miércoles, abril 16, 2003

pasar a la acción

Retransmito mensaje de Pablo Batelli. En los próximos días circulará por esferapública una invitación del IDCT a inscribirse para votar y escoger los miembros que representen el área de artes plásticas en el Consejo Distrital de Cultura, entidad que tiene a su cargo el diseño de políticas culturales para la ciudad de Bogotá, así como incidencia y capacidad de decisión en asignaciones presupuestales para aquellas instituciones culturales que reciben aportes del IDCT.Ya todos los representantes de las diferentes áreas (música, teatro, danza, audiovisuales, literatura) se escogieron el año pasado. Los miembros de Artes Plásticas no fue posible elegirlos pues, aunquese inscribió gente, a la hora de votar solo se presentaron diez personas, por lo que se aplazó esta elección para este año. Quien quierainscribirse para votar lo podrá hacer a partir del 21 de abril hasta el2 de mayo. / j.i.

Sigue mensaje:

Estimado Jaime,

detrás de la fuerte crisis en la que se encuentra inmerso el MAMBO (con todas las implicaciones musicales y festivas que tiene este media name) se esconde el problema central en materia de cultura que tiene que solucionarla ciudad: el trazado de políticas culturales y los mecanismos para que tales políticas tengan vigencia y pasen a la acción. No me resulta asombrosa la crísis del MAMBO porque de alguna manera los"artistas" han estado en la cuerda floja y en el límite entre lo serio y lo farandulesco (ej. Caro es la cuota disidente necesaria para la salud de la institucionalidad); lo que resulta inadmisible para nuestro dignísimo medio plástico es ver reflejadas sus tendencias ligeras un un evento que carece de toda posibilidad de doble lectura, en tanto en este caso es condición"respetar el glamour" de la muñeca. Sinembargo, una buena parte de nuestra producción plástica nacional, sin perder el doble nivel de lectura, está inscrita en una moda ligera y frívola, y esto, en lugar de causar escozor, enorgullese a los "creadores" o "gag makers" que se autodenominan "artistas". Es decir, lo del MAMBO es el punto extremo de exageración de algunas tendencias latentes toleradas, amparadas y auspiciadas por el medio plástico y sus instituciones.

Supongo que varios de los miembros de esfera pública deben estar enteradosde la existencia de una serie de consejos de participación ciudadana dondese debaten temas que tienen que ver con políticas culturales; el problema central no es tan sólo definir lo público y lo privado, o la naturaleza misma de una política cultural para la ciudad, sino lograr que los resultados de tales deliberaciones reciban efectivamente presupuestos y puedan llevarse a término. Es sabido que el ejercicio más dramático y pedestre de lo político comienza con la asignación o negación de los presupuestos. Estos espacios de participación ciudadana son herramientas de doble filo, porque al consultar al pueblo -un concepto ambigüo, extirpado por las políticas de comercio, pero útil en materia electoral-, ciertas decisiones se presentan como si proviniesen de una "voluntad popular". Además del riesgo de verdaderamente influir -que es bajo- existe el otro más grave, que es el de servir de instrumento legitimador - riesgo mas elevado que el anterior-.
Mi punto de vista es que ningún mecanismo de participaciónpuede exonerar al Estado en las consecuencias del trazado y aplicación de unas políticas culturales específicas. Por esta razón le envío un documento adjunto que a pesar de parecer de uso específico y algo técnico, creo que puede ayudar a enriquecer el debate, saliéndose de una línea que se ha instituido en esfera publica en los ultimos días -linea que consiste en destruir a un adversario que evidentemente no tiene ninguna defensa moral- y proponiendo una nueva lineade acción, que sería la de organizarse para presionar al Estado y a los gobiernos, y reclamar la cultura como un derecho en el contrato que los ciudadanos tienen suscrito con el Estado y sus representantes.

A continuación, el documento en cuestión:

Seminario taller de políticas culturales organizado por el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Bogotá, abril 5 de 2003

Anotaciones a la lectura del documento "Políticas culturales. Bogotá enacción cultural. 2001 - 2004

