sábado, agosto 31, 2013

CRITICA Y VOCACION DE SERVIDUMBRE VOLUNTARIA EN LAS ARTES PLASTICAS EN COLOMBIA (Pablo Batelli Gómez)

Introducción

Las fuerzas críticas del presente se han visto cada vez más permeadas por una fuerza que debilita toda posibilidad crítica. Esta fuerza parece consolidarse en dirección contraria a las verdades de la crítica. La servidumbre voluntaria (1).

Contrarreforma de la crítica en Colombia

En las sociedades en las que se participa de la ilusión de valorar la democracia como el más sofisticado orden político posible, donde ha de realizarse la aspiración atávica de la libertad, se defiende el derecho de expresión del individuo al amparo de la condición “libertad de expresión”. No obstante, la libertad de expresión, como todos aquellos lugares sociales en donde la democracia es sólo ilusoriamente añorada, se diluye en un marco de espejismos y manipulaciones que terminan por hacer de su ejercicio un mecanismo de orientación y de control de conciencias.
En esta ilusión de añorar y hacer exhibición de un deseo que no es genuino se aniquilan todos los derechos que el orden político democrático quiere extender a sus miembros en su condición de ciudadanos. Se los aplaza, posterga y distorsiona. Siguen allí, como truco necesario para la concentración de oportunidades y consolidación de monopolios apoyados en el cultivo de una opinión pública favorable. El deseo se torna mediático, social y público y pierde todo sentido como aspiración real. Un lugar para hacer exhibición de la generosidad personal. Su realización real se troca voluntariamente por el consenso en el engaño, una ilusión de la que todos hacen parte sin que nadie se atreva a señalarlo. Se ha generado la vocación por la servidumbre voluntaria.
Subordinados a este sistema de relaciones, todos los mundos incluidos en él habrán de participar de un esquema idéntico de enunciados y formas de expresarse y de participar en lo público. Esta subordinación se ha instaurado como una forma de servidumbre voluntaria que caracteriza todo lo que puede ser concebido como sistema político, entre ellos, el sistema, mundo, o mundillo del arte. A nivel local, los artistas, curadores, museólogos, académicos, investigadores, directores de importantes instituciones, parecen participar con alegría del consenso de la servidumbre voluntaria. En nuestra sociedad el debate es suficiente en sí mismo; no solo suficiente, deseable en tanto se promueve la ilusión de la diferencia democrática sin que esa promoción logre afectar las desigualdades o diferencias económicas entre las personas. Proporciona la ilusión de una ciudadanía, exenta de las obligaciones económicas.
El mecanismo de este debate decorativo se funda en la exacerbación de las diferencias y la promoción de la discordia. La retribución a esta forma de servidumbre es la notoriedad y la conquista de un lugar social reconocido que le otorga una capacidad de introducir visiones particulares en un marco social amplio. Estas visiones están exentas de todo espíritu de experimentación y vienen preformadas por un lugar crítico servil que encuentra en la circulación y el rating la debilidad para enconarse e instaurarse como una ilusión de libertad de conciencia en cada uno de los individuos. Son claros los ejemplos de este tipo de espacios y dinámicas, que más que fomentar un intercambio de ideas con consecuencias, aspiran a la gratificación del rating, del hit, de una circulación que transcurre sin abrir cauces.
Habría dos aspectos de la crítica en Colombia, uno es su forma de ocurrencia más frecuente, el apoyo al consenso de la servidumbre voluntaria; el otro aspecto de la crítica iría exactamente en sentido contrario, haciéndose tan incómoda como le fuese posible al consenso de la servidumbre. Y ese sería tal vez, su único objetivo: la destrucción, destruir el consenso servil.
En la última década estas dos expresiones de la crítica han librado frecuentes y duras confrontaciones en red; una de ellas alineada con la defensa del arte contemporáneo en Colombia, y la otra, examinando de manera casi inédita en la historia reciente de las artes plásticas nacionales la orientación institucional que genera y provee los lugares del consenso dirigido. Su brecha puede potencialmente rastrearse a los años 50, cuando el americanismo fue regionalmente abolido a través de la introducción de un agente crítico externo y sustituido por una voluntad de integración internacional basada en un arte latinoamericano dispuesto a participar de las fuerzas del mercado. Estas fuerzas de mercado demostrarían ser efectivas en la desactivación de cualquier elemento cultural regional políticamente inestable en América Latina, convirtiéndose en fuerza política. Durante décadas esta forma de crítica tomó el control de los medios impresos y las instituciones y su voz fue única, hasta hacernos creer que antes de su existencia no había arte en Colombia.
