LA NECESIDAD DE UN
INGRESO BASICO: UNA ENTREVISTA CON PHILIPPE
VAN PARIJS (por Christopher Bertram)
Usted es acaso más
conocido por un persistente llamado, tanto político como académico, para apoyar
una propuesta que garantizaría a los ciudadanos un ingreso básico
incondicional. Déjeme pedirle primero que aclare la propuesta.
El ingreso básico
es una forma particular del esquema de ingreso mínimo garantizado. Es un
esquema que le brinda a todas las personas un acceso a un cierto ingreso básico
sin tener en cuenta su desempeño laboral presente o pasado. Un ingreso mínimo
garantizado es algo que ha existido en varios países de Europa por algunos años
pero el ingreso básico difiere del ingreso mínimo garantizado en tres puntos
centrales: primero, el ingreso básico es estrictamente individual, entregado a
todas las personas sobre bases individuales sin tener en cuenta su situación
doméstica. Segundo: es entregado a todos sin tener en cuenta si tienen ingresos
por otras fuentes (ingresos de capital o trabajo). Tercero: el ingreso básico
no está sujeto a la presencia o ausencia del deseo de trabajar de las personas.
No se restringe a los involuntariamente desempleados si no que abarca también a
aquellos que han decidido no involucrarse en trabajos remunerados (por ejemplo,
amas de casa, estudiantes, y marginales).
COSTOS Y BENEFICIOS DEL INGRESO BASICO
¿Cuál cree Usted
que sería el nivel de este ingreso?
Es muy importante
separar los objetivos de largo plazo de las propuestas que podrían ser
implementadas en forma inmediata. En el corto plazo, estamos pensando en un
ingreso básico que corresponda mas o menos a la mitad del ingreso mínimo
garantizado vigente para una sola persona. Ese es mas o menos el nivel en el
que tenemos que pensar. No sé cuántas libras representen semanalmente en la
Gran Bretaña, pero en un país como Bélgica o Francia serían alrededor de 200
libras mensuales.
¿Y cuáles cree Ud.
que serían los efectos económicos de implementar la propuesta?
El principal efecto
económico sería visible en el mercado laboral. Una parte esencial de la
propuesta es que haría posible un cierto número de trabajos, por ejemplo trabajos
de tiempo parcial, que ahora no son viables porque el ingreso neto derivado de
aceptarlos es inferior a lo que la gente obtiene por concepto de los beneficios
vigentes.
Sin embargo, dado que el ingreso básico no estaría en sus estadios iniciales en
un nivel que pudiera reemplazar los beneficios y subsidios vigentes, las
posibilidades de los empleos de bajo ingreso estarían aún condicionadas por la
existencia de los beneficios vigentes. Aun así, un cierto número de ocupaciones
remuneradas que son actualmente inviables serían posibles. Lo que es muy
importante, y constituye un elemento sustancial de la propuesta, es el efecto
diferencial en los niveles de pago. De lo que he planteado no se deriva que
vaya a haber un descenso masivo y significativo en el pago de los empleos que
actualmente se llevan a cabo. Es esencial entender que el efecto en los niveles
de pago no será inequívocamente en la dirección de pagos más bajos. Uno debe
tener en cuenta que el ingreso básico es entregado incondicionalmente, de manera
que no funcionaría de una manera tan simple como un mero subsidio al empleo
para que el empleador pueda obtener mano de obra más barata. Puede así ser usado por los beneficiarios del
ingreso básico, que se encontrarían en condiciones de aceptar trabajos cuya
remuneración sería inferior a la de otros trabajos disponibles en un momento
dado; pero lo harían solo bajo la condición de que esos trabajos resultaran
suficientemente atractivos para ellos, comparados con las alternativas de la
oferta laboral en un momento dado. Estos trabajos pueden resultar más
atractivos debido a una condición intrínseca, o debido al entrenamiento que
pueden proveer. Para otros trabajos, que son poco atractivos o que proveen poco
entrenamiento o experiencia, el impacto a largo plazo sería el de forzar un
alza en la remuneración que los empleadores deben pagar.
Una fuente de
escepticismo, particularmente en la derecha, es la cuestión acerca del costo de
implementación de la propuesta. ¿Sería impracticablemente costosa? ¿Conduciría
a grandes incrementos en las tarifas de impuestos?
La noción de costo
es muy ambigua y es importante distinguir entre los varios sentidos posibles de
costo. Existe un sentido en el que un esquema de ingreso incondicional sería
considerablemente más barato que otro esquema.
Es administrativamente menos costoso porque todo el mundo tendría los
beneficios del ingreso básico a priori en lugar de unos beneficios pagados de
manera dirigida a unas personas que deben satisfacer y probar ciertas
condiciones. Dado el tipo de tecnología de pago que tenemos hoy en día, el
costo administrativo para el sistema de pago se deriva mucho menos de la
ejecución del pago que de la aplicación y la verificación de las condiciones
que, para tener acceso a los beneficios, deben satisfacer los aspirantes. En
este primer sentido, por lo tanto, el ingreso básico es más barato.
Claro que esto no
es lo que la gente tiene en mente cuando argumentan lo contrario; lo que
piensan es que la importante masa de beneficios, y por lo tanto de impuestos,
lo harían de lejos más costoso.
Cuando nos movemos
a un sistema en el que los beneficios no son entregados tan solo a los que los
necesitan, si no también a las personas que no necesitan ese dinero, tenemos
que distinguir tres categorías de personas.
Primero, aquellas
que reclaman beneficios vigentes: para ellos el ingreso básico estaría
autofinanciado. Lo que sea que vaya a ser entregado bajo el sistema de ingreso
básico incondicional sería sustraído de aquello otorgado por los beneficios vigentes.
