Boceto para un Boceto en Proceso - Artefacto y Leyenda
ARTEFACTO Y LEYENDA
-boceto para la construcción y exhibición de un signo puramente sensible-
-Pablo Batelli Gómez, Bogotá, marzo 22 de 2006-
UNO: COMPLEMENTO
Complemento al Boceto de la charla sucedida bajo el marco de la convocatoria Arte y Ley, “Martín Cheap Cheapness o el Ocio”, Universidad de los Andes, abril 13 de 2005, que contiene dos digresiones previas y una breve sesión de preguntas figurada basada en preguntas reales.
Breve digresión # 1: “ubicación del silencio”
Haciendo la mayor concesión a las más bajas orientaciones paranoides no basta con una sino que se vuelve indispensable la presencia de dos brújulas sobre el escritorio. La primera señala la orientación y la segunda verifica la exactitud de la primera. Situadas cada una al lado izquierdo y derecho del teclado pronto exhiben la primera anomalía: las agujas de las dos brújulas, que deberían ser paralelas, apuntan en dirección convergente. Compruebo la eficacia de este mecanismo redundante de ubicación del silencio y decido colocarlas lejos del sistema magnético del ordenador, prudentemente separadas la una de la otra. No tengo intención de verificar lo que sucedería si las dos brújulas se encuentran suficientemente próximas. Si las dos brújulas se encuentran en posición tal que el centro de la segunda se encuentra sobre la línea este oeste que cruza por el centro de la primera brújula, mi conjetura se inclina a plantear que las agujas de las brújulas se mantendrán siempre paralelas no importa su proximidad. Igual cosa parece que sucedería si las brújulas se colocan una detrás de la otra, con sus centros sobre la línea norte sur.
Exactamente en dirección sur un colegio hace tronar sus megáfonos pedagógicos. Las directivas consideran saludable ayudar a los estudiantes a liberar sus energías con un corrientazo de reguetón y música de chiquiteca del underground anfetamínicosexual bogotano, con simulacro de bebidas alcohólicas incluido; acaso esta sea la única parte de su educación que verdaderamente les muestra cómo es el mundo exterior. A los 220 grados SW una compañía de recursivos ingenieros adelanta el proceso de añadir tres pisos a una lasaña de concreto semiabandonada. El taladro activado por la fuerza descomunal del compresor ha terminado de barrenar las paredes innecesarias y ha dejado al descubierto la debilidad de la estructura que debe soportar la carga de toneladas y toneladas adicionales. A los 320 grados NW una pulidora ataca un montón de ladrillos para reducirlos a mitades. Desde los 55 hasta los 225 grados los automóviles se apeñuscan ante el semáforo invadiendo de gas tóxico y bocinazos el entorno. Si cierro la ventana evito la entrada del monóxido, pero me asfixio al respirar por tiempo eterno mi propio CO2. En estas condiciones típicamente citadinas me preparo a retomar el boceto de la charla de arte y ley que tuvo lugar hace casi un año exacto en la Universidad de los Andes.
Breve Digresión # 2: “ajedrez jugado dos veces”
Retomar el boceto es como jugar una partida de ajedrez que ya se jugó. A primera vista, no hay gracia alguna en este ejercicio. Sólo que, a la manera de Pierre Menard, estamos llegando a la misma partida por un proceso de reconstrucción del proceso original, y no por una mera copia mecánica de las jugadas, o transcripción, aunque en definitiva la lista de jugadas de cada una de las dos partidas resulte idéntica y tenga todos los síntomas de ser una transcripción. Algunos atribuyen sin asomo de duda la autoría de “Pierre Menard, autor del Quijote” a Jorge Luis Borges, sin embargo, hay que destacar que la narración aparece localizada en Nîmes, lo que abre la puerta para la observación siguiente: si pudiéramos comprobar que Borges nunca estuvo en Nîmes llegaríamos a la conclusión de que Borges no es el autor de “Pierre Menard, autor del Quijote”. ¿Acaso transcribió Borges una historia escrita por Pierre Menard? Sin duda transcribió a Menard, al menos en un breve pasaje. Si así fuera, nos enfrentaríamos a un descalabro en la lucha por los derechos de autor entre los herederos de Borges, de Menard y las editoriales. Se rumora que existe un tercer copista, una especie de clon de Bartleby, un segundo “Menard” que alega haber transcrito a “Pierre Menard, autor del Quijote”, o a Pierre Menard el autor de Nîmes, y que se atribuye la autoría del relato. En definitiva, si nos permitimos esa libertad de acomodar los hechos, que podríamos llamar “interpretación ordinaria”, podemos leer entre líneas que la conjetura borgiana establece que de la más mínima afectación del entorno se deriva una afectación sustancial de la “obra”. La obra de arte es una ecuación o tejido de relaciones fuertemente sensible a las condiciones iniciales: es el objeto y todas sus relaciones, incluso en el nivel en el que las relaciones aparecen como “objeto” de nuevas relaciones. A partir de este segundo nivel, la obra ya no es más un objeto, y probablemente, no sea siquiera una obra.
Reconstrucción de una sesión de preguntas: Cheapness transcribe a Batelli, un año después
“Lanzado a reconstruir el proceso, mi primera desilusión es la pérdida del manifiesto anarquista que había comprado, para efectos de documentar de forma ilustrada e irrefutablemente erudita la conferencia, en el stand de descuentos del segundo piso de la Panamericana. En verdad, creo que estando frente a un jarro de cerveza, lo regalé por considerarlo un objeto inútil.” (cuaderno de notas de Batelli).
Quiero establecer una convención en el texto: digresiones # 1, # 2 y reconstrucción de una sesión de preguntas recibirá el nombre de Complemento y la charla que tuvo lugar bajo el marco de la convocatoria “Arte y Ley” el 13 de abril de 2005 (“Martín Cheap Cheapness o el Ocio”) recibirá el nombre de Boceto. La conjunción de los dos textos se llamará: “Artefato y Leyenda”.