A comienzos de la primera década del siglo XXI la red emergía como un contrapeso potencialmente efectivo a los férreos controles editoriales de los medios impresos. Simultáneamente, el carácter inédito de la experiencia de publicación en red hacía difícil de predecir cuáles serían los alcances de su influencia. Súbitamente los censores de los medios impresos vieron en riesgo su capacidad para lograr el monopolio de opinión. La posibilidad de publicar en red, en sus orígenes regulada tan sólo por un conjunto de herramientas tan sencillas como una cuenta de correo y una lista de destinatarios, surgió como un potencial otro aspecto de la crítica que debía ser controlado políticamente. Las versiones que antes filtraban sin dificultad los censores de los medios impresos, pasaban ahora directamente a los buzones de los destinatarios, algo que podría constituir una directa amenaza al consenso orientado. Surgían potenciales nuevo lugares de encuentro de ideas para un nuevo consenso posible. Algunas de estas voces ya no estaban interesadas en las obras, se enfocaban en las instituciones y en las inconsecuencias de los discursos que promovían la revolución desde el manto de las instituciones. La promoción oficial de la transgresión comenzó a sembrar una sombra de duda sobre el arte que se promovía desde las instituciones bajo la ilusión de un arte colombiano de sensibilidad social. La sensibilidad social comenzó a verse como el recuso en donde la crítica servil comenzaba a cobrar su utilidad de lucro. El artista político comenzaba a ser puesto en duda. Estos nuevos lugares potenciales para nuevos consensos, dependientes de las posibilidades de la red como plataforma de difusión de las ideas, prometían apartarse de la vocación de servidumbre voluntaria.
Este antagonismo ha traído consecuencias complejas para el panorama del arte nacional. Por un lado, el otro aspecto de la crítica ha recibido una retaliación progresiva, al comienzo desde voces anónimas que fácilmente podían cruzar los controles de la circulación de opinión en red, y luego, a medida que el consenso del medio impreso realizaba su contrarreforma, progresivamente más fuerte, encarnada en nombres y figuras públicas específicas que hicieron del monopolio de oportunidades una virtud de un medio que promovía públicamente, paradójicamente, su sensibilidad social. Este aspecto tradicional de la crítica, heredera del monopolio de oportunidades y de la facultad de censura que proporcionó durante décadas el medio impreso, centró su contrarreforma en un proyecto aparentemente inofensivo, sensato y bien intencionado: dado que el otro aspecto de la crítica había descubierto un malestar con el programa en práctica, era necesario erosionarlo. Se requirió que las energías críticas que circulaban en red hablaran de las obras de arte y se apartaran del contexto político o institucional que hacía posible esas obras. De esta forma, las energías se dispersaron y los antiguos censores de los medios impresos tomaron el control de un espacio que había sido una amenaza. El potencial de experimentación en red, uno de los principales elementos de un arte contemporáneo, fue anulado en el propósito simple de la difusión didáctica, evento también promovido en los 50’s, en los medios impresos, para acabar con el riesgo de las especificidades de las culturas regionales latinoamericanas.
El arte contemporáneo nacional promovido siguió siendo un arte de producción objetual, aun cuando las nuevas plataformas electrónicas abrían el espacio para una experimentación conceptual pura, que debió haberse librado, en su lugar más esencial, en la programación de software. Mientras tanto, la producción de arte de objeto y todo el aparato de especulación política y económica que lo rodea siguió su curso, con el apoyo de la crítica del consenso de servidumbre voluntaria. El resultado es que el arte contemporáneo colombiano hoy es enteramente inconsecuente es sus propósitos políticos, y estéril formalmente porque ha renunciado al riesgo de lo inédito. Estamos a la espera de que se geste y realice según sus promesas originales, o de verlo como cosa del pasado, una extensión de la tradición moderna, convertido en una curiosidad histórica que sirvió como una penosa etapa de transición a un nuevo arte en donde la retórica del compromiso social y de la experimentación formal sean en efecto un hecho realizado.
Entretanto, la especulación sigue su curso en el mundo económico presente. La crítica de la servidumbre voluntaria es consecuente y promueve las dinámicas de la especulación que persiguen tan solo la concentración ya no de oportunidades, sino de beneficios concretos. No obstante, el otro aspecto de la crítica estaría mejor preparado para dar al artista, también él considerado parte de un sector social, la oportunidad de bienestar y felicidad llegado el momento de aceptar la orfandad sin servidumbres a ideas tutelares dominantes y llegado el punto histórico de una posible flexibilización del orden presente.
José Gómez Sicré
(1) La Boétie, Discurso de la Servidumbre Voluntaria, Madrid, Tecnos, 2010.