"La sensación remanente luego de leer el documento es un tanto ambigüa. De una parte se pueden entrever unas buenas intenciones; por otra parte, se ve en su estructura el resultado de la debilidad propia del Consejo de Cultura: la de ser un organismo de ofertantes. Me voy a limitar a citar algunos pasajes y en algunos casos señalar lo que me resulta problemático en cada uno de estos pasajes:-"(...) que permita convertir al sector cultural en eje central de la política pública de la ciudad"Lo que se dice aquí es en primer lugar, que el sector cultural debe ser el eje de la política pública de una ciudad, no sólo de las políticas públicas restringidas a la esfera de la cultura; en segundo lugar, que dicho eje no cruza por quienes podría pensarse que pertenecen al sector cultural. Es una intención ambiciosa que implica revertir la condición actual: es decir, que casi todos los agentes, excepto los que podrían pensarse que verdaderamente pertenecen al sector cultural, se encuentran en el mencionado eje. Por último, las políticas públicas de las grandes ciudades parecen estar cadavez más estrechamente vinculadas a las políticas culturales lo que hace innegable la importancia de discutir estos temas.
Referente a la política cultural: "(...) entenderla como base fundamental del desarrollo de la ciudad"Sería interesante saber qué entiende el documento por desarrollo, porque hasta que este motivo no sea precisado, la palabra desarrollo tendrá siempre profundas implicaciones de naturaleza estrechamente económica; el riesgo es que no siempre, y en verdad casi nunca, desarrollo económico es por si mismo garantía de desarrrollo de las otras esferas sociales.-Refiriéndose al carácter descentralizado del Sistema de Cultura: "(...) un instrumento que debe permitir profundizar la democracia y empoderar a los ciudadanos (...) Además de la lectura formal que se presenta en el campo del derecho, hay otras formas de lectura donde el sentido y la intención de las oraciones se ve distorsionado por las implicaciones que una o dos palabras pueden tener habitualmente en otros contextos. La palabra "empoderar" se usa confrecuencia para promover la venta de computadores.
Sobre la idea de"profundizar la democracia" habría que preguntarse primero qué tipo de democracia tenemos y qué tipo de democracia es la que verdaderamente se quiere profundizar. Y por último, tendríamos que preguntarnos si profundizary fortalecer la democracia es una obligación del sector cultural o pertenece a otros sectores de distinta especialización y que tienen roles económicos mas poderosos. Una de las críticas frecuentes que hace un visitante de afuera cuando llega a Colombia es la siguiente: "en este país, el dinero del pobre no es tan bueno como el dinero del rico". Si nos encontramos inmersos en una sociedad donde la discriminación comienza desde el bolsillo mismo de procedencia del billete, ¿no sería mas pertinente pensar que es un sector económico el que verdaderamente debería estar comprometido con la profundización de la democracia?
Sobre las situaciones conflictivas de la descentralización: Quiero señalar que la descentralización parecería un resultado natural de un Estado que alcanza cierto tamaño y que debe llegar a un necesario momento defraccionamiento, creando réplicas más pequeñas de si mismo, articuladas por vías de comunicación. Si estas réplicas no replantean de forma profunda las condiciones que han heredado del sistema original, serán nada más que centralismos más pequeños. La descentralización no puede ser el fraccionamiento del centralismo. De otra parte, la forma más sencilla de responder a lo diverso, es mediante mecanismos de descentralización, de forma tal que hay una fracción por cada diversidad y no se requiere de un centro capaz de entender la gama de elementos diversos.
No deja de llamar la atención el reclamo de lo descentralizado frente a lo central, cuando hay una esfera superior que son las políticas de la UNESCO; un cuestionamiento verdadero de los procesos de centralización tendría que acudir en primera instancia a la revisión de estos documentos que son de naturaleza central mundial. Resulta paradójico cómo en medio de una globalización cultural, los ciudadanos acuden cada vez mas a nichos culturales especializados y específicos. No creo que haya una defensa de condiciones específicas, sino más bien, que lo global se termina de institucionalizar a través de la exhibición ruidosa y de impacto de estos nichos, que le sirven como mecanismos legitimadores.-Refiriéndose al número de personas vinculadas al sector cultural: se dice que hay vinculadas un número importante de personas al sector "generador(as) de un no despreciable monto de recursos para la ciudad".
El documento se muestra ingenuo al poner a competir los ingresos de una industria cultural, con productos de baja demanda en la polación, con la capacidad generadora de recursos de una industria distinta, concebida y desarrollada con todas las habilidades puestas en la acumulación de riqueza. La cultura y su importancia, aún dentro de sociedades que admiten estrictamente los roles económicos, no puede medirse por su competitividad en la generación y acumulación de riqueza. También es cuestionable el uso del término "producto cultural".-Refiriéndose al desplazamiento forzado: "(...) la incompresión de esta pluralidad, la falta de respeto por la diferencia y la falta de políticas frente a estos problemas son fuente de gran parte de los conflictos que padece la ciudad"Sobre la falta de políticas alrededor del tema de los desplazados, podría invocarse que no existen, porque no hay una sociedad que pueda instituir el desplazamiento. Políticas sobre sectores desplazados, bien intencionadas en su formulación, se convierten casi en la institucionalidad del desplazamiento. El desplazamiento forzado no debería existir, y las causas hay que buscarlas otra vez, en el marco -no ausencia de tolerancia y respetoa la diferencia-, sino de la ausencia estatal para moderar la feroz ambiciónde algunos de sus ciudadanos.
Otras preguntas que surgen a partir de la lectura del documento:¿Tiene Bogotá verdaderamente una cultura rica y variada por efectos de su diversidad de población, o tiene una colección desarticulada de pequeñas y diversas culturas que comparten el mismo territorio, y veces ni siquiera lo comparten?