Demos el primer paso en el proceso de reconstrucción de la sesión de preguntas que tuvo lugar después de la lectura pública del boceto. Transcribo la pregunta que realizó uno de los asistentes a la conferencia bajo la advertencia de que la versión transcrita no obedece a las leyes de inefabilidad científica –por cierto siempre transitorias- y puede diferir en poco, mucho o ser exactamente opuesta a la versión original, ya sea a causa de una imposibilidad técnica o debido al sesgo del transcriptor. Para entender cabalmente esta pregunta hay que aportar datos del contexto: es importante recordar que existen en el mundo tropical lugares plenos de precocidad en los que Saussure es una referencia que se maneja desde muy temprana edad. Se ha demostrado que Saussure es una referencia que una persona de cuarenta años ha escuchado en promedio doscientas veces si tuvo la oportunidad de una educación avanzada: se desconoce el caso para personas sin educación, pero el mismo empadronamiento intelectual lo considera irrelevante.
“Asistente # 1: sabemos que es con Locke cuando surge el término semiótica, aunque es Charles Sanders Peirce quien expande el universo de los objetos semióticos al introducir la relación triádica del signo; sabemos también que la semiología nace gracias a la acción de Ferdinand de Saussure” ... (Cheapness interrumpe la transcripción: siempre recuerdo este nombre porque me remite fonéticamente al término inglés so sure, aunque su fonética local sugiere con mayor exactitud la escritura Socír) ... “quien dice: “la lengua es un sistema de signos que expresan ideas y, por lo tanto, comparable a la escritura, al alfabeto de los sordomudos, los ritos simbólicos”, eh ... “Es posible concebir así una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social” eh y ¿cómo?, ah ¡si! ... “La llamaremos semiología (del griego semeion, `signo´)”. La tercera fuente semiótica, excluyendo a Locke porque podemos afirmar que pertenece más al campo de la teoría general del lenguaje, sería Ernst Cassirer, al que no me voy a referir en profundidad, solo voy a mencionar. Los desarrollos posteriores de la semiótica incluyen la lógica, con Fregge, y cruzan por Carnap y el mismo Russell, y claro ¡no hay que olvidar a Charles Morris! que introduce las categorías designado y denotado. Lamentablemente el trabajo de Buyssens sobre las categorías de Saussure ha caído en el olvido víctima de los bajos intereses políticos que lo describen como de funcionalista. Quiero citar también las contribuciones de Sapir, Trubetzkoy, Jakobson, Hjelmslev, Benveniste, Mukarovsky, Langer, Lévi-Strauss, Barthes y Greimás y perdonen si no cito a las celebridades nacionales por considerarlo innecesario debido a su claro y reconocido valor. Le pido entonces una respuesta consistente con estos desarrollos: ¿Cree Usted, como lo plantea Saussure, que el signo es arbitrario? Se lo pregunto porque no estoy de acuerdo con la afirmación que Usted realizó, según la cual el diccionario es contradictorio. Otro asunto que considero del mayor interés son las citas de ese manifiesto anarquista. Voy a lo siguiente: Usted presentó unas citas del manifiesto, pero las presentó de una manera inusual, que genera sospecha, pues lo que hizo fue proyectar a través de un video beam la imagen escaneada de la parte del texto que Usted quería citar. Me parece que es conductista porque, además, en esa imagen aparecen sus propios subrayados.”
Hasta aquí la intervención del asistente #1. Batelli, unos meses después, intenta en su diario de notas una respuesta. Su proceso es analítico, y posee dos de las más acentuadas limitaciones del análisis: el límite a la capacidad de cálculo y los límites del método de análisis. Comienza por considerar la cuestión de la intención conductista, tratando de refutar lo que ha creído que es un ataque personal investido de autoridad académica. Es destacable que en la rama del desarrollo de la lingüística hay una ausencia importante, que deseo no mencionar mencionar, pero que hace eco a la tésis de la desaparición del intelectual cuando se entrega al terreno de la gestión. A continuación, intento la transcripción, haciendo otra vez mención a que puede verse enturbiada por el sesgo, que es aproximado, fiel o descaradamente contrario:
“Respuesta: todas las partes de esta pregunta están vinculadas. La pregunta sobre la arbitrariedad del signo, la pregunta sobre la naturaleza contradictoria del diccionario y la cuestión sobre la intención manipuladora del modo de ocurrencia de las citas están vinculadas. No quiero desgastarme en marasmos políticos pero sí quiero ser claro en afirmar que yo no deseo conducir a nadie a ningún lado. Espero que la expresión pueda entenderse –como es mi deseo- de manera coloquial y más allá de un análisis practicado desde la perspectiva semiótica, semiológica, lógica, lingüística, matemática o zoo-semiótica. Si se entiende solo desde una perspectiva lógica, la frase “yo no quiero conducir a nadie a ningún lado” podría ser reemplazada por “yo quiero conducir a nadie a ningún lado” o “yo quiero conducir a nadie a algún lado” o “yo no quiero conducir a nadie a algún lado”. De manera que para entender la frase se requiere de la intervención de un sobrentendido coloquial que algunos, sin precisar, han decidido denominar “el contexto”.
Sobre el tema de escanear y exhibir a través de un video beam las citas escaneadas, mostrando la imagen sin filtro de las páginas, con los subrayados y los comentarios del lector, hay que decir que no dista mucho de la acción de corte y pega, o del proceso de extracción aséptico de traslación del texto impreso al texto en pantalla a través de la acción de pulsar un teclado. El sólo hecho de citar es desde su comienzo un acto no desprovisto de intención, es un acto no desinteresado. Pero sin duda, algo sucede cuando la cita modifica su soporte o canal esperado de aparición –y retomo aquí la presencia de lo estadístico-, modifica su canal estadístico y en cambio de suceder como un texto neutro, una sucesión de cadenas de letras permutadas sobre la pantalla apolítica del programa de procesador de textos güord, sucede como una imagen jotapegé que nos remite a su origen, cargada con otras sugerencias que no se encuentran en la forma aséptica, pues la imagen escaneada no sólo nos presenta las palabras que componen la cita, sino que nos dice que existe un libro de dónde esa cita fue extraída, que además, esa página fue leída, subrayada y comentada, que evidencia un grado de interés en el lector, que resulta ser también el conferencista, y que para hacerla aparecer en pantalla mediaron una serie de instrumentos de mayor o menor tecnología, a los que atribuimos una condición mayor o menor de mecanicidad.”
