Hacia una jerarquía de los derechos
En primer lugar, parece forzoso reconocer que los empleos se encuentran distribuidos con una absoluta desigualdad de oportunidades. Es esta falta de oportunidades justas de tener acceso al empleo la que está en el fondo del conflicto sobre el espacio público. Debido a esta distribución inequitativa de oportunidades, no me parece correcto señalar como culpable de su propia tragedia al desempleado. Los masoquistas son pocos y los desempleados o malempleados cada vez más. Si a esto le añadimos ese engaño constitucional que nos garantiza unos derechos fundamentales en realidad inexistentes: ¿Qué queda de auténtico en la causa de la defensa del espacio público? Ahora, si seguimos la línea de las predicciones -como mero e interesante ejercicio-, podremos pensar que el trabajo será en el futuro una actividad aún más escasa, y que la sociedad del futuro no se encontrará más definida en términos de relaciones laborales. Por lo tanto, hacia el futuro no veo un establecimiento de poder tratando de reprimir lo que son en verdad los síntomas que señalan el advenimiento de un cambio de modelo social, sino un nuevo lugar donde la represión será innecesaria porque estos síntomas habrán desaparecido como promontorios visibles de un estado de desequilibrio; es decir, una modificación sustancial y voluntaria del establecimiento de poder. No habrá políticas que impidan a los vendedores ambulantes defender su derecho fundamental a la vida buscando el sustento en la calle, porque tampoco habrá un estado descuidado en sus compromisos con los derechos fundamentales de sus ciudadanos como lo son la salud, la educación, la protección de la integridad física y sobre todo, lo que hace ver un tanto trivial la posición de los defensores del espacio público, el derecho a no tener hambre. El gran desafío que se viene por delante será el de lograr redefinir las sociedades en medio de altos niveles de desempleo, o empleo indeseable. O tal vez, preparar las sociedades para un lugar de no-empleo. Si nos encontráramos en un momento presente de satisfacción de las necesidades básicas de una población, entonces no hay duda que la preocupación por el derecho al espacio público podría ser legítima, y una expresión del natural anhelo del ser humano por alcanzar grados mayores de refinamiento. Sin embargo, si este fuera el punto, yo pensaría entonces en defender primero los derechos del peatón, el que es sistemáticamente atropellado fuera de las cebras, y sobre ellas, hostigado con evidente maldad o descuido. ¿Será este un tema conexo con el espacio público? En segundo lugar, quisiera señalar que el desempleo no perjudica tan sólo a los desempleados, sino a las personas preparadas que deben aceptar emplearse en trabajos muy por debajo de sus capacidades, porque sus áreas están demasiado competidas (o mejor, tienen una oferta de plazas restringida). Y a la dignidad de personas no preparadas que deben reducir sus aspiraciones a la mínima expresión. En el primer caso, desde ningún punto de vista puede afirmarse que de los cien candidatos a un empleo excelente, noventa y nueve sean tarados que no se lo merecían. Lo que a su vez trae una profunda repercusión en los modos de pensar de una sociedad: dada la inevitabilidad de un mal empleo, o desempleo, los estudiantes se esfuerzan menos en sus actividades académicas, las universidades relajan sus niveles de exigencia y la sociedad en pleno comienza a sufrir una depresión más grave aún en una o dos generaciones de distancia. Esto es muy claro tanto para padres de familia, como para estudiantes, como para las universidades, que han consentido en tratar a los estudiantes como clientes, cambiando notas a diestra y siniestra cuando se ven afectados los intereses del mercado de matrículas. Y también -referido al citado caso del empleado afortunado- queda la pregunta sobre si persisten obligaciones implícitas entre quien se ha adjudicado el trabajo y los restantes candidatos, y en un circuito más amplio aún, con todos los miembrosde una sociedad.
En tercer lugar, viene el problema de la solución del desempleo por vías del crecimiento económico. Si las cifras fueran confiables, podemos afirmar que existe una alta probabilidad de crecimiento económico correlacionado con crecimiento en el desempleo. Si las cifras no son confiables, entonces vivimos un engaño y no hay nada más que podamos conjeturar. Pero sí aun fuera posible demostrar que el crecimiento económico sí garantiza el aumento de los empleos, caben muchas preguntas: ¿qué tipo de empleos? Y otra pregunta, aún más difícil: ¿cuánto tiempo puede sostenerse un índice de crecimiento hasta el punto de no alcanzar el déficit de extinción en las reservas naturales? El crecimiento por lo tanto es un paliativo a corto plazo que entraña mayores peligros a futuro. De otra parte ¿De dónde proviene la idea de que hay que trabajar como una mula para ganar el derecho a un plato de lentejas? ¿tendrá relación con el sudor de la frente? ¿No es esta otra posición atávica que como muchas otras miradas inobjetables merece ser revisada?
pablo batelli
En tercer lugar, viene el problema de la solución del desempleo por vías del crecimiento económico. Si las cifras fueran confiables, podemos afirmar que existe una alta probabilidad de crecimiento económico correlacionado con crecimiento en el desempleo. Si las cifras no son confiables, entonces vivimos un engaño y no hay nada más que podamos conjeturar. Pero sí aun fuera posible demostrar que el crecimiento económico sí garantiza el aumento de los empleos, caben muchas preguntas: ¿qué tipo de empleos? Y otra pregunta, aún más difícil: ¿cuánto tiempo puede sostenerse un índice de crecimiento hasta el punto de no alcanzar el déficit de extinción en las reservas naturales? El crecimiento por lo tanto es un paliativo a corto plazo que entraña mayores peligros a futuro. De otra parte ¿De dónde proviene la idea de que hay que trabajar como una mula para ganar el derecho a un plato de lentejas? ¿tendrá relación con el sudor de la frente? ¿No es esta otra posición atávica que como muchas otras miradas inobjetables merece ser revisada?
pablo batelli
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