amos, manos, anos
1. Dedicado a los siervos de Dylan
EL CONOCIMIENTO DE LA MANO
Mano, manita, manota
en tus dedos
el cerebro tiene una llaga que lo aparta de las divagaciones
si las yemas dicen tibio es tibio
si dicen terso, es terso
si dicen tibio y terso, es tibio y terso
el límite donde las conjeturas se desajustan
SERVIR A DOS AMOS
servir a una mano
servir a dos manos
servir a una mano de un amo
servir a dos manos de dos amos
servir a cuatro manos, cuatro amos
a ocho manos
no importa a cuantas manos
la consigna es el logaritmo de las manos
MANOS AMOS Y ANOS
estrechar la mano del amo
las manos de los amos
estrecho
las manos de los amos
por el estrecho ano
amos, anos, manos
¿a quién amamos?
2. Opinadera sin argumentos: bailotendo sobre el mismo montoncito de ideas: las razones de Luna, de Kalmanovitz de Hoyos y de Posada
Nada existe que sea más íntimo que una idea; por lo tanto la línea entre el tono personal y los argumentos es difusa, por no decir inexistente. Lo que no proporciona sustrato suficiente para garantizar la pertinencia de cualquier ataque personal. Sin embargo, como recientemente destronado rey de la bilis, me sorprende la réplica alevosa y altanera de Gloria Posada a una intervención sosegada, razonable, y sensata (envidio no poder escribir de esa forma) como la realizada por Manuel Kalmanovitz. La única corrección que yo habría realizado en el texto de Manuel, sería la supresión de la ocurrencia del término “contemporáneo” y “posmoderno”, excepto en los casos en que resulta inevitable porque alude a la fuente misma de esta discusión, es decir, a la opinión de Hoyos. Propongo hablar de una instancia “postestructuralista” en la mirada sobre el arte, caracterizada tal vez en forma central por la teoría de la escritura y el fin de la metafísica. Por supuesto, tampoco me atrevería a hablar de "posmodernismo", término equívoco que podría aludir al modernismo literario y que el uso y la costumbre han terminado por validar en el medio cultural propio. Sin embargo, aunque la idea y lo íntimo estén ligados, defender una idea no significa defender una persona. Comparto con Luna la tésis inicial donde hace alusión a la tragedia que significan las malas defensas. Andrés Hoyos ha defendido dogmáticamente la pintura, enfrentándola a lo “posmoderno” (en sus palabras) y ha situado de forma equívoca el problema del arte en el terreno de género. Comparto también – o amplío tal vez el comentario – en el sentido de que la pintura tiene como uno de sus importantes objetivos la reflexión sobre la pertinencia de la pintura misma y su relación con otras formas de obrar plástico. No sé si lo siguiente está en concordancia con la opinión de Manuel, pero me he cansado de señalar el hecho de que ciertos discursos dominantes han asfixiado y cerrado las oportunidades para los artistas que no se adecuan a un modelo teórico. En el terreno local, pocas personas toman las decisiones que afectan a todos. En un sistema político amplio estas personas son elegidas mediante el voto de los afectados. Mi crítica hacia la orientación que Jaime Cerón le ha dado a la Gerencia de Artes del IDCT estriba en que la aplicación ciega de los discursos crean comunidades de excluidos. Jaime Cerón, José Ignacio Roca y Carmen María Jaramillo, lejos de presentarse como las víctimas y los sufrientes de la introducción en Colombia de los discursos postestructuralistas, son tres de las figuras más influyentes en el panorama del arte nacional. Ellos tres concentran una gran capacidad de toma de decisiones y oponerse a sus modelos teóricos, o poner en duda la pertinencia de un discurso, puede ser causa del aislamiento y la muerte de un artista (por favor, leáse muerte en forma figurada, si es posible).
La persona que se ha pasado de la raya es Gloria Posada; es ella quien debe responder las preguntas: ¿Ha dicho Gloria Posada o no ha dicho que Hoyos es un paramilitar? Esto sí que lo considero un ataque personal impertinente. Dejo claro que no defiendo a Hoyos, rechazo una cierta forma de ataque personal que en este caso, al presentarse despovista de cualquier filtro -por ejemplo, el que proporciona la ficción- resulta impertinente y objetable. No conozco a Gloria Posada o a Andrés Hoyos más que por su palabra escrita y mi ataque personal consite en el ataque a su palabra escrita.
3. Mamadera de gallo: aquel término de “obráctica” social, “obráctica” plástica, en fín, cualquier “obráctica” –que abarca la práctica y la obra como nudos de un mismo universo- podría ser llevada adelante de la siguiente manera: desde hace un tiempo para acá me preocupa profundamente un problema de mala traducción. En su forma original la figura que se conoce popularmente como “derecho de petición” sería traducida como “petición de derecho”. Las implicaciones de la diferencia que existe entre el nombre existente y el que debería haber sido, son enormes: los ciudadanos lejos de tener el derecho de pedir algo, tenemos el derecho de exigir a tal o cual funcionario que “actue de acuerdo al derecho”, “que actue en derecho”, es decir, podemos acudir a una figura que sería “Petición de derecho”. “Petición de derecho” y no “derecho de petición”. Me gustaría saber si dentro de los participantes de esfera pública existe un abogado interesado en rebautizar con su nombre original esta ley.
