martes, noviembre 09, 2004

Observaciones a las observaciones de los observadores de las observaciones

Me gustaría evadir todo intento de digresión infértil y dedicarme a dibujar sintéticamente los desacuerdos que se asoman entre la constelación de mis opiniones íntimas y las públicas expresadas en las últimas tres o cuatro días por varios observadores que han volcado su mirada hacia el observatorio. Quiero señalar que como lazo de amistad existe el agradecimiento que todo observador tiene hacia el lector de su observación: a pesar de que la síntesis suprema frente a la cual se doblegan las diferencias de identidad es el capital, rara vez su influencia logra asegurar el talento que un lector - observador puede brindar a otro"sospechoso". De manera que ahora vendrán pequeñas síntesis dentro de la digresión. Me gustaría que el lector fuera hospitalario con mi autobiográfica manía de no citar técnicamente las fuentes, dado que me embarga una parálisis irrefutable, irreversible, cuando se trata de verter el texto dentro de los protocolos social - textual (mente) aceptados. Empezaré por reiterar que el problema formal es el problema de toda obra, porque como lo he abocetado irresponsablemente con anterioridad, la forma esla obra. No existe concepto que no sea enriquecido por la intervención de su materia. No puedo ni me siento capaz de precisar mejor este tanteo de tautología, dado que una mayor especificidad me arrastraría a una lista de ejemplos simplificatorios que harían ver toda la cuestión en conjunto como un asunto demasiado "simple". Simplicidad y sencillez han sido para mi siempre los polos opuestos de lo intricado que se expresa por las vías de la mayor precariedad y economía de medios, oponiéndose entre sí según su grado de cercanía a la banalidad. Entonces reitero que el mensajero es el mensaje, lo que supongo quiere decir, en una primera instancia de lectura, que no existe un mensaje que no se vea alterado por aquel que lo "transporta", que lo "traslada", por aquel a quien le ha sido delegada la responsabilidad de su desplazamiento. Un ejemplo sencillo sería indicar cómo a través de internet podemos enviarle a nuestros hijos -si los tenemos- la foto del reloj de nuestro padre, pero no podemos enviarles el reloj. Para hacerles llegar el objeto requerimos de otro mensajero; es requisito -por ahora hasta hacer tangibles los aparatos de la science fiction-, un mensajero que pueda hacer el transporte delreloj. Pero además, cabe la posibilidad de que en este caso, el mensajero sea el tiempo. Suponemos que el color amarillo es amarillo, que el negro es negro y que la tristeza es triste. Lo que intento señalar entonces con esta digresión que no alcanza aún el nudo y la fuerza formal perfecta de la digresión, es que en las observaciones a las observaciones lanzadas desde el observatorio se desconocen las diferencias que podrían existir entre el museo y la red. Una pregunta sencilla: ¿es el 'arrei' de observaciones dispuestas en la página de internet una mera parodia del escenario del museo? Mi conjetura: no son las observaciones las que se encuentran museificadas; en cambio, son las observaciones a las observaciones las que se encuentran museificadas, al adjudicar al 'arrei' de internet la pretensión de erigirse como sustituto del museo. Esta suposición aparece en el observador de la observación, y no en el observador - sospechoso de primera instancia. (Es curioso el parecido entre museificado y deshumidificado, desmuseifíquese y séquese). Frente a las respuestas que se le pueden dar a la pregunta de "¿por qué leer?" he escuchado recientemente dos que me parecieron interesantes; la primera se encuentra directamente relacionada: "leemos para saber por qué leen los demás"; la segunda aborda la cuestión de manera tangencial: "elescritor es alguien que pierde el tiempo por nosotros". No sé por qué aparece este tema en este lugar, pero supongo que se encuentra relacionado con el tema de la relación observación - observación a las observaciones. En resumen sintético: observamos para saber por qué observan los demás. Sospechamos para saber por qué sospechan los demás. Observamos porque tenemos la ingenua creencia de que evitamos a los otros la pérdida de su valioso tiempo. Pero además, sospechar es sospechoso.... Al sospechar nos hacemos objetos de la observación. La digresión podría comenzar en este lugar, al vincular la demostración taxonómica expuesta en la columna de arena ## ... con el acta del salón##... que dice : (cito de memoria y con posible equívoco - como lo haría otro diferente a un investigador): hay que aprovechar los espacios que brinda el estado para modificar al estado. Vinculemos este mensaje y su mensajero con el mensaje y el mensajero de la columna de arena para señalar que se establece una primera y tal vez única pero irreversible diferencia entre el observatorio y otras taxonomías fotográficas: el canal a través del cual fluyen estas observaciones es voluntariamente