lunes, julio 29, 2013


LA NECESIDAD DE UN INGRESO BASICO: UNA ENTREVISTA CON PHILIPPE VAN PARIJS (por Christopher Bertram)
Usted es acaso más conocido por un persistente llamado, tanto político como académico, para apoyar una propuesta que garantizaría a los ciudadanos un ingreso básico incondicional. Déjeme pedirle primero que aclare la propuesta. 

El ingreso básico es una forma particular del esquema de ingreso mínimo garantizado. Es un esquema que le brinda a todas las personas un acceso a un cierto ingreso básico sin tener en cuenta su desempeño laboral presente o pasado. Un ingreso mínimo garantizado es algo que ha existido en varios países de Europa por algunos años pero el ingreso básico difiere del ingreso mínimo garantizado en tres puntos centrales: primero, el ingreso básico es estrictamente individual, entregado a todas las personas sobre bases individuales sin tener en cuenta su situación doméstica. Segundo: es entregado a todos sin tener en cuenta si tienen ingresos por otras fuentes (ingresos de capital o trabajo). Tercero: el ingreso básico no está sujeto a la presencia o ausencia del deseo de trabajar de las personas. No se restringe a los involuntariamente desempleados si no que abarca también a aquellos que han decidido no involucrarse en trabajos remunerados (por ejemplo, amas de casa, estudiantes, y marginales).
 

COSTOS Y BENEFICIOS DEL INGRESO BASICO 

 

¿Cuál cree Usted que sería el nivel de este ingreso? 


Es muy importante separar los objetivos de largo plazo de las propuestas que podrían ser implementadas en forma inmediata. En el corto plazo, estamos pensando en un ingreso básico que corresponda mas o menos a la mitad del ingreso mínimo garantizado vigente para una sola persona. Ese es mas o menos el nivel en el que tenemos que pensar. No sé cuántas libras representen semanalmente en la Gran Bretaña, pero en un país como Bélgica o Francia serían alrededor de 200 libras mensuales.[1] 

¿Y cuáles cree Ud. que serían los efectos económicos de implementar la propuesta? 

El principal efecto económico sería visible en el mercado laboral. Una parte esencial de la propuesta es que haría posible un cierto número de trabajos, por ejemplo trabajos de tiempo parcial, que ahora no son viables porque el ingreso neto derivado de aceptarlos es inferior a lo que la gente obtiene por concepto de los beneficios vigentes.[2] Sin embargo, dado que el ingreso básico no estaría en sus estadios iniciales en un nivel que pudiera reemplazar los beneficios y subsidios vigentes, las posibilidades de los empleos de bajo ingreso estarían aún condicionadas por la existencia de los beneficios vigentes. Aun así, un cierto número de ocupaciones remuneradas que son actualmente inviables serían posibles. Lo que es muy importante, y constituye un elemento sustancial de la propuesta, es el efecto diferencial en los niveles de pago. De lo que he planteado no se deriva que vaya a haber un descenso masivo y significativo en el pago de los empleos que actualmente se llevan a cabo. Es esencial entender que el efecto en los niveles de pago no será inequívocamente en la dirección de pagos más bajos. Uno debe tener en cuenta que el ingreso básico es entregado incondicionalmente, de manera que no funcionaría de una manera tan simple como un mero subsidio al empleo para que el empleador pueda obtener mano de obra más barata.  Puede así ser usado por los beneficiarios del ingreso básico, que se encontrarían en condiciones de aceptar trabajos cuya remuneración sería inferior a la de otros trabajos disponibles en un momento dado; pero lo harían solo bajo la condición de que esos trabajos resultaran suficientemente atractivos para ellos, comparados con las alternativas de la oferta laboral en un momento dado. Estos trabajos pueden resultar más atractivos debido a una condición intrínseca, o debido al entrenamiento que pueden proveer. Para otros trabajos, que son poco atractivos o que proveen poco entrenamiento o experiencia, el impacto a largo plazo sería el de forzar un alza en la remuneración que los empleadores deben pagar. 

