domingo, marzo 07, 2010

Disclosure - La humanidad interferida y la humanidad trastornada

Aparecer de súbito con un comentario a esta entrada -asunto que ha acaparado y exasperado mi dispersión durante un lapso de tiempo relativamente extenso- el “devenir estadístico” (de la crítica online) me ha “derivado” a un problema conexo, el de la relación entre la privacidad y el anonimato (y a otros más).

Siguiendo un método: exhibir una definición con un cierto grado de probabilidad para alcanzar un grado de consenso (grado a determinar) y luego señalar que aún cuando ambas definiciones difieren, se acude a los términos como a una pareja de sinónimos (términos aparentemente intercambiables). Sin embargo, me aparto del método para dejar apenas una ruina de definiciones incompletas de las que probablemente no se derive una contradicción clara y distinta.

Una primera conjetura parece sencilla: deseamos mantener un cierto grado de privacidad (acaso inviolable) frente a los diferentes mecanismos de intervención, modulación (y administración) de la circulación en red, tanto como deseamos, también en algún grado (a determinar), mantener un cierto velo de invisibilidad como individuos (anonimato) frente a nuestro entorno social inmediato (a veces únicamente frente a una zona social que consideramos hostil y por extrapolación del término, de una zona que denominamos, en ausencia de un elemento político que haga del estado de conflicto una necesaria y deseable condición permanente, “enemiga”).

Requiero extenderme en una digresión que, siendo riguroso, parecería no ser capaz de abandonar el trazado de un sistema dictado a partir de una acumulación de observaciones aisladas de carácter estrictamente individual. De allí que este sistema que se propone tiene valor probado -y transitorio- para un único caso singular y si acaso su zona de consecuencias se extiende más allá de ese radio ínfimo se debe tan solo a una serie de coincidencias, probablemente, de afortunados malos entendidos de lenguaje.

La privacidad concierne -entre varios ítems- a ciertas zonas de nuestra navegación (deambular) online que no queremos que sean conocidas sin nuestro consentimiento. Dicha privacidad alcanzaría un grado completo si no existiera la posibilidad de un registro detallado de cada uno de nuestros recorridos en línea que puede eventualmente ser objeto de un disclosure (hackeo oficial o no oficial). Dado que es sabido que dicho registro existe (por duplicado, representado a nivel doméstico por una traza digital en nuestros propios discos duros, y en el “más allá”, en discos duros de servidores externos a los que un usuario doméstico no entrenado no tiene acceso) aparece la permanente amenaza de un disclosure imprevisto e indeseado. Algunos datos que se desea sujetos a reserva pueden sobrevivir varios años en un disco (incluso después de haber sido formateado) como bacterias en incubación viajando en un asteroide. Y pueden ser hackeados u obligados a un disclosure desde las empresas mismas que proveen el hardware o el software, acudiendo a métodos de hackeo “oficiales” y no oficiales , descubiertos y encubiertos, o, en el caso más nítido, con orden judicial.

Estos datos tienen valor en el mercado de la información, la política; a veces como mera estadística, a veces como un recordatorio de la amenaza de la posibilidad de un control total de la libertad de conciencia que se expresa ingenuamente confiada en la “privacidad” ilusoria del medio digital. Rinden lucro desde el espectro de lo más general hasta lo más específico, tanto a un sistema de mercado establecido como a un orden político que entiende la libertad como actividad circunscrita únicamente a la “libertad de hacer lucro” y en donde la “libertad de no hacer lucro” se asocia por diversos mecanismos a una acción criminal.

Ahora interviene una reflexión aun más personal, más susceptible a la inexactitud; hace cosa de un par de años, cuando se comenzaba a pensar con claridad -y ejecutaban las formas incipientes de hoy- en alternativas y estrategias para “hackear” (crackear) y “contrahackear” a esferapublica (1), se le concedía un gran valor a las estadísticas de circulación de un sitio microdigital (por ejemplo, se pensaba que todo el asunto dependía exclusivamente de un aumento de la circulación) y a la lista de correos que cada quien pudiera tener en sus “bases de datos”. Una y otra cosa han probado no ser tan determinantes a cierta escala, y la ruptura unilateral (impuesta por un factor externo) de la privacidad parece no generar hoy la sensación de zozobra que antes, real o ilusoriamente, generaba. En cambio, más que un extenso listado de visitantes o de “abonados” a (o “capturados” en) una lista de correos, parece suficiente (y quisiéramos pensar que brinda cierto tipo de alivio real) pensar que cobra cada vez mayor valor la naturaleza de los vínculos entre las diferentes entidades asociadas (o no asociadas) a un canal. Esta tesis es seductora, pero probablemente es también errónea.

