domingo, marzo 12, 2006

Sospecha: Votante y Junkie Traqueto

Me desperté temprano; con un giro extremo de la esfera ocular ví en el reloj señalada la hora exacta. Pensé que el café había comenzado a hacerme daño; mis ojos tenían sus venitas exaltadas. El café es una droga, como un pase de coca. Mirándome a los ojos nadie pensaría en café, todos pensarían coca. Había pasado a ser un sospechoso de junkie que se dirigía a su puesto de votación.

Directo Germania. Mesas de votación en donde estamos inscritos aquellos presumibles de acciones innobles: delitos callejeros, inconformismo social, amiserablados por propia voluntad, fracasados, opositores del telecé. ¿Quién de los inscritos aquí votaría en la derecha? Así, la policía tiene carta blanca para maltratarnos. En especial si eres mujer y altiva, pues entonces la autoridad te dirá que tu altivez es altanería y que tu dignidad es una afrenta al uniforme.

Ví a tres mujeres llevadas al borde de la provocación por la policía; una orquestación engatillada por el deseo arribista del bachiller por demostrar su capacidad "cafre" y el beneplácito del superior descarrilador. Una de ellas fué obligada a una humillante requisa en público: lo único que portaba era la cédula en su mano. Otra fué correteada hasta la mesa de votación porque no había respondido con plena sumisión a la solicitud de inspección de su mochila, peligrosamente izquierdosa para los oficiales. Otra más, que al momento de acercarse a los puestos no respondió con suficiente amabilidad a la "forrestgumpiana" y supérflua pregunta: "¿para dónde va?" -"¿pues adónde ha de ser?. A votar."

A mi, en cambio, como si compartieran el idiosincrático respeto reverencial que se le tiene al traqueto y al adicto descarado de la cocaína en Colombia, me dejaron pasar en calma, sin hacerme preguntas; mientras votaba en ese tarjetón anonimizado hasta el borde de "censura por abstracción" pensaba en que hemos llegado al lugar en donde el voto del ciudadano común es motivo de sospecha y persecución. El hostigamiento es norma y ya no hay equívocos: la policía le dice al ciudadano lo que la Administración piensa de él. ¿Por qué no habría de hacerlo si los deseos de tiranía solo consienten el voto a favor?