En este punto, podemos ver que existe una diferencia en la saturación de la tinta aplicada en el cuaderno de notas; podemos inferir que en este punto tuvo lugar algún tipo de pausa, de interrupción del trabajo, la escritura de otro texto, tal vez. Al cabo de un tiempo, presumiblemente X, se reanuda el proceso de acopio de cadenas de letras permutadas, o palabras. Ahora intenta la mirada de lo arbitrario en relación con el diccionario. Parece ser que la intención es definir lo que significa arbitrario en una relación de dos elementos.
“Respuesta: supongamos que tenemos un modelo en donde existen dos conjuntos: el conjunto de todos los significantes y el conjunto de todos los significados. Tomemos como caso de ese modelo un diccionario comprado en una librería al que vamos a llamar de ahora en adelante diccionario canónico y organicemos un listado en dos columnas: en la columna izquierda, por orden alfabético, aparecerán todas las palabras u ocurrencias incluidas en el diccionario canónico y en la columna derecha todas las definiciones provistas por el diccionario canónico. La letra “a” sirve como un ejemplo para definir una ocurrencia. Para entender a qué se alude con lo canónico y su relación con lo arbitrario observemos que este diagrama permite un gran número de variaciones. Llamaremos variante o correspondencia libre a toda correspondencia horizontal entre palabras y definiciones distinta a la lista de correspondencias propuesta por el diccionario canónico, o lista de correspondencias canónicas.
Variante libre # 1: Dejando fija la columna izquierda podemos desplazar la columna derecha una posición hacia abajo, y después situar la definición de la última palabra en el diccionario canónico haciéndola coincidir directamente en relación horizontal con la primera palabra u ocurrencia del diccionario canónico (la letra “a”). Comparemos la versión canónica y la versión libre número uno. En esta variante, de acuerdo a mi diccionario canónico (que tengo en este momento sobre el escritorio y que voy a citar estrictamente para hacer posible la fiel reproducción de este ejercicio[1]) obtendría las siguientes correspondencias:
Correspondencia canónica:
a. f. Primera letra del abecedario español. Corresponde a la vocal más perceptible del sistema (... y sigue la definición canónica)
Correspondencia libre # 1:
a. (De suzón.) m. hierba cana.
Donde m., es una abreviación para denotar sustantivo masculino.
Ejemplo:
La cadena “Arte y Ley” se leería así: “Artefacto y Leyenda”
Tenemos la posibilidad de otras variantes libres. Por ejemplo: dejar la columna de palabras o apariciones en su orden alfabético, pero invertir la columna de las definiciones. La definición de la última ocurrencia coincidiría con la primera ocurrencia, y la definición de la primera ocurrencia coincidiría con la última ocurrencia. Esto daría lugar a una variante libre # 2, o a un espejo de la forma canónica.
Existe otra forma de obtener variantes libres y eventualmente, de obtenerlas todas. Basta con seguir el siguiente procedimiento: en el lado izquierdo dejamos fijas las palabras u ocurrencias del diccionario canónico según el orden alfabético. Escribimos las definiciones en recortes de papel: habrá tantos recortes como definiciones en el diccionario. Volcamos los recortes en una bolsa negra y vamos extrayendo “al azar” una a una las definiciones del colocándolas frente a las palabras o apariciones situadas en la columna izquierda, que según convinimos, están en un orden alfabético. Repetido el proceso de agotar todas las definiciones un número suficiente de veces, pueden obtenerse todas las variantes libres del diccionario y entre todas las variantes la lista de correspondencias que hemos convenido en llamar canónica. Entonces el nombre de diccionario canónico hace alusión a que es una forma específica de correspondencias entre las palabras u ocurrencias y sus significados, entre muchas otras formas posibles de correspondencias. Es decir, la forma de correspondencia canónica es única y las formas de correspondencia libres son técnicamente infinitas, es un número descomunalmente grande no presentable hasta ahora por ninguna PC casera. La condición de la arbitrariedad vendría a reemplazar una explicación de relación necesaria entre todas las posibles formas de asociaciones entre ocurrencias y definiciones. Es decir, arbitrario se opone a necesario. Hemos convenido en adoptar una única lista entre un número técnicamente infinito de opciones sin otra motivación aparente que la del simple azar: esa presencia del azar que surge para explicar la aceptación de un listado canónico es la que nos sugiere lo arbitrario. La elección de un diccionario específico entre todos los posibles es tan improbable como el orden específico del universo; es una probabilidad remotamente baja que nos sorprende en su aparición, en su concreción.
Este es un caso un tanto mas complejo que el de la criptografía que resulta de permutar las letras del alfabeto según una norma secreta específica, y puede dar pie a otros casos mas complejos aún, como pueden ser el de las permutaciones en un listado de todas las cadenas posibles de dos palabras, tres palabras, cuatro palabras... Puede intuirse que la complejidad crece tan aceleradamente que probablemente escape a toda forma de predicción o sistematización tecnológica en cualquier hardware diseñado hasta el momento por el ser humano. La arbitrariedad parece sugerir que toda forma de asociación entre dos términos es igualmente improbable y arbitraria como el resultado de un “golpe de dados”.
La sospecha que introduce la cita escaneada se logra por la verificación de una perturbación en el significado ocasionada por la intervención de un significante de baja ocurrencia estadística. Se puede refutar el argumento de autoridad implícito en la pregunta señalando que la afirmación “la relación es arbitraria” parecería ser en sí misma arbitraria lo que equivaldría a decir que ninguna de las dos posiciones –la arbitrariedad o la necesidad- parece tener demostración plena; otra cuestión es si alguna de las dos reclama la legitimidad por vía de las herramientas de la demostración.