Una fuente de escepticismo, particularmente en la derecha, es la cuestión acerca del costo de implementación de la propuesta. ¿Sería impracticablemente costosa? ¿Conduciría a grandes incrementos en las tarifas de impuestos? 

La noción de costo es muy ambigua y es importante distinguir entre los varios sentidos posibles de costo. Existe un sentido en el que un esquema de ingreso incondicional sería considerablemente más barato que otro esquema.  Es administrativamente menos costoso porque todo el mundo tendría los beneficios del ingreso básico a priori en lugar de unos beneficios pagados de manera dirigida a unas personas que deben satisfacer y probar ciertas condiciones. Dado el tipo de tecnología de pago que tenemos hoy en día, el costo administrativo para el sistema de pago se deriva mucho menos de la ejecución del pago que de la aplicación y la verificación de las condiciones que, para tener acceso a los beneficios, deben satisfacer los aspirantes. En este primer sentido, por lo tanto, el ingreso básico es más barato. 

Claro que esto no es lo que la gente tiene en mente cuando argumentan lo contrario; lo que piensan es que la importante masa de beneficios, y por lo tanto de impuestos, lo harían de lejos más costoso. 

Cuando nos movemos a un sistema en el que los beneficios no son entregados tan solo a los que los necesitan, si no también a las personas que no necesitan ese dinero, tenemos que distinguir tres categorías de personas. 

Primero, aquellas que reclaman beneficios vigentes: para ellos el ingreso básico estaría autofinanciado. Lo que sea que vaya a ser entregado bajo el sistema de ingreso básico incondicional sería sustraído de aquello otorgado por los beneficios vigentes. Por ejemplo, los pensionados recibirían un piso incondicional para su pensión, y la cantidad adicional neta que recibieran sería ajustada negativamente de manera que al final reciben más o menos la misma cantidad que bajo el esquema vigente de beneficios. 

La segunda categoría consiste en las personas que se encuentran actualmente trabajando. El objetivo de la propuesta no es incrementar la cantidad total de dinero que reciben las personas que están trabajando: lo que obtengan bajo la forma del ingreso básico incondicional será también sustraído, por ejemplo, a través de un ajuste en sus tarifas impositivas. De manera que quienes están en esta categoría seguirían mas o menos en la misma situación en la que se encontraban antes de la propuesta. 

La tercera categoría consta de quienes en un momento dado carecen de beneficios vigentes o de ingresos. La mayoría de estas personas son de hecho amas de casa. A medida que decrezca el número de personas que están permanentemente en esta categoría, entonces también decrecerá el problema de encontrar financiamiento para su ingreso básico. Aun más, muchos sistemas de impuestos tienen un ajuste tal que la parte empleada en una relación donde el otro no trabaja disfruta de un aumento en su exención tributaria. Este ajuste perdería su racionalidad si las dos partes de una relación de pareja recibieran un ingreso incondicional. De alguna forma esto apunta en algunos países en la dirección de financiar un ingreso básico para las personas que actualmente no tienen absolutamente nada. 

La forma en que hemos estado hablando hasta ahora, presupone que el ingreso básico es pagado dentro de una comunidad política nacional, como Gran Bretaña, Bélgica o Francia, pero en el largo plazo, tengo la impresión de que Usted se muestra proclive a extender la idea del ingreso básico al ámbito internacional. ¿Cómo ve Ud. ese desarrollo? 