RELATIVO A LOS TEMAS DE FOMENTO
Teniendo en cuenta las limitaciones de enfoque del documento, deberíamos preguntarnos dos cosas:-¿Qué se quiere fomentar?-¿Qué se puede fomentar? De entre muchas definiciones de cultura voy a proponer una que desde suformulación es conflictiva: la cultura es todo aquello que media entre el hombre y la naturaleza y adquiere su pleno grado de desarrollo, expresión y complejidad, cuando se llega al punto donde la naturaleza abarca al hombre mismo y la cultura.
Volviendo entonces a la pregunta de aquello que se quiere fomentar:-relativo a la identidad. Siendo fiel a la creencia de que la satisfaccióndel deseo anula el deseo, creo que la preocupación obsesiva del sector cultural por intervenir en los procesos de construcción y recuperación de identidades resulta esquiva y realiza lo opuesto de lo que pretende. En lugar de construír identidad, deberíamos estar interesados en propiciar condiciones individuales de autonomía cultural. La autonomía significa que cada uno de los seres humanos es un proceso cultural específico e individual. De esta forma las preciosas características de cada uno de estos procesos nunca se verán amenazadas por procesos que son a su vez institucionales e institucionalizantes.
Es necesario romper con una mirada tradicional sobre la cultura y las artes que reducen su potencialidad a instrumentos de otra instancia: cultura y arte para recrear o entretener, cultura para generar riqueza, cultura para generar paz, cultura contra la exclusión, cultura para la formación. Todas estas formas de promover el fomento cultural anulan en algún momento de su desarrollo los procesos de autonomía cultural, se tornan institucionalizantes y como resultado de un conflicto entre un proceso cultural autónomo, pequeño e individual, y un proceso al que podríamos llamar "una corriente", se alcanza lo opuesto de la que quería lograrse: exclusión, deformación, incomodidad.
Retomemos entonces el tema "¿Qué se puede fomentar?"No sé si las políticas culturales deben ser construidas desde la base social, desde la cúspide institucional o desde una cúspide institucional que proviene de una base social. Llamados a responder sobre si el Estado debe trazar políticas de fomento o limitarse a garantizar el acceso a los "bienes culturales" diría, que en realidad, ninguna de las dos. El Estado no puede trazar las políticas porque parece irremediable llegar a una situación donde estarán siempre ausentes de legitimidad y nunca serán apropiadas por las comunidades que pretendía afectar. La perspectiva de garantizar el acceso es un poco más benévola, pero sitúa el problema en una relación de oferta y demanda, donde el Estado parece conducir a una demanda pasiva a la adquisición de bienes que provienen desde esferas interesadas de la producción. Tal vez, la mejor solución al problema sea situarnos en una incómoda perspectiva anacrónica y afirmar que la autonomía cultural es un derecho y que es la obligación del Estado garantizar los derechos de sus ciudadanos. En esta tensa relación entre el Concejo de Cultura y ElEstado -en su nivel distrital- las dos partes pueden comprometerse en este tácito acuerdo:
El Estado: debe abandonar las concepciones técnicas que reducen lo cultural a un mero proceso administrativo y económico. Debe proporcionar las condiciones para que cada uno de sus ciudadanos tenga la oportunidad de ejercer sus derechos, sin miramientos de que el no ejercer un rol político pueda convertir al ciudadano en responsable de los abusos o malas decisiones de un gobierno. El ciudadano es libre de elegir ser parte activa o no ser parte activa en un proceso, y esto no la hace por si mismo culpable ni responsable de los resultados del proceso. No participar es un derecho así como lo es participar. La posibilidad de lograr una autonomía cultural es un derecho de cada ciudadano al que libremente puede, si quiere, renunciar, aún en contra de las doctrinas del gobierno.
El Concejo Distrital de Cultura: en calidad de concejo de ofertantes -que es en últimas una condición muy similar a la del Consejo de Bogotá- debe ocuparse de ver quienes serán las personas afectadas por sus decisiones y ejercer una política altruista antes que preocuparse por los beneficios egoistas que una restringida situación de influencia pueda traerle. Se requiere también mayor estudio de la parte jurídica y de los antecedentes de la ciudad. Tal vez el mejor fomento a la Cultura que puede hacerse desde el Estado, es continuar apoyando los incipientes y torpes pasos del Concejo Distrital deCultura, despojados del afán de mostrar resultados palpables e impactos sonoros sociales, que son el últimas las exigencias de eficiencia planteadas desde las visiones netamente administrativas. Es importante anotar que no existe tal cosa como "inversión cultural". Los dineros de cultura son gastos, gastos ineludibles porque son compromisos que el Estado adquiere con
sus ciudadanos desde el momento mismo en que aparece para gobernarlos.

Consejo Distrital de CulturaDocumento
presentado por Pablo Batelli a la mesa de trabajo de fomento en elSeminario Taller de Políticas Culturales para Consejeros de Cultura delDistrito, abril 4 y 5 de 2003