Secuestro / Justicia Social / Mediaticidad y Oliver Stone
Oliver Stone abandonó prematuramente la escenasecuencia del dolor no ficticio, revelando mayor libertad para el ejercicio de su impaciencia que los cautivos y que todos aquellos que siguen (seguimos) en impotencia el cautiverio de los impotentes, ridículamente irritado porque la liberación de Clara, Consuelo y Emmanuel, así como el punto de coincidencia de múltiples específicos intereses políticos todos ellos mas o menos frágiles y -si así pudiera decirse- falaces en algún o en todos sus grados, no se sincronizaba de manera exacta y sumisa-ni se sometía a ninguna agenda de producción o grito de "acción"- con las hojas de su obturadordepredador que, hambriento de imágenes exóticas, buscase instaurarlo como un aguzado observador de la desigualdad internacional de la especie. Acaso Colombia no resultó tan dócil como un estudio de cine independiente (siempre atento al grito de "acción") y le negó, así, la oportunidad de exhibir su mirada "libre y libertaria". Acción y negación parecen simultáneamente predecibles e impredecibles.
El ejercicio pleno de la "libertad" de abandono y cesión (y concesión) a la fatiga propia que le es concedido al director mediático de piedra, acaso por su condición de izquierda protegida desde su ciudadanía de americano disidente, le es negado a los impotentes y a sus custodios, y a la sociedad anónima que no se atreve ni logra (acaso con buena fortuna) hacer de su reducida especificidad un lugar célebre del sentimiento (resentimiento) humano desde donde pretender demostrar que se tiene pleno control -o mejor, real descontrol- sobre el destino propio o de los otros, y menos aún, destinar el destino que los otros tienen sobre el destino propio.
(esta entrada sigue...)
El ejercicio pleno de la "libertad" de abandono y cesión (y concesión) a la fatiga propia que le es concedido al director mediático de piedra, acaso por su condición de izquierda protegida desde su ciudadanía de americano disidente, le es negado a los impotentes y a sus custodios, y a la sociedad anónima que no se atreve ni logra (acaso con buena fortuna) hacer de su reducida especificidad un lugar célebre del sentimiento (resentimiento) humano desde donde pretender demostrar que se tiene pleno control -o mejor, real descontrol- sobre el destino propio o de los otros, y menos aún, destinar el destino que los otros tienen sobre el destino propio.
(esta entrada sigue...)
<< Home