Cordialmente,
Pablo Batelli
EL CONOCIMIENTO DE LA MANO
Mano, manita, manota
en tus dedos
el cerebro tiene una llaga que lo aparta de las divagaciones
si las yemas dicen tibio es tibio
si dicen terso, es terso
si dicen tibio y terso, es tibio y terso
el límite donde las conjeturas se desajustan
SERVIR A DOS AMOS
servir a una mano
servir a dos manos
servir a una mano de un amo
servir a dos manos de dos amos
servir a cuatro manos, cuatro amos
a ocho manos
no importa a cuantas manos
la consigna es el logaritmo de las manos
MANOS AMOS Y ANOS
estrechar la mano del amo
las manos de los amos
estrecho
las manos de los amos
por el estrecho ano
amos, anos, manos
¿a quién amamos?
2. Opinadera sin argumentos: bailotendo sobre el mismo montoncito de ideas: las razones de Luna, de Kalmanovitz de Hoyos y de Posada
Nada existe que sea más íntimo que una idea; por lo tanto la línea entre el tono personal y los argumentos es difusa, por no decir inexistente. Lo que no proporciona sustrato suficiente para garantizar la pertinencia de cualquier ataque personal. Sin embargo, como recientemente destronado rey de la bilis, me sorprende la réplica alevosa y altanera de Gloria Posada a una intervención sosegada, razonable, y sensata (envidio no poder escribir de esa forma) como la realizada por Manuel Kalmanovitz. La única corrección que yo habría realizado en el texto de Manuel, sería la supresión de la ocurrencia del término “contemporáneo” y “posmoderno”, excepto en los casos en que resulta inevitable porque alude a la fuente misma de esta discusión, es decir, a la opinión de Hoyos. Propongo hablar de una instancia “postestructuralista” en la mirada sobre el arte, caracterizada tal vez en forma central por la teoría de la escritura y el fin de la metafísica. Por supuesto, tampoco me atrevería a hablar de "posmodernismo", término equívoco que podría aludir al modernismo literario y que el uso y la costumbre han terminado por validar en el medio cultural propio. Sin embargo, aunque la idea y lo íntimo estén ligados, defender una idea no significa defender una persona. Comparto con Luna la tésis inicial donde hace alusión a la tragedia que significan las malas defensas. Andrés Hoyos ha defendido dogmáticamente la pintura, enfrentándola a lo “posmoderno” (en sus palabras) y ha situado de forma equívoca el problema del arte en el terreno de género. Comparto también – o amplío tal vez el comentario – en el sentido de que la pintura tiene como uno de sus importantes objetivos la reflexión sobre la pertinencia de la pintura misma y su relación con otras formas de obrar plástico. No sé si lo siguiente está en concordancia con la opinión de Manuel, pero me he cansado de señalar el hecho de que ciertos discursos dominantes han asfixiado y cerrado las oportunidades para los artistas que no se adecuan a un modelo teórico. En el terreno local, pocas personas toman las decisiones que afectan a todos. En un sistema político amplio estas personas son elegidas mediante el voto de los afectados. Mi crítica hacia la orientación que Jaime Cerón le ha dado a la Gerencia de Artes del IDCT estriba en que la aplicación ciega de los discursos crean comunidades de excluidos. Jaime Cerón, José Ignacio Roca y Carmen María Jaramillo, lejos de presentarse como las víctimas y los sufrientes de la introducción en Colombia de los discursos postestructuralistas, son tres de las figuras más influyentes en el panorama del arte nacional. Ellos tres concentran una gran capacidad de toma de decisiones y oponerse a sus modelos teóricos, o poner en duda la pertinencia de un discurso, puede ser causa del aislamiento y la muerte de un artista (por favor, leáse muerte en forma figurada, si es posible).
La persona que se ha pasado de la raya es Gloria Posada; es ella quien debe responder las preguntas: ¿Ha dicho Gloria Posada o no ha dicho que Hoyos es un paramilitar? Esto sí que lo considero un ataque personal impertinente. Dejo claro que no defiendo a Hoyos, rechazo una cierta forma de ataque personal que en este caso, al presentarse despovista de cualquier filtro -por ejemplo, el que proporciona la ficción- resulta impertinente y objetable. No conozco a Gloria Posada o a Andrés Hoyos más que por su palabra escrita y mi ataque personal consite en el ataque a su palabra escrita.
3. Mamadera de gallo: aquel término de “obráctica” social, “obráctica” plástica, en fín, cualquier “obráctica” –que abarca la práctica y la obra como nudos de un mismo universo- podría ser llevada adelante de la siguiente manera: desde hace un tiempo para acá me preocupa profundamente un problema de mala traducción. En su forma original la figura que se conoce popularmente como “derecho de petición” sería traducida como “petición de derecho”. Las implicaciones de la diferencia que existe entre el nombre existente y el que debería haber sido, son enormes: los ciudadanos lejos de tener el derecho de pedir algo, tenemos el derecho de exigir a tal o cual funcionario que “actue de acuerdo al derecho”, “que actue en derecho”, es decir, podemos acudir a una figura que sería “Petición de derecho”. “Petición de derecho” y no “derecho de petición”. Me gustaría saber si dentro de los participantes de esfera pública existe un abogado interesado en rebautizar con su nombre original esta ley.
Cordialmente,
Pablo Batelli
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