Vemos que la relación de significado y significante es una relación de apareamiento en donde la condición de ser “arbitraria” parecería sugerir que ese apareamiento podría hacerse de cualquier forma posible. La condición de lo “arbitrario” puede explicarse también por el desconocimiento de cómo surgió el sistema del lenguaje y de cómo surgieron las asociaciones entre palabras y significados. Tenemos el caso del diccionario como un listado aparentemente azaroso de asociaciones entre palabras y significados. Lo que este texto quiere sugerir es que la tesis de lo arbitrario por intervención del azar no es mas válida que la tésis de una asociación necesaria. Lo que sucedería en el caso de la asociación neceseria es que, contrario a un litado extenso de todos los casos, podríamos llegar a señalar una norma o función que vincula de manera necesaria e inequivoca cada una de las palabras con su significado. Una función que una vez enunciada aclara todos los casos posibles, y que no requiere del listado de todas las palabras y todas las definiciones. En tanto no se demuestre la no existencia de una forma tal de asociación, la afirmación de que la asociación es arbitraria seguirá siendo ella misma una afirmación arbitraria.
En resumen: en lugar de la condición “arbitraria” se propone la condición “predecible”. El apareamiento es arbitrario si no existe una función no extensiva que determine el vínculo entre el significante y el significado. El apareamiento es necesario si existe una función no extensiva que determine el vínculo entre el significante y el significado. La relación entre significado y significante es necesaria si la función es no extensiva y es arbitraria si la función es extensiva. Es necesaria si es predecible y es arbitraria si es impredecible. Se entiende por definición de función extensiva una función que sólo puede definirse a través del listado de todos los casos de pares ordenados, o asociaciones, que le pertenecen.
La aproximación que se adscribe a la relación de naturaleza no arbitraria propone una revolución: las motivaciones sociales y psicológicas en la educación estadística nos proponen la relación arbitraria como un hecho incontrovertible; en la condición necesaria no predecible hay dos dimensiones separadas la una de la otra, sino una sola dimensión y ua regla de asociación: determinado plenamente el significante aparecerá como consecuencia necesaria el significado; determinado el significado, aparecerá como consecuencia necesaria por aplicación inversa de la regla de asociación, el significante. La revolución de lo no arbitrario sería la abolición de dos universos paralelos conectados a través de formas misteriosas de asociación.”
Seguimos con las siguientes notas del diario de Batelli:
“En este punto, el agotamiento interrumpe la escritura del texto. El agotamiento y una discusión familiar. En verdad, la discusión es la que introduce el agotamiento; mejor, lo complementa, dado que el hecho de escribir bajo el marco de un propósito específico puede tornar la escritura en un tedioso ejercicio parecido a un “esfuerzo profesional”. Me retiré de la universidad sin terminar la carrera y cada vez que regreso atravieza mi espalda un charco de sudor, como un escupitajo trapacero de autoridad incontrovertible. Venía de visitar a un amigo en el Departamento de... llegué a la casa a descansar y me propuse entregar la cámara de video a mi madrastra, que gentilmente me la había prestado para adelantar la filmación de un suceso. Al llegar a su apartamento me preguntó por el estado de la obra, que para ella significa, adelantar objetos, transformar los materiales, hacer cosas. La cantidad de cosas que un artista pueda producir será la medida de su valor. Una vez más rompí la promesa de no discutir ideas íntimas con la madrastra, e incurrí en el error de mencionar la obra sin objeto, la obra como suceso puro: entonces me dí cuenta que en su visión del arte, como en la de muchas personas de izquierda que han acumulado capitales, no existía como caso posible el arte sin objeto. La izquierda es la izquierda pero el arte es un objeto. El arte sin objeto era un acción comunicativa, una escena de teatro sin escenario, cualquier cosa, excepto “arte”. Terminé por señalarle que los procesos ocurrían aunque no quisiéramos nombrarlos, y que era inútil calificar el estatuto “obrático” del procesosuceso. No pude recuperar siquiera a medias mi estado de concentración durante las siguientes dos semanas.”
Objeción del asitente # 1: bien, pero Usted no se ha referido específicamente a la arbitrariedad Saussiriana. El diccionario es un significante de significantes.
Pregunta del asistente # 1: ¿Puede Usted hablarnos de la relación triádica del signo en Charles Sanders Peirce? Se me ocurre en este instante que tal definición podría serle de utilidad para explicar eso que Usted llamó, la condición paradójica del diccionario. Mi profesor de trancisión comparaba la definición de signo de Peirce con la definición de semejanza de los triángulos, era el profesor de “Trancisión Bambi”.
En efecto en la definición de Charles Sanders Peirce, hay tres términos y tres relaciones. Usted está muy bien informado. Lo felicito. Cito la definición: “Un signo, o Representamen, es un Primero que mantiene con un Segundo, llamado su Objeto, tan verdadera relación triádica, que es capaz de determinar un Tercero, llamado su Interpretante, para que éste asuma la misma relación triádica con respecto al llamado Objeto que la existente entre el Signo y el Objeto”. Intentemos un parafraseo simplificatorio. El signo aparece en una relación de tres elementos: A, B y C. A es un signo cuando A mantiene con B una relación que obliga a que surja un C que mantiene con B una relación similar a la que A mantiene con B. En palabras de Peirce, los tres elementos son: Signo, Objeto e Interpretante. Las tres relaciones son: la existente entre A y B, la existente entre C y B y la última y más importante, la de semejanza entre estas últimas dos relaciones. Tomemos ahora una palabra y su definición. Si la palabra es un signo, podemos proponer su definición como su objeto. A su vez, este objeto está compuesto de palabras que van a invocar la aparición de sucesivas definiciones, es decir, abren un abanico de relaciones similares a la relación original. En este caso tendríamos que partiendo de un signo (una palabra) tendríamos un objeto (su definición) y luego una lista de interpretantes (las palabras que aparecen en la definición) que tendrían con el objeto la misma relación que el objeto con el signo. Estamos inclinados a plantear que obedece a la definición de Peirce en donde el interpretante es a su vez un signo. Objeción. Hay dificultades.
Las aproximaciones al signo se hacen mas interesantes si consideramos a un individuo como el significante, o el objeto, en una relación necesaria entre dos términos o en una relación necesaria triádica. El mundo de las ideas y el mundo del cuerpo físico se unifican.
[1] Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Vigésima primera edición, Madrid, 1992.
Posdata: este texto es un boceto en proceso y puede variar sin previo aviso. Leálo por su propia cuenta y riesgo. Es una introducción a un texto más largo que está en preparación para las memorias del seminario "Arte y Ley", U. Andes, abril de 2005.