Paulatinamente diferentes plataformas (Google y Facebook) fueron introduciendo restricciones al control individual que cada administrador particular podría tener sobre su microlugar digital, poniendo a disposición, bajo eufemismos que no cesan de proclamar la democratización de “algo” (la red, el conocimiento, el derecho a la información, a “conocer” el globo), formas de análisis de la circulación cada vez menos privadas y bases de datos tomadas bajo el control de empresas específicas de naturaleza con intereses en el “monopolio del control”. Facebook podría servir de claro ejemplo (tan importante que su impacto podría medirse en total ausencia de competidores) de cómo las listas de correos que podían hasta hace poco guardarse (save, salvarse) individualmente en cada uno de los computadores de escritorio, acaso protegidas por algún tipo de ley de derecho moral, fueron aportadas voluntariamente, cesión de todo tipo de derechos incluida, a una plataforma en red que, con el trabajo acumulado de miles de usuarios dedicados y dóciles digitando su información personal, constituyeron una gigantesca base de datos para beneficio de una empresa con propósitos de convertir el control en materia de lucro. De hecho, es el mecanismo “legal” más grande de apropiación (y digitación) de bases de datos; además, de nombres vinculados entre sí por relaciones de proximidad (“amistad”). Una base de datos con costo cero de digitación y clasificada. Es la más grande operación de suicidio hacker organizada por una corporación sobre una sociedad que accede voluntariamente a la renuncia de sus capitales “insignificantes”.

Otro asunto es el de la circulación, en donde prima la noción de mayor rentabilidad posible por visitante. Esto puede plantearse en proyectos de corto, mediano o largo plazo, pero se trata de establecer una integral de área máxima en un lapso de tiempo determinado. Esta rentabilidad podría medirse de dos maneras: la primera, y la que probablemente menos interese a un espacio de crítica de arte, en términos de posibilidad de lucro en dinero. La segunda, y de mayor interés para la crítica de arte porque una circulación inédita podría llegar a instaurar (instituir, despojado de los variantes negativas del término) un poder paralelo a otros medios de poder establecidos con circulación “cautiva”, una rentabilidad representada en legitimidad. Una circulación amplia podría, eventualmente, ser vista como una amenaza frente a otro tipo de poderes (por ejemplo, la gestión, promoción y orientación estatal) y obtener así una “rentabilidad” en términos de contrapoder. Lo interesante aquí es desbaratar este velo de confianza, y acudir a oposiciones que no tengan que recurrir a las mismas formas de ejercicio del poder al que hacen contrapeso (por ejemplo, los museos que requieren cada vez con mayor afán -angustia- justificar su función, y su burocracia intelectual, a partir de la “masa” de personas que los visitan).

Si bien parece pueril, didáctica y simplista la pregunta sobre si es posible construir un espacio en donde la rentabilidad, en uno u otro sentido, sea, si bien no erradicada, un corolario casi indeseable de un proceso cuyo único interés es el devenir propio del proceso, su metamorfosis, su flujo de un estado a otro, sí parece interesante plantear, así sea como mero ejercicio especulativo, un escenario en donde tal conjetura tenga al menos una probabilidad mínima de verse realizada, de ser una tangible imagen mental.

Regresemos al asunto de la vulnerabilidad, a manera de resumen: hace cosa de algunos años las estadísticas de circulación y las listas de correo se encontraban entre una lista de ítems estrictamente privados para cualquier espacio con presencia en red. Ahora, algunos meses, o años (seamos imprecisos) luego, como resultado de los movimientos de la industria de la red, estos ítems han perdido parcialmente su carácter sacro. Por lo tanto no es que no hubiesen sido en su momento elementos de poco valor. Si no hubiesen sido arrebatados por una dinámica de control, y si no nos hubiésemos acostumbrado a hacer retroceder los límites de nuestra “privacidad” (o libertad de conciencia, por ejemplo, “libertad del no lucro”) estos elementos seguirían siendo determinantes en la configuración de muchos microlugares digitales.