Bien, creo que aunque por razones tanto morales como de sostenibilidad a uno le gustaría pensar el esquema a nivel internacional, en términos de propuestas de corto plazo uno debe seguir pensando a un nivel nacional. No creo sin embargo, que haya un solo argumento en contra de la viabilidad del esquema del ingreso básico en un país que no pueda aplicarse igualmente a la sostenibilidad del actual esquema de ingreso mínimo garantizado en la forma en que lo conocemos. Pero en cambio, sí creo que hay serias amenazas hacia cualquier tipo de sistema general de solidaridad como resultado de la forma en que la globalización de la economía genera presión sobre los estados nacionales. Por lo tanto si, al menos en el corto plazo, debemos pensar a escala nacional, al mismo tiempo debemos empezar a pensar (aunque no sea en términos de propuestas específicas) en las vías para que algo parecido a un ingreso básico pueda ser introducido a niveles más altos de los de una sola nación, por ejemplo, al nivel de la Unión Europea. 

¿Cómo sería financiado? 

En el caso de un ingreso básico europeo, podría estar unido a un impuesto real al consumo de energía. A menudo se dice que hay dos objeciones serias en contra de imponer impuestos al consumo de energía que observen una correspondencia con el impacto ambiental de la energía utilizada, siendo una de ellas el que las naciones no podrían hacerlo individualmente por los efectos que podría tener en la competencia económica con los vecinos, y la otra es que una tarifa impositiva sobre la energía perjudicaría a los más desfavorecidos, quienes gastan una parte desproporcionada de sus ingresos en consumo de energía. Ahora bien, se podrían resolver estas objeciones nivelando este impuesto a la energía a nivel de toda Europa, y redistribuyendo este impuesto a la energía en forma de un ingreso básico entregado a todos. Aunque el impuesto al consumo de energía sería en sí mismo significativamente regresivo, el efecto neto de un impuesto al consumo, unido a una redistribución universal y a una redistribución igualitaria, sería fuertemente progresivo.
 

LOS ORIGENES DE LA PROPUESTA

 

¿Qué lo llevó a pensar en estos desarrollos?


Dos cosas de muy distinta naturaleza que sucedieron en los tempranos 1980. El primer punto de partida, y el más concreto, es que se hacía cada vez más claro que en Europa estábamos sufriendo una especie de desempleo en masa que no podía ser interpretado como un asunto coyuntural o cíclico en su naturaleza, si no mas bien como resultado de asuntos fundamentales de nuestro sistema socioeconómico. En ese momento (y durante algunos años posteriores) el recurso más utilizado para aliviar el desempleo fue acudir al crecimiento económico. Pero, al lado de algunas otras personas en la izquierda mas o menos orientadas a las ideas de los partidos verdes, sentía que esta no era la solución correcta. De manera que había que romper ese consenso o coalición de la derecha y la izquierda que se había generado a favor del crecimiento, proponiendo una solución al problema del desempleo que no descansara en la carrera desenfrenada por el crecimiento. Una alternativa era tratar de romper el cerco de pobreza en el que muchas personas habían caído permitiéndoles conservar sus beneficios aún si empezaban a trabajar. Al mismo tiempo, esta política de empleo pondría un freno suave al crecimiento porque algunos de los beneficios serían distribuidos entre todos, siendo irrelevante el aporte individual realizado a ese crecimiento. Esta preocupación coincidió con otra fuente de inspiración: una crítica de la izquierda al capitalismo y una reflexión sobre qué alternativas podrían existir al capitalismo. Habiendo sido puestos en evidencia una serie de defectos del socialismo como instrumento para alcanzar la instancia final de una sociedad comunista liberada, comencé a preguntarme (al lado de otras personas, incluyendo a Robert van der Veen): ¿Por qué no saltarse el socialismo? Después de todo, en el marxismo clásico, el socialismo es meramente un instrumento para alcanzar una sociedad en la que la gente pueda trabajar libremente de acuerdo a sus habilidades sin dejar de obtener lo suficiente de acuerdo a sus necesidades. Si ahora vemos un cierto número de problemas en lo que concierne a las amenazas, a la libertad, planteadas desde el socialismo, problemas de "eficiencia dinámica", etc., entonces, ¿por qué no hacer que sea directamente el capitalismo quien alcance esos mismos objetivos? ¿Por  qué no buscar una vía capitalista hacia el comunismo?