-boceto para la construcción y exhibición de un signo puramente sensible-
-Pablo Batelli Gómez, Bogotá, marzo 22 de 2006-
UNO: COMPLEMENTO
Complemento al Boceto de la charla sucedida bajo el marco de la convocatoria Arte y Ley, “Martín Cheap Cheapness o el Ocio”, Universidad de los Andes, abril 13 de 2005, que contiene dos digresiones previas y una breve sesión de preguntas figurada basada en preguntas reales.
Breve digresión # 1: “ubicación del silencio”
Haciendo la mayor concesión a las más bajas orientaciones paranoides no basta con una sino que se vuelve indispensable la presencia de dos brújulas sobre el escritorio. La primera señala la orientación y la segunda verifica la exactitud de la primera. Situadas cada una al lado izquierdo y derecho del teclado pronto exhiben la primera anomalía: las agujas de las dos brújulas, que deberían ser paralelas, apuntan en dirección convergente. Compruebo la eficacia de este mecanismo redundante de ubicación del silencio y decido colocarlas lejos del sistema magnético del ordenador, prudentemente separadas la una de la otra. No tengo intención de verificar lo que sucedería si las dos brújulas se encuentran suficientemente próximas. Si las dos brújulas se encuentran en posición tal que el centro de la segunda se encuentra sobre la línea este oeste que cruza por el centro de la primera brújula, mi conjetura se inclina a plantear que las agujas de las brújulas se mantendrán siempre paralelas no importa su proximidad. Igual cosa parece que sucedería si las brújulas se colocan una detrás de la otra, con sus centros sobre la línea norte sur.
Exactamente en dirección sur un colegio hace tronar sus megáfonos pedagógicos. Las directivas consideran saludable ayudar a los estudiantes a liberar sus energías con un corrientazo de reguetón y música de chiquiteca del underground anfetamínicosexual bogotano, con simulacro de bebidas alcohólicas incluido; acaso esta sea la única parte de su educación que verdaderamente les muestra cómo es el mundo exterior. A los 220 grados SW una compañía de recursivos ingenieros adelanta el proceso de añadir tres pisos a una lasaña de concreto semiabandonada. El taladro activado por la fuerza descomunal del compresor ha terminado de barrenar las paredes innecesarias y ha dejado al descubierto la debilidad de la estructura que debe soportar la carga de toneladas y toneladas adicionales. A los 320 grados NW una pulidora ataca un montón de ladrillos para reducirlos a mitades. Desde los 55 hasta los 225 grados los automóviles se apeñuscan ante el semáforo invadiendo de gas tóxico y bocinazos el entorno. Si cierro la ventana evito la entrada del monóxido, pero me asfixio al respirar por tiempo eterno mi propio CO2. En estas condiciones típicamente citadinas me preparo a retomar el boceto de la charla de arte y ley que tuvo lugar hace casi un año exacto en la Universidad de los Andes.
Breve Digresión # 2: “ajedrez jugado dos veces”
Retomar el boceto es como jugar una partida de ajedrez que ya se jugó. A primera vista, no hay gracia alguna en este ejercicio. Sólo que, a la manera de Pierre Menard, estamos llegando a la misma partida por un proceso de reconstrucción del proceso original, y no por una mera copia mecánica de las jugadas, o transcripción, aunque en definitiva la lista de jugadas de cada una de las dos partidas resulte idéntica y tenga todos los síntomas de ser una transcripción. Algunos atribuyen sin asomo de duda la autoría de “Pierre Menard, autor del Quijote” a Jorge Luis Borges, sin embargo, hay que destacar que la narración aparece localizada en Nîmes, lo que abre la puerta para la observación siguiente: si pudiéramos comprobar que Borges nunca estuvo en Nîmes llegaríamos a la conclusión de que Borges no es el autor de “Pierre Menard, autor del Quijote”. ¿Acaso transcribió Borges una historia escrita por Pierre Menard? Sin duda transcribió a Menard, al menos en un breve pasaje. Si así fuera, nos enfrentaríamos a un descalabro en la lucha por los derechos de autor entre los herederos de Borges, de Menard y las editoriales. Se rumora que existe un tercer copista, una especie de clon de Bartleby, un segundo “Menard” que alega haber transcrito a “Pierre Menard, autor del Quijote”, o a Pierre Menard el autor de Nîmes, y que se atribuye la autoría del relato. En definitiva, si nos permitimos esa libertad de acomodar los hechos, que podríamos llamar “interpretación ordinaria”, podemos leer entre líneas que la conjetura borgiana establece que de la más mínima afectación del entorno se deriva una afectación sustancial de la “obra”. La obra de arte es una ecuación o tejido de relaciones fuertemente sensible a las condiciones iniciales: es el objeto y todas sus relaciones, incluso en el nivel en el que las relaciones aparecen como “objeto” de nuevas relaciones. A partir de este segundo nivel, la obra ya no es más un objeto, y probablemente, no sea siquiera una obra.
Reconstrucción de una sesión de preguntas: Cheapness transcribe a Batelli, un año después
“Lanzado a reconstruir el proceso, mi primera desilusión es la pérdida del manifiesto anarquista que había comprado, para efectos de documentar de forma ilustrada e irrefutablemente erudita la conferencia, en el stand de descuentos del segundo piso de la Panamericana. En verdad, creo que estando frente a un jarro de cerveza, lo regalé por considerarlo un objeto inútil.” (cuaderno de notas de Batelli).
Quiero establecer una convención en el texto: digresiones # 1, # 2 y reconstrucción de una sesión de preguntas recibirá el nombre de Complemento y la charla que tuvo lugar bajo el marco de la convocatoria “Arte y Ley” el 13 de abril de 2005 (“Martín Cheap Cheapness o el Ocio”) recibirá el nombre de Boceto. La conjunción de los dos textos se llamará: “Artefato y Leyenda”.