Por ejemplo, los pensionados recibirían un piso incondicional para su pensión,
y la cantidad adicional neta que recibieran sería ajustada negativamente de
manera que al final reciben más o menos la misma cantidad que bajo el esquema
vigente de beneficios.
La segunda
categoría consiste en las personas que se encuentran actualmente trabajando. El
objetivo de la propuesta no es incrementar la cantidad total de dinero que
reciben las personas que están trabajando: lo que obtengan bajo la forma del
ingreso básico incondicional será también sustraído, por ejemplo, a través de
un ajuste en sus tarifas impositivas. De manera que quienes están en esta
categoría seguirían mas o menos en la misma situación en la que se encontraban
antes de la propuesta.
La tercera
categoría consta de quienes en un momento dado carecen de beneficios vigentes o
de ingresos. La mayoría de estas personas son de hecho amas de casa. A medida
que decrezca el número de personas que están permanentemente en esta categoría,
entonces también decrecerá el problema de encontrar financiamiento para su
ingreso básico. Aun más, muchos sistemas de impuestos tienen un ajuste tal que
la parte empleada en una relación donde el otro no trabaja disfruta de un
aumento en su exención tributaria. Este ajuste perdería su racionalidad si las
dos partes de una relación de pareja recibieran un ingreso incondicional. De
alguna forma esto apunta en algunos países en la dirección de financiar un
ingreso básico para las personas que actualmente no tienen absolutamente nada.
La forma en que
hemos estado hablando hasta ahora, presupone que el ingreso básico es pagado
dentro de una comunidad política nacional, como Gran Bretaña, Bélgica o
Francia, pero en el largo plazo, tengo la impresión de que Usted se muestra proclive
a extender la idea del ingreso básico al ámbito internacional. ¿Cómo ve Ud. ese
desarrollo?
Bien, creo que
aunque por razones tanto morales como de sostenibilidad a uno le gustaría
pensar el esquema a nivel internacional, en términos de propuestas de corto
plazo uno debe seguir pensando a un nivel nacional. No creo sin embargo, que
haya un solo argumento en contra de la viabilidad del esquema del ingreso
básico en un país que no pueda aplicarse igualmente a la sostenibilidad del
actual esquema de ingreso mínimo garantizado en la forma en que lo conocemos.
Pero en cambio, sí creo que hay serias amenazas hacia cualquier tipo de sistema
general de solidaridad como resultado de la forma en que la globalización de la
economía genera presión sobre los estados nacionales. Por lo tanto si, al menos
en el corto plazo, debemos pensar a escala nacional, al mismo tiempo debemos
empezar a pensar (aunque no sea en términos de propuestas específicas) en las
vías para que algo parecido a un ingreso básico pueda ser introducido a niveles
más altos de los de una sola nación, por ejemplo, al nivel de la Unión Europea.
¿Cómo sería
financiado?
En el caso de un
ingreso básico europeo, podría estar unido a un impuesto real al consumo de
energía. A menudo se dice que hay dos objeciones serias en contra de imponer
impuestos al consumo de energía que observen una correspondencia con el impacto
ambiental de la energía utilizada, siendo una de ellas el que las naciones no
podrían hacerlo individualmente por los efectos que podría tener en la
competencia económica con los vecinos, y la otra es que una tarifa impositiva
sobre la energía perjudicaría a los más desfavorecidos, quienes gastan una
parte desproporcionada de sus ingresos en consumo de energía. Ahora bien, se
podrían resolver estas objeciones nivelando este impuesto a la energía a nivel
de toda Europa, y redistribuyendo este impuesto a la energía en forma de un
ingreso básico entregado a todos. Aunque el impuesto al consumo de energía
sería en sí mismo significativamente regresivo, el efecto neto de un impuesto
al consumo, unido a una redistribución universal y a una redistribución
igualitaria, sería fuertemente progresivo.
LOS ORIGENES DE LA PROPUESTA
¿Qué lo llevó a
pensar en estos desarrollos?
Dos cosas de muy
distinta naturaleza que sucedieron en los tempranos 1980. El primer punto de
partida, y el más concreto, es que se hacía cada vez más claro que en Europa
estábamos sufriendo una especie de desempleo en masa que no podía ser
interpretado como un asunto coyuntural o cíclico en su naturaleza, si no mas
bien como resultado de asuntos fundamentales de nuestro sistema socioeconómico.
En ese momento (y durante algunos años posteriores) el recurso más utilizado
para aliviar el desempleo fue acudir al crecimiento económico. Pero, al lado de
algunas otras personas en la izquierda mas o menos orientadas a las ideas de
los partidos verdes, sentía que esta no era la solución correcta. De manera que
había que romper ese consenso o coalición de la derecha y la izquierda que se había
generado a favor del crecimiento, proponiendo una solución al problema del
desempleo que no descansara en la carrera desenfrenada por el crecimiento. Una
alternativa era tratar de romper el cerco de pobreza en el que muchas personas
habían caído permitiéndoles conservar sus beneficios aún si empezaban a
trabajar. Al mismo tiempo, esta política de empleo pondría un freno suave al
crecimiento porque algunos de los beneficios serían distribuidos entre todos,
siendo irrelevante el aporte individual realizado a ese crecimiento. Esta
preocupación coincidió con otra fuente de inspiración: una crítica de la
izquierda al capitalismo y una reflexión sobre qué alternativas podrían existir
al capitalismo. Habiendo sido puestos en evidencia una serie de defectos del
socialismo como instrumento para alcanzar la instancia final de una sociedad
comunista liberada, comencé a preguntarme (al lado de otras personas,
incluyendo a Robert van der Veen): ¿Por qué no saltarse el socialismo? Después
de todo, en el marxismo clásico, el socialismo es meramente un instrumento para
alcanzar una sociedad en la que la gente pueda trabajar libremente de acuerdo a
sus habilidades sin dejar de obtener lo suficiente de acuerdo a sus
necesidades. Si ahora vemos un cierto número de problemas en lo que concierne a
las amenazas, a la libertad, planteadas desde el socialismo, problemas de
"eficiencia dinámica", etc., entonces, ¿por qué no hacer que sea
directamente el capitalismo quien alcance esos mismos objetivos? ¿Por qué no buscar una vía capitalista hacia el
comunismo?