Un administrador de un sitio puede determinar si sus estadísticas de circulación van o no a hacerse públicas (incluso se exhiben con alguna frecuencia como medida del “poder” de un site) pero difícilmente puede impedir que una empresa de administración de la circulación en red (Google) decida ejecutar una acción unilateral concreta, como registrar el flujo de visitantes en un site, la procedencia, y luego, utilizar discrecionalmente la información para ciertos propósitos específicos sobre los que el admin del microlugar digital no tiene ningún control ni conocimiento (o forma de llegar a ese conocimiento). Si tales estadísticas se hacen o no públicas no afecta el hecho de que son bien conocidas para Google y probablemente para otros grandes del mundo digital (Microsoft, a través de un posible hackeo implantado en sus omnipresentes sistemas operativos). Equivale a una gran “conspiración legal” para mantener al usuario-consumidor dentro de unos parámetros previstos de dependencia, subordinación y predictibilidad.

Frente a la potencialidad de hackeo sistemático de la privacidad que puede ser detonada desde poderosos conglomerados de hardware-software poco o nada puede hacer el anonimato al que se acude como “práctica casera” que invoca el deseo por resguardar la intimidad. Como herramienta de defensa de la privacidad, constituye una medida eficiente en un nivel superficial pero para un supervisor electrónico de gran escala no parece arriesgado afirmar que paso que se da en cada pc es susceptible de ser reconstruido, clasificado, utilizado en beneficio de una expansión centralizada sin límite a la vista, para fortalecer “la libertad de lucro” e instaurar atávicamente el temor de la existencia de un centro de vigilancia y control de la conciencia permanente. Inclusive si fuera inexistente, la ilusión de su existencia es suficiente para cumplir el propósito de remodelado social de las conciencias. El anonimato “casero” tiene efectos un una cierta zona poco profunda de la red (puede ser efectivo en un entorno social inmediato) pero a medida que se somete al escrutinio de mecanismos de control progresivamente más poderosos llega a un punto donde eventualmente se quiebra. Lo que se haya hecho desde allí tiene dos consecuencias: pensando en una defensa de la privacidad, se convierte en una acción que ostenta un mayor potencial para hacer un disclosure involuntario de información reservada. Si se trata de defender “tácticamente” una privacidad en un entorno social inmediato, el anonimato puede resultar efectivo: “Más allá”, cuando sus efectos traspasan o entran en conflicto con los intereses políticos de las capas más profundas de la red, la ilusión de privacidad se vuelve completamente en contra de quien, bajo la ilusión de su amparo, ha puesto a circular mayor información personal de lo que lo hubiera hecho si hubiera sabido que había estado siempre potencialmente expuesto. Se trata entonces de que anonimato y privacidad coinciden en tanto no se entrecrucen con intereses profundos de los administradores de flujo en la red. En cierta forma, uno puede pensar en el anonimato como en una forma tergiversada de la privacidad.

Frente a la cadena establecida por nuestro hardware, inequívocamente identificado con un número de serie único ante el fabricante, el sistema operativo con sus “troyanos de origen”, el módem y su secuencia ancestral de asignaciones IP, las vigilancias de cámaras de TV simuladas o reales, la asignación de cuenta de un proveedor de servicios de internet, y otros factores no contemplados en donde los hábitos deambulatorios y los procesos de lectura son vulnerables a cualquier forma de archivo y disclosure unilateral, se dará el vuelco a los procesos físicos en aras de la defensa de un espacio no intervenido de deambular de conciencia.

La lectura física en un libro encuadernado, no la que se hace posible a través de un dispositivo electrónico intervenido capaz de enviar a un receptor desconocido cuanta información es posible hackear al usuario (un simpático “kindle”), será acaso el único espacio en donde será posible leer sin la perturbación de sentirse vigilado. De allí que la gran empresa tecnológica demuestre un súbito interés por vertir la lectura física en medios intervenidos electrónicos.