Demos el primer paso en el proceso de reconstrucción de la sesión de preguntas que tuvo lugar después de la lectura pública del boceto. Transcribo la pregunta que realizó uno de los asistentes a la conferencia bajo la advertencia de que la versión transcrita no obedece a las leyes de inefabilidad científica –por cierto siempre transitorias- y puede diferir en poco, mucho o ser exactamente opuesta a la versión original, ya sea a causa de una imposibilidad técnica o debido al sesgo del transcriptor. Para entender cabalmente esta pregunta hay que aportar datos del contexto: es importante recordar que existen en el mundo tropical lugares plenos de precocidad en los que Saussure es una referencia que se maneja desde muy temprana edad. Se ha demostrado que Saussure es una referencia que una persona de cuarenta años ha escuchado en promedio doscientas veces si tuvo la oportunidad de una educación avanzada: se desconoce el caso para personas sin educación, pero el mismo empadronamiento intelectual lo considera irrelevante.
“Asistente # 1: sabemos que es con Locke cuando surge el término semiótica, aunque es Charles Sanders Peirce quien expande el universo de los objetos semióticos al introducir la relación triádica del signo; sabemos también que la semiología nace gracias a la acción de Ferdinand de Saussure” ... (Cheapness interrumpe la transcripción: siempre recuerdo este nombre porque me remite fonéticamente al término inglés so sure, aunque su fonética local sugiere con mayor exactitud la escritura Socír) ... “quien dice: “la lengua es un sistema de signos que expresan ideas y, por lo tanto, comparable a la escritura, al alfabeto de los sordomudos, los ritos simbólicos”, eh ... “Es posible concebir así una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social” eh y ¿cómo?, ah ¡si! ... “La llamaremos semiología (del griego semeion, `signo´)”. La tercera fuente semiótica, excluyendo a Locke porque podemos afirmar que pertenece más al campo de la teoría general del lenguaje, sería Ernst Cassirer, al que no me voy a referir en profundidad, solo voy a mencionar. Los desarrollos posteriores de la semiótica incluyen la lógica, con Fregge, y cruzan por Carnap y el mismo Russell, y claro ¡no hay que olvidar a Charles Morris! que introduce las categorías designado y denotado. Lamentablemente el trabajo de Buyssens sobre las categorías de Saussure ha caído en el olvido víctima de los bajos intereses políticos que lo describen como de funcionalista. Quiero citar también las contribuciones de Sapir, Trubetzkoy, Jakobson, Hjelmslev, Benveniste, Mukarovsky, Langer, Lévi-Strauss, Barthes y Greimás y perdonen si no cito a las celebridades nacionales por considerarlo innecesario debido a su claro y reconocido valor. Le pido entonces una respuesta consistente con estos desarrollos: ¿Cree Usted, como lo plantea Saussure, que el signo es arbitrario? Se lo pregunto porque no estoy de acuerdo con la afirmación que Usted realizó, según la cual el diccionario es contradictorio. Otro asunto que considero del mayor interés son las citas de ese manifiesto anarquista. Voy a lo siguiente: Usted presentó unas citas del manifiesto, pero las presentó de una manera inusual, que genera sospecha, pues lo que hizo fue proyectar a través de un video beam la imagen escaneada de la parte del texto que Usted quería citar. Me parece que es conductista porque, además, en esa imagen aparecen sus propios subrayados.”
Hasta aquí la intervención del asistente #1. Batelli, unos meses después, intenta en su diario de notas una respuesta. Su proceso es analítico, y posee dos de las más acentuadas limitaciones del análisis: el límite a la capacidad de cálculo y los límites del método de análisis. Comienza por considerar la cuestión de la intención conductista, tratando de refutar lo que ha creído que es un ataque personal investido de autoridad académica. Es destacable que en la rama del desarrollo de la lingüística hay una ausencia importante, que deseo no mencionar mencionar, pero que hace eco a la tésis de la desaparición del intelectual cuando se entrega al terreno de la gestión. A continuación, intento la transcripción, haciendo otra vez mención a que puede verse enturbiada por el sesgo, que es aproximado, fiel o descaradamente contrario:
“Respuesta: todas las partes de esta pregunta están vinculadas. La pregunta sobre la arbitrariedad del signo, la pregunta sobre la naturaleza contradictoria del diccionario y la cuestión sobre la intención manipuladora del modo de ocurrencia de las citas están vinculadas. No quiero desgastarme en marasmos políticos pero sí quiero ser claro en afirmar que yo no deseo conducir a nadie a ningún lado. Espero que la expresión pueda entenderse –como es mi deseo- de manera coloquial y más allá de un análisis practicado desde la perspectiva semiótica, semiológica, lógica, lingüística, matemática o zoo-semiótica. Si se entiende solo desde una perspectiva lógica, la frase “yo no quiero conducir a nadie a ningún lado” podría ser reemplazada por “yo quiero conducir a nadie a ningún lado” o “yo quiero conducir a nadie a algún lado” o “yo no quiero conducir a nadie a algún lado”. De manera que para entender la frase se requiere de la intervención de un sobrentendido coloquial que algunos, sin precisar, han decidido denominar “el contexto”.
Sobre el tema de escanear y exhibir a través de un video beam las citas escaneadas, mostrando la imagen sin filtro de las páginas, con los subrayados y los comentarios del lector, hay que decir que no dista mucho de la acción de corte y pega, o del proceso de extracción aséptico de traslación del texto impreso al texto en pantalla a través de la acción de pulsar un teclado. El sólo hecho de citar es desde su comienzo un acto no desprovisto de intención, es un acto no desinteresado. Pero sin duda, algo sucede cuando la cita modifica su soporte o canal esperado de aparición –y retomo aquí la presencia de lo estadístico-, modifica su canal estadístico y en cambio de suceder como un texto neutro, una sucesión de cadenas de letras permutadas sobre la pantalla apolítica del programa de procesador de textos güord, sucede como una imagen jotapegé que nos remite a su origen, cargada con otras sugerencias que no se encuentran en la forma aséptica, pues la imagen escaneada no sólo nos presenta las palabras que componen la cita, sino que nos dice que existe un libro de dónde esa cita fue extraída, que además, esa página fue leída, subrayada y comentada, que evidencia un grado de interés en el lector, que resulta ser también el conferencista, y que para hacerla aparecer en pantalla mediaron una serie de instrumentos de mayor o menor tecnología, a los que atribuimos una condición mayor o menor de mecanicidad.”