Así, estas dos muy
distintas fuentes de inspiración se conjugaron: una de ellas tenía vínculos
profundos con lo que yo veía que estaba sucediendo en Bélgica. Reunidas ambas
condujeron a una gran reflexión sobre el destino de la humanidad y sobre la
manera como nos deberíamos dirigir. Estas fuentes sirvieron de guía para llegar
a la idea, que me pareció extraña inicialmente porque no la había visto en
ningún lado, pero al mismo tiempo muy simple y de muchas formas, muy atractiva.
Entonces, al lado de otro número de personas, comencé a pensar en ella de forma
más sistemática. Más tarde, en forma gradual, descubrimos que muchas otras
personas -por vías propias- habían llegado a la misma idea.
Me ha sorprendido
el hecho de que Usted ha invocado el título de un temprano artículo “Una vía
capitalista hacia el comunismo”.
¿Continuaría Ud. definiendo una sociedad con
un ingreso básico como una sociedad capitalista, o la ve Ud. como una
alternativa al capitalismo?
Bueno, esto es claramente un asunto de definición. Si el
capitalismo está definido como una sociedad en la que el grueso de los medios
de producción son privados, entonces una sociedad de mercado donde los medios
de producción son esencialmente privados pero dónde existe un ingreso básico,
incluso un ingreso básico muy elevado, sería aún una sociedad capitalista.
Ahora bien, dado que la propiedad privada es un asunto de grados, el hecho de
que exista un sistema obligado de redistribución de una parte importante del
producto social de manera uniforme, significa que la posesión privada de los
medios de producción y también la posesión privada del capital humano propio,
está restringida en forma muy importante. Por lo tanto una sociedad tal
ciertamente no tendría una propiedad privada de los medios de producción en
ausencia de restricciones, aún cuando se pudiera afirmar que en muchos sentidos
la propiedad privada seguiría siendo marcadamente influyente.
JUSTIFICANDO EL INGRESO BASICO
Ud. ha hablado
hasta ahora del ingreso básico como un instrumento de política social y
económica. En su libro reciente “Libertad Real para Todos”, Ud. explora también
una serie de razones estructurales que soportan la propuesta.
Cuando me dispuse
inicialmente a sentar los argumentos para el ingreso básico, el argumento
económico y el argumento de las vías capitalistas hacia el comunismo, me vi
confrontado en primera instancia no por argumentos técnicos, administrativos o
económicos, sino ante todo por objeciones morales. La objeción moral principal
era que el ingreso básico le estaría dando a las personas algo a cambio de
nada, y que por lo tanto contribuía a la legitimación sistemática del “free-riding”
["surfismo social"]
a expensas de los trabajadores más dedicados y más esforzados. Y esto me obligó
a explicar minuciosamente el por qué pensaba que fundamentalmente esta era una
idea muy buena, y justa. Decir simplemente, “esta es una buena alternativa para
combatir el desempleo sin apoyarse en el crecimiento económico”, o decir, “esta
es la manera de alcanzar del mejor modo posible una sociedad donde una gran
parte del producto nacional sería distribuido de acuerdo a las necesidades”, no
era suficiente para hacer frente a la objeción. Se requería de una concepción
de la justicia social coherentemente articulada y plausible para construir una
refutación seria a la objeción moral. Esto desembocó en el proyecto que originó
el libro. Se puede ver igual como un intento de resolver estas objeciones,
tanto como un intento por aclarar lo que habría estado implícito en mi mente en
el momento en que encontré atractiva la idea. No podía hacer esto simplemente
discutiendo por turnos las diferentes alternativas al ingreso básico y dando
una serie de argumentos en contra de cada una de ellas. Tenía que delinear en
forma sistemática una concepción de la justicia relativamente abstracta, y
luego demostrar que, al menos bajo ciertas circunstancias, un ingreso básico
significativo estaría justificado por la teoría. Este fue todo el proyecto del
libro. Me llevó a examinar muchas variantes dentro del perpetuamente expansivo
conjunto de las llamadas teorías liberales de la justicia y a tratar de situar
mis propias perspectivas entre ellas.
La concepción
central de justicia que Ud. defendió en su libro es que se deben buscar las
formas de maximizar la cantidad de lo que Usted ha llamado "libertad
real" disponible para los menos libres, para aquellos verdaderamente menos
libres en una sociedad. Puede Ud. explicar lo que entiende por "libertad
real"? ¿Qué lo llevó a inclinarse por esta concepción de la justicia?
