escribir poco y breve; posteriormente alguien me acusó de "llenar" su buzón con mis reiteradas intervenciones-, corriendo además un riesgo adicional: el de ser "acusado" de sostener una conversación privada (cosa bastante insólita, porque aunque no se escuchen las voces del foro, es un hecho cierto que "los otros están allí": sería lógicamente imposible negar el caracter público de lo que se expresa en esta pantalla. Corolario: no existen conversaciones privadas en esfera pública) en lo que tiene que ver con la autocritica, intentaré ser cuidadoso, para evitar los reproches de hacer carrera con argumentos éticos (de hecho, en algún momento lo leí en alguna de sus intervenciones, aunque nunca me sentí aludido; en cambio, sí me sentí aludido en otras ocasiones, en intervenciones que provenían de otras fuentes). Es curioso, pero el medio local aparece a veces tan cínico y desfachatado, que resulta más peligrosa la acusación de "hacer carrera con argumentos éticos" que la de "hacer carrera con argumentos antieticos" (pues hasta ahora no he visto que nadie esgrima tal imputación en contra de otro) lo cierto es que en este momento no represento a nadie diferente a mi mismo (si es que el otro verdaderamente existe).
Debido a que actualmente soy contratista del IDCT, vinculado a través del área de literatura, y a que no fué posible realizar una discusión verdadera sobre la naturaleza del conflicto entre contratista y representante, decidí renunciar al Consejo Distrital de Cultura. Si la decisión fué o no apresurada lo dejo al buen juicio de aquellos a quienes esta siguiente afirmación habrá de enfadar: los conflictos éticos no admiten resoluciones calculadas. No me atrevo a decir qué sucederá con el Consejo Distrital de Cultura. Sin embargo, creo que a través del tiempo se ha demostrado que hay tres formas de gobernar: por vías del terror o por vías del engaño, o por ambas. Me gustaría saber si estas funciones se encuentran encarnadas en instrumentos específicos de la administración pública. El cuestionamiento institucional se detiene entonces en la instancia ideológica más que en la económica. Lo económico es un requisito; pero aún plenamente satisfecho este requisito puede persistir el engaño ideológico. Este engaño opera muchas veces de manera inconsciente y su superpone a los individuos llevándolos a su institucionalización: la idea es tan poderosa que subyuga a las personas; la idea se convierte en el único organismo vivo y los hombres en sus instrumentos de supervivencia. El cuestionamiento institucional se debe enfocar al desmonte de esta relación de servilismo. Ejemplo: el espacio público es para el bienestar público, y no a la inversa: la gente existe como instrumento de "bienestar" del espacio público. Insisto entonces en las peligrosas lecturas de los planteamientos derridianos, algunas de ellas tan sospechosamente acomodadas en la derecha.
Hay grandes riesgos cuando se politizan y se intenta hacer legislación sobre todas las instancias de la vida. El exceso de legislación y procedimiento debería ser tomado como síntoma de que una sociedad está desajustada. Me gustaría saber qué pasaría si empezáramos a presionar de alguna manera una idea que empieza a circular por el ambiente: otorgar a todos los miembros de una sociedad un salario mínimo por el mero acontecimiento de ser ciudadanos. Personas más ilustradas podrán datar la fuente de la propuesta, yo simplemente la sujeto a la discusión pública.
pablo batelli
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