En este punto, podemos ver que existe una diferencia en la saturación de la tinta aplicada en el cuaderno de notas; podemos inferir que en este punto tuvo lugar algún tipo de pausa, de interrupción del trabajo, la escritura de otro texto, tal vez. Al cabo de un tiempo, presumiblemente X, se reanuda el proceso de acopio de cadenas de letras permutadas, o palabras. Ahora intenta la mirada de lo arbitrario en relación con el diccionario. Parece ser que la intención es definir lo que significa arbitrario en una relación de dos elementos.
“Respuesta: supongamos que tenemos un modelo en donde existen dos conjuntos: el conjunto de todos los significantes y el conjunto de todos los significados. Tomemos como caso de ese modelo un diccionario comprado en una librería al que vamos a llamar de ahora en adelante diccionario canónico y organicemos un listado en dos columnas: en la columna izquierda, por orden alfabético, aparecerán todas las palabras u ocurrencias incluidas en el diccionario canónico y en la columna derecha todas las definiciones provistas por el diccionario canónico. La letra “a” sirve como un ejemplo para definir una ocurrencia. Para entender a qué se alude con lo canónico y su relación con lo arbitrario observemos que este diagrama permite un gran número de variaciones. Llamaremos variante o correspondencia libre a toda correspondencia horizontal entre palabras y definiciones distinta a la lista de correspondencias propuesta por el diccionario canónico, o lista de correspondencias canónicas.
Variante libre # 1: Dejando fija la columna izquierda podemos desplazar la columna derecha una posición hacia abajo, y después situar la definición de la última palabra en el diccionario canónico haciéndola coincidir directamente en relación horizontal con la primera palabra u ocurrencia del diccionario canónico (la letra “a”). Comparemos la versión canónica y la versión libre número uno. En esta variante, de acuerdo a mi diccionario canónico (que tengo en este momento sobre el escritorio y que voy a citar estrictamente para hacer posible la fiel reproducción de este ejercicio[1]) obtendría las siguientes correspondencias:
Correspondencia canónica:
a. f. Primera letra del abecedario español. Corresponde a la vocal más perceptible del sistema (... y sigue la definición canónica)
Correspondencia libre # 1:
a. (De suzón.) m. hierba cana.
Donde m., es una abreviación para denotar sustantivo masculino.
Ejemplo:
La cadena “Arte y Ley” se leería así: “Artefacto y Leyenda”
Tenemos la posibilidad de otras variantes libres. Por ejemplo: dejar la columna de palabras o apariciones en su orden alfabético, pero invertir la columna de las definiciones. La definición de la última ocurrencia coincidiría con la primera ocurrencia, y la definición de la primera ocurrencia coincidiría con la última ocurrencia. Esto daría lugar a una variante libre # 2, o a un espejo de la forma canónica.
Existe otra forma de obtener variantes libres y eventualmente, de obtenerlas todas. Basta con seguir el siguiente procedimiento: en el lado izquierdo dejamos fijas las palabras u ocurrencias del diccionario canónico según el orden alfabético. Escribimos las definiciones en recortes de papel: habrá tantos recortes como definiciones en el diccionario. Volcamos los recortes en una bolsa negra y vamos extrayendo “al azar” una a una las definiciones del colocándolas frente a las palabras o apariciones situadas en la columna izquierda, que según convinimos, están en un orden alfabético. Repetido el proceso de agotar todas las definiciones un número suficiente de veces, pueden obtenerse todas las variantes libres del diccionario y entre todas las variantes la lista de correspondencias que hemos convenido en llamar canónica. Entonces el nombre de diccionario canónico hace alusión a que es una forma específica de correspondencias entre las palabras u ocurrencias y sus significados, entre muchas otras formas posibles de correspondencias. Es decir, la forma de correspondencia canónica es única y las formas de correspondencia libres son técnicamente infinitas, es un número descomunalmente grande no presentable hasta ahora por ninguna PC casera. La condición de la arbitrariedad vendría a reemplazar una explicación de relación necesaria entre todas las posibles formas de asociaciones entre ocurrencias y definiciones. Es decir, arbitrario se opone a necesario. Hemos convenido en adoptar una única lista entre un número técnicamente infinito de opciones sin otra motivación aparente que la del simple azar: esa presencia del azar que surge para explicar la aceptación de un listado canónico es la que nos sugiere lo arbitrario. La elección de un diccionario específico entre todos los posibles es tan improbable como el orden específico del universo; es una probabilidad remotamente baja que nos sorprende en su aparición, en su concreción.
Este es un caso un tanto mas complejo que el de la criptografía que resulta de permutar las letras del alfabeto según una norma secreta específica, y puede dar pie a otros casos mas complejos aún, como pueden ser el de las permutaciones en un listado de todas las cadenas posibles de dos palabras, tres palabras, cuatro palabras... Puede intuirse que la complejidad crece tan aceleradamente que probablemente escape a toda forma de predicción o sistematización tecnológica en cualquier hardware diseñado hasta el momento por el ser humano. La arbitrariedad parece sugerir que toda forma de asociación entre dos términos es igualmente improbable y arbitraria como el resultado de un “golpe de dados”.
La sospecha que introduce la cita escaneada se logra por la verificación de una perturbación en el significado ocasionada por la intervención de un significante de baja ocurrencia estadística. Se puede refutar el argumento de autoridad implícito en la pregunta señalando que la afirmación “la relación es arbitraria” parecería ser en sí misma arbitraria lo que equivaldría a decir que ninguna de las dos posiciones –la arbitrariedad o la necesidad- parece tener demostración plena; otra cuestión es si alguna de las dos reclama la legitimidad por vía de las herramientas de la demostración.