La "libertad
real" es algo delineado a partir de una vieja tradición marxista. En esa
tradición a menudo hay un contraste entre una libertad formal, que sería
simplemente el derecho a un hacer según el propio deseo, y la libertad real,
que incluye este derecho, pero que va mas allá al tener también en cuenta los
medios que se requieren para lograr ese hacer según el propio deseo. De manera
que la libertad real está relacionada con los medios para hacer
lo que uno desearía hacer. Lo que una concepción de justicia derivada de estos
lineamientos requeriría sería un modo justo de distribución de los
recursos a nuestra disposición, ya sea que estos recursos se encuentren en la
forma de objetos externos o en la forma de poderes y habilidades humanas. Por modo
justo se entiende una distribución maximin o leximin: en otras palabras,
una distribución tal que aquellos que reciben menos reciban más que aquellos
que reciben menos en cualquier otro modo alternativo de distribución. Otra
forma de expresar lo que tengo en mente es que tenemos oportunidades muy
distintas en nuestras vidas al estar condicionados por el hecho de tener padres
diferentes, por ser beneficiarios de mayores o menores "gracias" o
herencias, y sobre todas las cosas porque tenemos acceso a los trabajos y
posibilidades profesionales de maneras muy desiguales. De acuerdo a mi punto de
vista, todas estas cosas que nosotros recibimos en cantidades muy desiguales
deben ser distribuidas en forma tal que aquellos que tienen menos cantidad
puedan recibir tanto más como sea posible. Esta es la noción esencial.
La conexión entre
la teoría de la justicia y el ingreso básico parece una conexión meramente
contingente, en el sentido de que podría ser que en diferentes sociedades
diferentes políticas específicas a nivel social o de impuestos y regímenes de
transferencias pudieran lograr los objetivos del principio leximin para la
"libertad real" en forma más eficiente que desde la propuesta de un
ingreso básico. Pero Ud. ha explorado otras justificaciones estructurales que
más parecen tener una base en función de un derecho
[entitlement/derecho/entitulamiento], por ejemplo, justificaciones que
reafirman el derecho natural de las personas a los recursos naturales de la
tierra, y la idea de una renta sobre estos recursos ¿Cómo ve Ud. una
combinación de estos dos enfoques?
Bien, creo que no
pueden combinarse, pero en algunos aspectos son el mismo enfoque. El punto de
vista defendido por algunos libertaristas del ala izquierda, como Hillel
Steiner, consiste en decir que hay ciertos entitulamientos [derechos]
básicos y que entre estos entitulamientos [derechos] básicos existe a
nombre de cada miembro de una sociedad, o a nombre de cada miembro de la
especie, un título [derecho] de igual participación sobre los recursos
naturales. Ellos argumentan que esta aproximación conduce a una justificación
del ingreso básico a un nivel equivalente con el valor competitivo derivado de
un igual compartir los recursos naturales. Ahora, esto tendría la misma
implicación que la visión que defiendo, si tomamos como único escenario un
mundo muy sencillo de una isla donde no hay más que los recursos naturales, y
consideramos la situación en que lo único dado a las personas (igualmente
dotadas en habilidades) son estos recursos. Bajo estas circunstancias, mi
propia concepción de la justicia, y la concepción de la justicia que se deriva
a partir de unos iguales derechos a la tierra, sumado al derecho de cada quien
de ser el propietario autónomo [soberano] de si mismo, conducirían
exactamente al mismo resultado.
Pero tan pronto
pasamos a un mundo algo mas complejo, las implicaciones son distintas, y queda
claro que la lógica detrás del argumento de los títulos es muy diferente a la
mía. Mi punto de vista no es que tengamos títulos [derechos] sobre las
cosas que no han sido producidas por alguien. Mas bien, creo que todas las
cosas que uno habría de recibir, y en verdad todas las oportunidades que se nos
abren, incluso aquellas generadas por las personas que están vivas en este
momento, son susceptibles de ser justamente redistribuidas entre todos.
Entonces, mi punto de partida no es una concepción de la justicia que consiste
en el respeto a títulos [derechos] pre-sociales. Mi concepción de la
justicia es una concepción de igual-preocupación. Lo que es primordial
es una justa preocupación por los intereses de las personas, antes que por sus títulos
[derechos] pre-sociales. Pero esta preocupación se encuentra orientada por las
oportunidades (más que por los resultados): la gente debe ser responsable de
sus decisiones, y la responsabilidad de la sociedad es, precisamente, brindar
oportunidades justas. Pero tengo una noción muy fuerte de aquello en lo que
consisten estas oportunidades, y por esta razón llego a afirmar que lo que se
debe hacer es aplicar un principio maximin sobre el valor de lo que la gente
recibe. Esto lleva al ingreso básico, pero a un ingreso básico a un nivel que
sería mucho más generoso del que sería típicamente justificado por la visión de
la entitulación [los derechos] porque nos permite considerar en la
redistribución muchas más cosas que los recursos naturales. En ciertas
circunstancias, sin embargo, podría también dar lugar a un ingreso básico
inferior que en la perspectiva libertarista. Esto es porque tomo en cuenta lo
que las personas tienen o de lo que carecen en términos de habilidades o
talentos como base también del proceso de redistribución. Esto podría implicar
un menor nivel de ingreso básico para permitir que cierta redistribución dirigida
llegue a los menos talentosos que al promedio, o a los discapacitados.
Suena como si su
sistema de justicia se pareciera bastante al sistema de Rawls, con dos
importantes diferencias. Primero, tienen una diferente moneda para la justicia:
Ud. favorece la "libertad real" o las oportunidades, opuesto a los
bienes primarios en Rawls; y segundo, que en tanto él ve la sociedad como una
empresa cooperativa de mutuo beneficio Ud. incluye dentro de su esquema
distributivo incluso a aquellos no interesados en cooperar en la producción del
producto social ¿Sería esta una manera justa de caracterizar la diferencia
entre Ud. y Rawls?
Creería que existen
mayores diferencias. La segunda de las diferencias que Usted menciona tiene
relación más con los ajustes posteriores que Rawls realizó a su teoría que con
la formulación inicial en "Una Teoría de la Justicia". La noción de
que los beneficiarios deben ser cooperadores es dejada un tanto indefinida en
su primer libro y no está incorporada en sus principios. Donde existe una clara
diferencia es en torno al valor de unos bienes primarios gobernados por el
principio de la diferencia, en el sentido de que agrupo un número de elementos
que aparecen dispersos en sus principios en una muy fuerte noción de las oportunidades.