diferente al canal donde se han instalado las taxonomías. Se instalan en otro sitio; en otro circuitocibernético, social y de contexto: por ende, el resultado formal no puede establecerse desde un mero parecido sensorial. Parecería difícil sostener la tésis de que es posible cambiar un sistema desde dentro de un sistema, porque como dice Mafalda, hay que apresurarse a cambiar el mundo antes de que el mundo lo cambie a uno. De manera que es previsible que de acuerdo aun principio de incertidumbre burocrática, el espacio que abre el estado modifique a quien le usa antes de que quien se sirve del espacio desguarnecido logre modificar al estado. Esos espacios aparentemente desprotegidos son en verdad un lote de engorde para valorización del poder(Apenas Usted pone un pie en Marte está respirando la atmósfera de Marte) En un caso el canal es el estado, en otro caso el museo y en el último caso el flujo atmosférico del internet: el arrei del observatorio. Todos modifican,traducen e imprimen su grado de polución o enriquecimiento (Se me ocurrecitar aquí a Roberto Palacio: "¿Es el imaginario colectivo parte del imaginario colectivo?" De ser así, la recursividad infinita lo convierte en un concepto inabarcable para la escala humana)Para algunos de estos canales es imprescindible la desaparición de la figura del autor, y conseguir de esta manera instaurar lo que Gunter Grass hallamado "la dictadura de lo secundario". Entonces, cuando un artista se expresa a través de un determinado canal, se expresa verdaderamente el canal, y no el artista. Lo que no quiere decir que se debe ceder al culto de la personalidad, pero lo único a lo que tendríamos derecho a no renunciar -renunciamos al bienestar del primer mundo, renunciamos a la fama, a la vanidad, a los odios, a los servicios de salud, a la pretensión de ver humanos comportarse de manera humana, renunciamos al oro de España, a los tesoros arqueológicos de Oxford - es a ser quien somos (the neiim). Aunque voluntariamente quisiéramos hacerlo, resulta extremadamente difícil renunciar a la ilusión de creer que somos el que somos; en un texto anterior señalé que la desaparición del autor debía ser una determinación voluntaria y no una imposición doctrinaria, pero en este momento dudo siquiera que pueda ser una decisión de un individuo porque para lograrlo se requeriría probablemente de la supresión de todo el entorno cultural que habrá de recordarlo en el texto de la memoria colectiva. Este requisito, el desubordinar la individualidad a una causa de mayor envergadura, es el que se le exige a los fieles en todas las religiones, a los miembros de una secta;ya sea que esta subordinación se de por vías doctrinarias o por vías de la seducción (la pantalla gigante, el consumo, el noticiero: culo, masacre, gol) el resultado es el mismo: sintetizar los rasgos variados de una muchedumbre en un genérico simplificado que se vuelve predecible (miedo al aborto, miedo al matrimonio entre personas del mismo sexo). En el caso del arte, para ridiculizar la expresión íntima, se invoca el romanticismo. (En este lugar iba a mostrarse la tésis de las diferentes relaciones entreautor y espectador según Glenn Gould: 1-0, 1-1, 0-1, 0-0, pero prefiero dejarlo pendiente por temor a no encontrar el acetato - fuente y no poder sustentar el comentario) Es claro que el ser humano se mueve entre la tendencia a la construcción y la tendencia a la destrucción. Esta dualidad estará inevitablemente presente en la vida y los textos de personas corrientes y extra corrientes; sinembargo, debemos acercarnos a los textos y a los discursos desde las dos perspectivas: la destrucción y la construcción. A veces es indispensable destruir para abrir paso a nuevas construcciones, pero en este proceso tal vez resulte conveniente mirar hasta qué punto nos hemos abrazado con un sentido autodestructivo a una religión que nos propone sólo la primera parte de una gran revolución: la ira, el deseo de derribar lo establecido y de no dejar "piedra sobre piedra" -el triunfo incuestionado del resentimiento-. Acaso aquello que por nuestras limitaciones de mundo subcultural contemporáneo son las únicas que alcanzamos a abrazar con el formato denuestro mecanismo de entendimiento. Sin embargo, tal vez la cuestión es que ciertas observaciones han empezado aplantear como posibilidad cercana la tésis de Arthur C. Clarke: lahumanidad se acerca al fín de su infancia; observar la destrucción, autodestrucción, y extinción podrían anticipar los procesos que en un futuro habrían de verificarse empíricamente. No sería entonces modificar la sociedad -un objetivo político perecedero de corto plazo- sino anticipar en la forma de Houellebecq una transformación que sería irreversible. No la verifican, ni la proclaman con miopía religiosa o sectaria, simplemente la exploran como posibilidad. No comparten la mirada profética del fanático del apocalipsis ("yo les dije") exploran la transformación como mera probabilidad estadística.