Vemos que la relación de significado y significante es una relación de apareamiento en donde la condición de ser “arbitraria” parecería sugerir que ese apareamiento podría hacerse de cualquier forma posible. La condición de lo “arbitrario” puede explicarse también por el desconocimiento de cómo surgió el sistema del lenguaje y de cómo surgieron las asociaciones entre palabras y significados. Tenemos el caso del diccionario como un listado aparentemente azaroso de asociaciones entre palabras y significados. Lo que este texto quiere sugerir es que la tesis de lo arbitrario por intervención del azar no es mas válida que la tésis de una asociación necesaria. Lo que sucedería en el caso de la asociación neceseria es que, contrario a un litado extenso de todos los casos, podríamos llegar a señalar una norma o función que vincula de manera necesaria e inequivoca cada una de las palabras con su significado. Una función que una vez enunciada aclara todos los casos posibles, y que no requiere del listado de todas las palabras y todas las definiciones. En tanto no se demuestre la no existencia de una forma tal de asociación, la afirmación de que la asociación es arbitraria seguirá siendo ella misma una afirmación arbitraria.
En resumen: en lugar de la condición “arbitraria” se propone la condición “predecible”. El apareamiento es arbitrario si no existe una función no extensiva que determine el vínculo entre el significante y el significado. El apareamiento es necesario si existe una función no extensiva que determine el vínculo entre el significante y el significado. La relación entre significado y significante es necesaria si la función es no extensiva y es arbitraria si la función es extensiva. Es necesaria si es predecible y es arbitraria si es impredecible. Se entiende por definición de función extensiva una función que sólo puede definirse a través del listado de todos los casos de pares ordenados, o asociaciones, que le pertenecen.
La aproximación que se adscribe a la relación de naturaleza no arbitraria propone una revolución: las motivaciones sociales y psicológicas en la educación estadística nos proponen la relación arbitraria como un hecho incontrovertible; en la condición necesaria no predecible hay dos dimensiones separadas la una de la otra, sino una sola dimensión y ua regla de asociación: determinado plenamente el significante aparecerá como consecuencia necesaria el significado; determinado el significado, aparecerá como consecuencia necesaria por aplicación inversa de la regla de asociación, el significante. La revolución de lo no arbitrario sería la abolición de dos universos paralelos conectados a través de formas misteriosas de asociación.”
Seguimos con las siguientes notas del diario de Batelli:
“En este punto, el agotamiento interrumpe la escritura del texto. El agotamiento y una discusión familiar. En verdad, la discusión es la que introduce el agotamiento; mejor, lo complementa, dado que el hecho de escribir bajo el marco de un propósito específico puede tornar la escritura en un tedioso ejercicio parecido a un “esfuerzo profesional”. Me retiré de la universidad sin terminar la carrera y cada vez que regreso atravieza mi espalda un charco de sudor, como un escupitajo trapacero de autoridad incontrovertible. Venía de visitar a un amigo en el Departamento de... llegué a la casa a descansar y me propuse entregar la cámara de video a mi madrastra, que gentilmente me la había prestado para adelantar la filmación de un suceso. Al llegar a su apartamento me preguntó por el estado de la obra, que para ella significa, adelantar objetos, transformar los materiales, hacer cosas. La cantidad de cosas que un artista pueda producir será la medida de su valor. Una vez más rompí la promesa de no discutir ideas íntimas con la madrastra, e incurrí en el error de mencionar la obra sin objeto, la obra como suceso puro: entonces me dí cuenta que en su visión del arte, como en la de muchas personas de izquierda que han acumulado capitales, no existía como caso posible el arte sin objeto. La izquierda es la izquierda pero el arte es un objeto. El arte sin objeto era un acción comunicativa, una escena de teatro sin escenario, cualquier cosa, excepto “arte”. Terminé por señalarle que los procesos ocurrían aunque no quisiéramos nombrarlos, y que era inútil calificar el estatuto “obrático” del procesosuceso. No pude recuperar siquiera a medias mi estado de concentración durante las siguientes dos semanas.”
Objeción del asitente # 1: bien, pero Usted no se ha referido específicamente a la arbitrariedad Saussiriana. El diccionario es un significante de significantes.
Pregunta del asistente # 1: ¿Puede Usted hablarnos de la relación triádica del signo en Charles Sanders Peirce? Se me ocurre en este instante que tal definición podría serle de utilidad para explicar eso que Usted llamó, la condición paradójica del diccionario. Mi profesor de trancisión comparaba la definición de signo de Peirce con la definición de semejanza de los triángulos, era el profesor de “Trancisión Bambi”.
En efecto en la definición de Charles Sanders Peirce, hay tres términos y tres relaciones. Usted está muy bien informado. Lo felicito. Cito la definición: “Un signo, o Representamen, es un Primero que mantiene con un Segundo, llamado su Objeto, tan verdadera relación triádica, que es capaz de determinar un Tercero, llamado su Interpretante, para que éste asuma la misma relación triádica con respecto al llamado Objeto que la existente entre el Signo y el Objeto”. Intentemos un parafraseo simplificatorio. El signo aparece en una relación de tres elementos: A, B y C. A es un signo cuando A mantiene con B una relación que obliga a que surja un C que mantiene con B una relación similar a la que A mantiene con B. En palabras de Peirce, los tres elementos son: Signo, Objeto e Interpretante. Las tres relaciones son: la existente entre A y B, la existente entre C y B y la última y más importante, la de semejanza entre estas últimas dos relaciones. Tomemos ahora una palabra y su definición. Si la palabra es un signo, podemos proponer su definición como su objeto. A su vez, este objeto está compuesto de palabras que van a invocar la aparición de sucesivas definiciones, es decir, abren un abanico de relaciones similares a la relación original. En este caso tendríamos que partiendo de un signo (una palabra) tendríamos un objeto (su definición) y luego una lista de interpretantes (las palabras que aparecen en la definición) que tendrían con el objeto la misma relación que el objeto con el signo. Estamos inclinados a plantear que obedece a la definición de Peirce en donde el interpretante es a su vez un signo. Objeción. Hay dificultades.
Las aproximaciones al signo se hacen mas interesantes si consideramos a un individuo como el significante, o el objeto, en una relación necesaria entre dos términos o en una relación necesaria triádica. El mundo de las ideas y el mundo del cuerpo físico se unifican.
[1] Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Vigésima primera edición, Madrid, 1992.
Posdata: este texto es un boceto en proceso y puede variar sin previo aviso. Leálo por su propia cuenta y riesgo. Es una introducción a un texto más largo que está en preparación para las memorias del seminario "Arte y Ley", U. Andes, abril de 2005.
<< Home