Propongo redirigir la distribución de los bienes externos acorde a una métrica
unificada que tome en cuenta ambas cosas, ventajas sociales y económicas, al
igual que las oportunidades. Una tercera diferencia es que trato de
lidiar con las desigualdades intrínsecas entre las personas, desigualdades
relacionadas con la distribución de los talentos, habilidades o inhabilidades.
Rawls deja esto de lado, por razones metodológicas, pero posteriormente nunca
regresa para hacer un intento por resolver estas cuestiones en forma
sistemática, en la forma en que yo lo intento. Finalmente hay una diferencia
muy significativa entre el contenido del primer principio de Rawls que
garantiza las libertades básicas y mis limitaciones de la libertad formal y del
derecho de libre propiedad.
Por ejemplo, yo no consideraría el sufragio universal como una limitación a una
justa distribución de los recursos. El sufragio universal es extremadamente
importante, pero se justifica sólo instrumentalmente como un componente
esencial de aquellas instituciones que deben salvaguardar su más estrecha
proximidad posible a una justicia social.
Una línea
persistente de crítica, a la que Ud. se ha referido previamente, proviene simultáneamente de las
tradiciones liberal y socialista, y está fundada en la hostilidad que ambas
tradiciones tienen hacia el “free-rider”
[surfista] [Cf. nota 3], es decir, de las
personas que pudieran beneficiarse de un esquema co-operativo pero que no están
dispuestas a contribuir con él. Un gran número de objeciones que provienen de
los detractores se fundan precisamente sobre esta observación, que parecería
objetable desde el punto de vista de la justicia porque permitiría a algunos
explotar a aquellos miembros de una sociedad que sí trabajan.
Esta es una
objeción que encuentro altamente relevante, que requería ser exhaustivamente
abordada, y que en cierta forma condujo a la escritura del libro. La base de mi
respuesta fundamentada en unas bases de la justicia es la de señalar que lo que
se considera como el producto del trabajo de una persona, parte del ingreso,
consiste simplemente en el valor de aquellos escasos recursos de los que
alguien debe apropiarse en función de producir lo que sea que esa persona
produce, y en orden de ganar el ingreso asociado. La gente incurre en un
equívoco cuando no percibe que la mayor parte del ingreso de los trabajadores
corresponde en verdad a nuestra común herencia de recursos. La mayoría del ingreso en nuestra sociedad generado por
trabajo es generado en el contexto de los empleos. Ahora bien, los empleos son
inequitativamente accesibles a las personas, e inclusive, si cada uno tuviera
un empleo, hay una larga serie de empleos que están restringidos a un número
muy pequeño de personas debido a las habilidades que se requiere para
desempeñarlos. Aún en forma más obvia, en una situación en la que hay un
involuntario desempleo en masa, puede observarse que la posibilidad de generar
un ingreso está sujeta a la condición de ser el primero en apropiarse de
aquellos escasos recursos que pertenecen a una estructura institucional de la
sociedad, lo que equivale a decir, de los empleos suministrados por diferentes
organizaciones. Incluso el empleo independiente existe por la muy compleja
estructura de nuestros mercados. De manera que lo que yo le digo a aquellos que
hacen la objeción del "free rider" es que se detengan a mirar el
amplio antecedente de gracias recibidas en diversas maneras. Estas gracias son
apropiadas en forma amplia e inequitativa por personas que sí pueden contribuir
[cooperar] al obtener los trabajos más atractivos y mejor remunerados.
Y por lo tanto, ¿
la participación en la producción no es requisito para justificar el acceso a
un ingreso?
Yo no estoy para
nada en contra de promover una mayor participación de personas en la
producción, incluso en un sentido más o menos estricto. Creo que es una
tragedia para nuestra sociedad que una gran cantidad de personas se encuentre
excluida de tal participación, y que se vean obligados a ajustar sus deseos y
ambiciones en una forma acorde. Pero solo podremos luchar contra esta situación
en una forma efectiva y justa admitiendo primero que debería hacerse en función
de una justa distribución de los recursos que le otorgaran más poder a la
gente: especialmente a aquellos en la parte baja de la escala del talento
humano o jerarquía de capital. Esta respuesta sobre unas bases de justicia a la
objeción del "free-rider" se enlaza luego con argumentos de naturaleza mas pragmática
que tienen que ver con una manera aceptable de luchar contra el desempleo.
Déjeme hacer
énfasis en otras críticas a la propuesta del ingreso básico. Una línea de
crítica que puede hacerse se ocupa de la efectividad de su propuesta. Ud.
favorece un esquema de ingreso básico incondicional, pero podría ser que la situación
de los más desfavorecidos en una sociedad pueda ser mejor atendida por un
esquema de transferencias condicionadas en una sociedad capitalista en un
Estado de bienestar, como las tienen los países de Europa Occidental en este
momento. ¿Pensaría Ud. en ésta como una posibilidad seria?
Nunca he negado que
se puede concebir un sistema de ingreso mínimo garantizado dirigido que podría
proveer a cada miembro de una sociedad un ingreso que sería mas elevado que el
provisto por el sistema de ingreso básico.