En respuesta a los modos de intimidación por medio de la vigilancia invisible, algunas comunidades se han planteado la cuestión de no ceder frente a la presión por la autocensura, y han comenzado a diseñar incipientes formas de aislar las interferencias que pudieran ocurrir en sus procesos comunitarios. En tanto estos procesos sean inofensivos, o permanezcan bajo la invisibilidad de lo aparentemente inofensivo, pueden todavía fluir a través de “la red” (no deja de ser interesante la sugerencia de la red como red de transmisión pero al mismo tiempo, como red para atrapar -posiblemente- a una comunidad completa de seres humanos, o en el caso extremo, a la totalidad). Este paralelo entre paréntesis entre la red de comunicación y la red de captura sugiere que una línea abstracta de acción consiste en hacer de una red tupida -la propuesta por la vertiente de la administración total de los destinos de los seres humanos- una red abierta, en donde las posibilidades ambas tendencias se equilibren, o incluso, en un nivel altamente improbable pero eventualmente posible, una red en donde el flujo de comunicación sea de tal magnitud que no pueda ser efectivamente registrado (una especie de “spam” que logre atorar todo intento de control). En términos de lo que puede ser vaticinado, se prevé tan solo un ajuste de los mecanismos de control y rastreo, y un énfasis en la capacidad de “la red” como mecanismo de captura.

ENCLOSURE

-Las comunidades de mínima probabilidad voluntaria de supervivencia y las comunidades de absoluta supervivencia-

1. Vuelco a las comunidades e interacciones consideradas hoy tradicionalmente “no virtuales”. Se espera que en los próximos años las poco fiables mediaciones invisibles de la comunicación digital generen una deserción voluntaria (probablemente muy pequeña pero de efectos impredecibles) en la tendencia mayoritaria a aceptar eufóricamente las formas cada vez más difundidas de la interomnicomunicación. Estas comunidades no virtuales regresarán a la conversación in situ. Estarán rodeadas de una suerte de mecanismos para el bloqueo de todo tipo de interferencia electrónica. La conversación directa tendrá lugar en el encuadre de un búnker físico, mental y cultural , tanto como en el traslado furtivo de un verbo entre dos entidades entrenadas para el relevo instantáneo de la onda sonora directa.

2. Diseño y mantenimiento de lugares de baja circulación en servidores de pequeña escala. A pesar del crecimiento exponencial de la capacidad de los servidores de la industria, los nuevos criterios empresariales obligarán al desalojo de los micrositios digitales no rentables hasta que, llevados al límite de una extinción, se trasladen a nuevos servidores de nicho. Paralelamente, se establecerán redes más pequeñas entre estos pequeños servidores que funcionarán por fuera del mainstream del monopolio de las bandas. Estas redes tendrán protocolos de comunicación muy simples, pues habrán desalojado de ellas todo protocolo de seguridad impuesto por desde los requerimientos del comercio electrónico mundial y se dedicarán únicamente a sobrevivir en condiciones de extremo bajo rating, circulación y capital.

3. Tendrá lugar una revolución de programadores para la “libertad del no lucro”. Se establecerán pequeñas comunidades de programadores en redes de pequeña escala o de intercambio físico directo para reducir el grado de poder de los consorcios de red establecidos que controlan la circulación. Esta programación será distribuida de mano en mano entre ciertos interesados que dispondrán de computadoras conectadas a la red ocupadas únicamente de ejecutar, durante todo el tiempo, estos códigos de hackeo. Igualmente proliferarán, entre estas sectas, sistemas operativos de funcionalidades básicas con aspiraciones no universales. Separado de las computadoras de hackeo, todas las otras computadoras de esta comunidad de programadores para la libertad del no lucro se encontraran aisladas de cualquier sistema de red, y su información se habrá de intercambiar únicamente en las forma del encuentro personal y directo, en físico. En un estrecho cerco de seguridad, sus miembros serán pocos, su conocimiento especializado, su capacidad de registro y memoria totalmente desinteresado.

4. Una subcomunidad de la comunidad anterior será la de los diseñadores de motores de búsqueda autónomos. Estos motores de búsqueda se regirán no por la frecuencia de hits que reciba una página electrónica, o por la repetición, sino por los criterios de cientos de miles de lectores en red que indexarán los asuntos leídos en un índice de acuerdo a criterios ambiguos, arbitrarios, no susceptibles de ser sistematizados. En cierto sentido, al ser un motor sin reglas, no son exactamente un motor, sino una página de acceso a un índice jerarquizado desde los procesos de lectura de varios cientos de lectores designados. La visibilidad de esta página en medio de la red estandarizada se logrará o bien por mecanismos de persuasión, logrando que un número amplio de personas adopten voluntariamente ciertos códigos, o por vías de una infección viral subrepticia. En esta comunidad se darán intensos debates entre cual de las dos formas es legítima, y en última instancia, posee mayor grado de efectividad.