Pero para mí lo relevante no es conseguir un ingreso tan alto como sea
posible para aquellos con el más bajo ingreso; y, en consecuencia, proporcionar
una elevada capacidad de compra y consumo a los más desfavorecidos de la
sociedad. Lo que me concierne, en cambio, es darles el más alto endoso posible
de recursos de forma tal que asegure permitirles conducir sus vidas de acuerdo
a un hacer según el propio deseo [soberanía]. Lograr esto involucra una serie
de asuntos además de considerar únicamente el ingreso. Requiere, por ejemplo,
cierto grado de suministro de educación y salud gratuitas. Pero, lo más
significativo, requiere que les sean suministrados otros medios potencialmente
a su alcance en forma incondicional. No deseamos simplemente maximizar el paquete
de consumo que pueden obtener en un supermercado, sino ampliar las
oportunidades de vida que se les presentan. Esto significa, por ejemplo,
habilitar las posibilidades para que las personas puedan involucrarse en
actividades remuneradas (si es que le conceden una gran importancia a las
actividades remuneradas) a través de un recurso de “compra de empleo", es
decir, aceptando empleos suficientemente interesantes a un menor pago dada la
naturaleza incondicional del esquema de ingreso básico. Pero también abre las
posibilidades para trabajar en intensidades menores a las de un tiempo
completo, para dedicarse a otras actividades no remuneradas: cuidar de una
familia, descifrar manuscritos del Sánscrito, o involucrarse en asuntos
sociales o políticos. Esta más amplia concepción de lo que es importante en
términos de una justicia distributiva significa que aún si los beneficios
dirigidos de un Estado de bienestar convencional alcanzaran un ingreso mínimo
mayor que los propuestos por el esquema de ingreso básico incondicional, esto
no sería decisivo desde el punto de vista de la justicia. Esto, sin embargo,
debería ser ponderado: allí donde un esquema de ingreso básico incondicional no
pueda garantizar un ingreso mínimo para satisfacer las necesidades básicas, entonces
un sistema de ingreso mínimo dirigido estaría justificado, en conjunción con un
bajo ingreso básico.
Una de las
características de la teoría de la justicia de John Rawls es la importancia de
la posibilidad de hacer públicas las normas constitucionales por las que una
determinada sociedad se rige, haciéndolas accesibles a todos, abiertas al
debate político. Ahora, muchos de los argumentos que Ud. [invoca
a favor de un ingreso básico son de naturaleza altamente técnica. Me pregunto
entonces ¿ existe algún conflicto entre la lógica que profesa a favor del
ingreso básico y el principio liberal de legitimidad?
Creo que la
justificación precisa que cualquiera de nuestras instituciones pueda ofrecer
alrededor de cualquiera de las alternativas posibles se convierte rápidamente
en algo muy técnico, de manera que esto no puede ser considerado un argumento
en contra de la propuesta. Tratar de presentar los argumentos en una forma que
sea comprensible a una amplia audiencia es un punto a favor. La racionalidad detrás
del ingreso básico no es tan complicada. La noción central es que hay
demasiadas cosas que se reciben en la vida en forma extremadamente
inequitativa: ¿no sería justo distribuir tanto como se pueda (hasta el punto en
que no sea contraproducente)]
de manera tal que aquellos que reciben menos reciban tanto como sea posible?
Hay varias formas, a través de ejemplos, anécdotas, o historias, en que estos
asuntos pueden hacerse claros, plausibles y tornarse persuasivos para una gran
cantidad de personas. Esto será especialmente sencillo con aquellos que han
vivido o conocen a alguien cercano que ha vivido la experiencia de lo que
significa el desempleo: lo que significa querer realizar un trabajo para el que
uno se cree perfectamente capaz pero al que no se puede tener acceso porque
otros ya lo realizan. Podemos interesar a las personas que se dan cuenta de la
seriedad de este asunto en la idea del ingreso básico en una forma tal que sea
consistente con el requerimiento de dar legitimidad pública a la propuesta. Y,
de hecho, vernos obligados a desarrollar una teoría de la justicia que pueda
parecerle a un amplio espectro de personas, con variadas concepciones de la
bondad en una sociedad pluralista, relacionada directamente con este requisito
de tener que brindar una justificación en el reino de lo público.
INGRESO BASICO Y POLITICA
¿Cómo ve Ud. la
conexión entre su trabajo y las tradiciones Marxista y socialista? Por muchos
años Ud. ha sido asociado, a través del Grupo de Septiembre, a una corriente de
pensamiento conocida como Marxismo Analítico; sin embargo, ¿la propuesta que
Ud. defiende es apoyada por personas que no tienen conexión histórica o
biográfica con el Marxismo o con la izquierda?
Tanto como puedo
recordar, durante el tiempo en que he estado interesado en cuestiones sociales
o políticas, siempre me he definido como alguien que está en cierto sentido
fuertemente en la izquierda. Siempre he encontrado que es extremadamente
importante para alguien en la izquierda mirar de cerca al Marxismo, en forma
crítica, pero nunca me he definido como Marxista. No obstante siempre me he
sentido extremadamente cómodo con el Grupo de Septiembre porque incluye
viajeros similares y no tan solo Marxistas Analíticos.
Sin embargo, Ud.
tituló una colección de sus ensayos "Marxism Recycled" (Marxismo
reciclado)
Espero que el
prefacio del libro deje bien en claro la naturaleza de mis relaciones con el
Marxismo, que consiste en apreciarlo como una parte muy importante de nuestra
tradición intelectual e histórica. Es algo sobre lo que hay que pensar,
aprender lecciones y hacer introspección. Pero tenemos que podar aquellas
partes inútiles y debemos combinar lo restante con una serie de elementos
totalmente ajenos a la tradición Marxista. Al mismo tiempo me encuentro fuertemente
en favor de mantener el interés y de introducir nuevas generaciones en la
literatura Marxista. Pero jamás he visto
esta tarea como un intento por reconstruir el Marxismo o reinterpretar el
Marxismo en una forma tal que pudiera verse como una teoría relevante de
nuestro momento. Nuestra tarea es más bien la de continuar haciendo el tipo de
trabajo que Marx hacía en su tiempo, que es combinar un análisis muy profundo
de las realidades del momento con el compromiso ético de luchar contra la
injusticia. Para este propósito aún existen herramientas sumamente útiles
dentro de la tradición Marxista. Un típico ejemplo sería la noción de clase,
previendo que sea liberada de una interpretación estrecha limitada a la
relación entre capitalistas y trabajadores.
Esto me recuerda un
punto que surgió cuando entrevisté a G.A.Cohen. El dijo que en el pasado una
cosa que caracterizaba al movimiento Marxista y socialista era la conjunción de
ciertas preocupaciones éticas -algunas veces pasadas por alto- y el interés individual
de un vasto número de personas. Entonces se puede hacer despegar un gran
movimiento de progreso ético y social sin apoyarse en mucho más que en el
interés individual de una clase organizada. Me pregunto, ¿cómo ve Ud. la
conexión entre los movimientos políticos y el compromiso ético en lo que
concierne a un ingreso básico? ¿Qué tipo de movimiento social podría generar
una exitosa agitación para dar vida
a la propuesta del ingreso básico?
La primera forma de
intentar responder a esta pregunta es mirar cuáles de los movimientos han sido
mas sensibles a la propuesta del ingreso básico. Desde el comienzo mismo de la discusión, han
sido los partidos verdes quienes se han mostrado más receptivos a la idea,
quienes la han discutido y la han incorporado a sus plataformas. Ahora bien, yo no creo que el movimiento
verde vaya a tener éxito en la implementación de un sistema de ingreso básico,
así sea tan sólo porque creo que ellos no tienen la fuerza para convertirse en
un partido mayoritario en un país dado. Pero como ha sucedido con muchas de las
cosas que han propuesto, impuestos al impacto ecológico, disminución del
tráfico en las ciudades, etc., existe la posibilidad de que sus ideas sean
recogidas por aquellos en el poder. Mientras que un impulso puede provenir de
los partidos verdes, podríamos esperar también que algunas organizaciones de
desempleados lleguen a adoptar la idea y a agitarla. Sin embargo, dadas las
dificultades intrínsecas de organizar a los desempleados y a los excluidos de
la sociedad, no deberíamos esperar mucho.
Al final, la idea deberá consolidar su influencia a través de la
discusión política; y por supuesto, cada discusión política involucra elementos
éticos que no se reducen a los intereses individuales de una categoría
específica. Por ejemplo, un número de grupos Cristianos ha sido muy activo
presionando en favor de la propuesta, en concordancia con el compromiso
explícito con una serie de valores que se verían mejor satisfechos si la
propuesta cobrase vida. Esto sucede también con el movimiento socialista, para
quienes, entre las ventajas del ingreso básico, está la de preservar y
fortalecer la solidaridad. Estas consideraciones éticas se combinan luego con
una defensa del ingreso básico desde una perspectiva del interés individual: al
mismo tiempo, deseamos hacer avanzar la justicia social y no deseamos que la
sociedad genere una criminalidad masiva, no queremos que la sociedad descarte
un cierto número de habilidades que podrían ser utilizadas en modos efectivos.
En la práctica es inevitable pensar que habrá una mezcla compleja de argumentos
éticos y de argumentos de interés individual.
Y qué hay acerca de
las organizaciones tradicionales de la clase trabajadora, en particular los
sindicatos, y los partidos demócratas. ¿Cree Ud. que pueden ser inclinados en
favor de la causa o representan los estrechos intereses de aquellos que están
en la condición de un empleo estable y permanente?
En conjunto se debe
decir que la clase trabajadora organizada ha sido hostil a la propuesta. Sin
embargo existen un par de excepciones notables: hay algunos sindicatos en
varios países de Europa que han sido receptivos, especialmente aquellos con una
alta proporción de mujeres, y con alta proporción de personas con baja
remuneración. Se han dado cuenta que sus miembros se verían beneficiados:
mejoraría el mercado para trabajadores no especializados, elevaría su poder de
negociación, y además posiblemente incrementaría los ingresos de los
trabajadores de tiempo parcial o de los que trabajan por remuneraciones
mínimas. Pero en conjunto la estrategia de los sindicatos que defienden los
intereses de unos trabajadores bien protegidos no ha sido favorable a las
propuestas que pudieran erosionar sus privilegios. Incluso aquellos sindicatos
que han aglutinado trabajadores tanto de los sectores débiles como fuertes se
han inclinado por políticas menos amenazantes para la centralidad laboral, como
subsidios al empleo entregados a los empleadores. Ellos prefieren estas
políticas porque están más sintonizadas con la idea de que solo se puede
obtener un ingreso a través del trabajo, y por supuesto, el ingreso a través
del trabajo está parcialmente controlado por el sindicato mismo. Ellos lo
prefieren de esa forma, en lugar de un ingreso básico dispensado por el Estado
sin participación alguna de la voluntad de los sindicatos. El ingreso básico es
en verdad un derecho de los ciudadanos
y no un derecho específico de los trabajadores, y esto resulta muy desagradable
–amargo- para algunos sindicalistas.
Si bien este es un
debate vivo en la comunidad política parece en gran medida un debate confinado
a la sociedad de Europa Occidental. ¿Es esto correcto o hay algún interés en la
idea de un ingreso básico en, por ejemplo, Norteamérica, o en otras sociedades
en el lejano oriente?
No he percibido, en
las sociedades del lejano oriente, el menor indicio de interés por este debate.