5. En un ejercicio de hackeo del monopolio del “capital” cultural, los libros serán transcritos a medios digitales y encriptados dentro de material barato (pornografía, imágenes publicitarias, correos bancarios) para que otros miembros en otros lugares, valiéndose de la apariencia inofensiva de los contenidos de mayor tránsito (rating) en la red, se resistan a la circulación de información alienante y mantengan con mínimas chances de supervivencia la posibilidad de la lectura. Para esta comunidad la lectura en medios electrónicos representa una amenaza a la ilusión de la intimidad, y todo medio electrónico que simule la capacidad de archivo de una biblioteca, o la supere efectivamente, tiene únicamente dos propósitos: servir para la recolección de información estadística para afinar los medios de control a través del anhelo del mercado, y dos, servir de recolección específica para el ejercicio de vigilancia (y eventualmente violencia) directa en contra de individuos seleccionados. Finalmente, el tránsito de libros codificados en imágenes de transito inofensivo en red será destinado a impresión, y solo una vez satisfecho este paso, se leerán los textos (eventualmente, lo sabemos al mirar atentamente la literatura de ficción de nuestro pasado inmediato, los textos serán memorizados por partes o en su totalidad por los miembros de la comunidad). Una subcomunidad de esta comunidad aceptará únicamente lecturas a partir de un texto manuscrito, escrito a máquina, o con medios mecánicos no susceptibles de ser intervenidos por las redes de comunicación inalámbricas omnipresentes, para lo que habrán de restaurar y mantener en perfecto estado de funcionamiento un número suficiente de máquinas aparentemente caducadas (fotocopiadoras de bajo nivel electrónico, máquinas de escribir manuales y eléctricas, plumas, lápices y papel).

6. Entretanto, la comunidad sometida a un mainstream, confiadamente depositada en el horizonte de la tecnología de consumo (control, sumisión y vigilancia a través de las promesas de la gratificación inmediata) avanzará hacia su propia aniquilación y hacia la transformación de su entidad física en oportunidades adicionales de supervivencia para una microcomunidad de élite de acumulación, la que habrá, llegado este momento, devastado la materia prima de la que se había surtido hasta entonces y entrará a su vez en un periodo incierto. Las micromunidades aisladas de los modos de conducta de las entidades estadísticas que han decidido sus vidas en acuerdo con las leyes estadísticas que las tornaron predecibles, habrán desarrollado las habilidades de adaptación suficiente para vivir cuando se acaben las fuentes que alimentan los mecanismos de acumulación.

7. Comunidades de abstención. Aquí, sus jerarquías no dependen del estatuto de acumulación de representatividad de acuerdo a un sistema democrático estadísticamente tergiversado, si no de reconocimientos de naturaleza espontánea a aquellos que logren realizar un consumo mínimo óptimo de energía. Se trata entonces de una comunidad que consciente del costo ambiental de cada una de sus decisiones, se abstiene de incurrir en aquellas de mayor costo a favor de las de menor costo. Como consecuencia recursiva de este procedimiento de toma de decisiones, cada vez habrá de optar por aquellas decisiones que sin poner en riesgo su supervivencia, o aún poniendo en riesgo su supervivencia, impliquen un menor costo ambiental.

8. Otras comunidades, creyentes en haber sido designadas para la supervivencia por el invisible poder del azar, generarán un eficiente mecanismo de explotación dentro del cual, como tendencia mayoritaria, constituirán una casta de lucro de élite de las ilusiones y expectativas deleznables de una masa incauta e ingenua de organismos vivos, nominalmente de su misma jerarquía, y lograrán en medio del lucro de la creencia mayoritariamente esparcida, aglutinar a su favor el monopolio del poder económico y tecnológico que será el núcleo de esa apuesta de riesgo mínimo que garantizaría sus máximas oportunidades de supervivir.

Pablo Batelli, diciembre 2009

(En las épocas de la plena desocupación y plena explotación).


Pablo,
Ante la gravedad de los hechos, cuando la sospecha implica sospechar haciendo uso de espacios íntimos que debieran estar resguardados de toda posible instigación y jackeo, lo que encuentro en tu texto ( Disclosure) me da nuevas luces, nuevas ideas para entender en lo que anda comprometida la expresión con este caso de Nicolas. La vigencia del texto que parecía anunciar épocas remotas, de cuasi ficción-especulación, como si se tratara de casos hipotéticos diseñados por el mero ejercicio de una técnica del pensar, dirían algunos, es completa.
Claudia Díaz