En los Estados Unidos hubo un debate muy activo en los 60´s y 70´s, y McGovern
propuso algo muy cercano al ingreso básico como parte de su plataforma
electoral en su desastrosa campaña de 1972. Pero, si algo ha sucedido, es que
los Estados Unidos se han apartado de la posibilidad de un ingreso básico. En
contraste, en Canadá ha habido una serie de propuestas en este sentido (por
ejemplo, en Québec). Lo que me ha sorprendido es el nivel de interés en
Latinoamérica. Ha habido una colección de ensayos sobre el ingreso básico
publicado en la Argentina, y tengo entendido que ha tenido un fuerte impacto en
la discusión pública. Un senador del Partido de los Trabajadores en Brasil ha
estado defendiendo una propuesta de un ingreso mínimo garantizado. Esta
propuesta fue de hecho adoptada por el Senado con el apoyo de un amplio número
de partidos. El presidente de Brasil ha dicho que se encuentra a favor de movilizar
recursos en la dirección del ingreso básico introduciendo en primera instancia
un ingreso mínimo garantizado para los ancianos. Y ha habido también un impulso
al debate como resultado de los asesinatos de los desposeídos a manos de la
policía. Después de todo, ¿si Ud. no puede redistribuir la tierra de manera que
todos tengan una base para sostenerse, qué puede hacer en una sociedad moderna?
Un ingreso garantizado es una solución a la que se puede acudir.
DIRECCIONES FUTURAS
Libertad Real para
Todos” apareció en 1995 y ha logrado, por decir lo menos, un cierto impacto.
¿Cuáles son sus planes futuros? ¿Cómo ve el desarrollo de su trabajo a partir
de este punto? ¿Existen algunos otros proyectos en curso, o intenta Ud.
concentrarse en la defensa y desarrollo de los temas del libro?
Hay tres cosas en
las que estoy realmente involucrado y me mantendrán ocupado por el resto de mi
vida laboral. La primera está vinculada a uno de los asuntos que ya hemos
discutido: quiero escribir algo acerca del ingreso básico que pueda ser leído
por personas de todos los niveles de educación; un trabajo que abarque la ética
de la propuesta, pero también lo económico, la historia y la política
involucradas. Segundo, quiero ampliar mi foco de interés más allá del ingreso básico,
que es tan sólo uno de los varios asuntos importantes para el futuro de un
Estado de bienestar. Otra está relacionada con transferencias
intergeneracionales: pensiones, subsidios familiares, financiamiento de la
educación, etc. Otra área de importancia es fundar sobre bases de justicia un
sistema de salud: tenemos la tecnología disponible para alargar nuestras vidas
casi indefinidamente, sin embargo, ¿es justo que orientemos todos nuestros
recursos hacia este propósito en lugar de otros asuntos? Y por supuesto hay
muchas interdependencias, entre estos dos conjuntos de intereses con el tema de
las transferencias que circulan en la población activa, como el ingreso básico.
¿Y el tercer
proyecto?
Mi tercer proyecto
es hacer ingeniería de la democracia: ¿Cómo deberíamos diseñar nuestras
instituciones políticas en el largo plazo en virtud de acercarnos tanto como
sea posible a la justicia social? Esto tiene que ver, por ejemplo, con el
diseño de instituciones políticas en países federales como Bélgica, ¿cómo
debemos organizar el sistema electoral, cómo debemos estructurar la
localización de las competencias entre los varios niveles y tipos de órganos
políticos en función de preservar una solidaridad nacional en las
transferencias económicas? Pero esto tiene que ser sopesado con las necesidades
de las diferentes comunidades y regiones del país por expresar sus identidades
propias. También, a un nivel europeo, ¿cómo podemos diseñar instituciones de
manera que podamos gradualmente movernos hacia una unión cada vez más fuerte,
preservando al mismo tiempo la solidaridad que existía en cada país en tanto
construimos una más fuerte solidaridad social europea? Más allá de esto: ¿Cómo
podemos diseñar instituciones como la ILO [Organización Mundial del Trabajo],
la IMF [Fondo Monetario Internacional], el Banco Mundial, la organización
Mundial del Comercio? ¿Cómo otorgarles un poder suficiente pero que al mismo
tiempo nos prevenga de un poder excesivo? Los tres proyectos representan viajes
a nuevas áreas que encuentro apasionantes; pero también están íntimamente
relacionados con lo que he hecho antes y profundamente vinculadas a mi ambición
básica: contribuir al pensamiento comprometido y libre de prejuicios que es
requerido en forma urgente para guiar nuestras luchas.
INGRESO BASICO, BIBLIOGRAFÍA BASICA
Atkinson,
Anthony B. Public Economics in Action. The Basic Income/ Flat Tax Proposal
(Oxford: Clarendon Press, 1995).
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Oddvar and Loftager, Jorn (eds) The Rationality of the Welfare State (Oslo:
Scandinavian University Press, 1996).
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Hermione. Instead of the Dole (London: Routledge, 1989).
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Brigid and Healy, Sean (eds), An Adequate Income Guarantee for All (Dublin:
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Radical Reform (London: Verso, 1992).
Van Parijs,
Philippe, Marxism Recycled (Cambridge: Cambridge University Press, 1993).
Van Parijs, Philippe. Real Freedom For All. What (if anything) Can Justify
Capitalism? (Oxford: Oxford University Press, 1995).
Walter, Tony.
Basic Income. Freedom from Poverty, Freedom to Work (London and New York:
Marion Boyars, 1989).
Philippe Van
Parijs / Christopher Bertram
FUENTES
REFERENCIAS
Pablo Batelli y
Claudia Díaz
Diciembre 2003 –
enero 2004 / Octubre 2008
SPONSORED BY
Claudia Díaz Toledo Fragile Endowment for the Arts
Piedad Gómez Villa Endowment for the Arts
Basic Income Persue Endowment for the Arts
DERECHOS
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