Así, estas dos muy distintas fuentes de inspiración se conjugaron: una de ellas tenía vínculos profundos con lo que yo veía que estaba sucediendo en Bélgica. Reunidas ambas condujeron a una gran reflexión sobre el destino de la humanidad y sobre la manera como nos deberíamos dirigir. Estas fuentes sirvieron de guía para llegar a la idea, que me pareció extraña inicialmente porque no la había visto en ningún lado, pero al mismo tiempo muy simple y de muchas formas, muy atractiva. Entonces, al lado de otro número de personas, comencé a pensar en ella de forma más sistemática. Más tarde, en forma gradual, descubrimos que muchas otras personas -por vías propias- habían llegado a la misma idea.

Me ha sorprendido el hecho de que Usted ha invocado el título de un temprano artículo “Una vía capitalista hacia el comunismo”.[3] ¿Continuaría Ud. definiendo una sociedad con un ingreso básico como una sociedad capitalista, o la ve Ud. como una alternativa al capitalismo? 

Bueno, esto es claramente un asunto de definición. Si el capitalismo está definido como una sociedad en la que el grueso de los medios de producción son privados, entonces una sociedad de mercado donde los medios de producción son esencialmente privados pero dónde existe un ingreso básico, incluso un ingreso básico muy elevado, sería aún una sociedad capitalista. Ahora bien, dado que la propiedad privada es un asunto de grados, el hecho de que exista un sistema obligado de redistribución de una parte importante del producto social de manera uniforme, significa que la posesión privada de los medios de producción y también la posesión privada del capital humano propio, está restringida en forma muy importante. Por lo tanto una sociedad tal ciertamente no tendría una propiedad privada de los medios de producción en ausencia de restricciones, aún cuando se pudiera afirmar que en muchos sentidos la propiedad privada seguiría siendo marcadamente influyente.

JUSTIFICANDO EL INGRESO BASICO

Ud. ha hablado hasta ahora del ingreso básico como un instrumento de política social y económica. En su libro reciente “Libertad Real para Todos”, Ud. explora también una serie de razones estructurales que soportan la propuesta.

Cuando me dispuse inicialmente a sentar los argumentos para el ingreso básico, el argumento económico y el argumento de las vías capitalistas hacia el comunismo, me vi confrontado en primera instancia no por argumentos técnicos, administrativos o económicos, sino ante todo por objeciones morales. La objeción moral principal era que el ingreso básico le estaría dando a las personas algo a cambio de nada, y que por lo tanto contribuía a la legitimación sistemática del  “free-riding”[4] ["surfismo social"][5] a expensas de los trabajadores más dedicados y más esforzados. Y esto me obligó a explicar minuciosamente el por qué pensaba que fundamentalmente esta era una idea muy buena, y justa. Decir simplemente, “esta es una buena alternativa para combatir el desempleo sin apoyarse en el crecimiento económico”, o decir, “esta es la manera de alcanzar del mejor modo posible una sociedad donde una gran parte del producto nacional sería distribuido de acuerdo a las necesidades”, no era suficiente para hacer frente a la objeción. Se requería de una concepción de la justicia social coherentemente articulada y plausible para construir una refutación seria a la objeción moral. Esto desembocó en el proyecto que originó el libro. Se puede ver igual como un intento de resolver estas objeciones, tanto como un intento por aclarar lo que habría estado implícito en mi mente en el momento en que encontré atractiva la idea. No podía hacer esto simplemente discutiendo por turnos las diferentes alternativas al ingreso básico y dando una serie de argumentos en contra de cada una de ellas. Tenía que delinear en forma sistemática una concepción de la justicia relativamente abstracta, y luego demostrar que, al menos bajo ciertas circunstancias, un ingreso básico significativo estaría justificado por la teoría. Este fue todo el proyecto del libro. Me llevó a examinar muchas variantes dentro del perpetuamente expansivo conjunto de las llamadas teorías liberales de la justicia y a tratar de situar mis propias perspectivas entre ellas.

La concepción central de justicia que Ud. defendió en su libro es que se deben buscar las formas de maximizar la cantidad de lo que Usted ha llamado "libertad real" disponible para los menos libres, para aquellos verdaderamente menos libres en una sociedad. Puede Ud. explicar lo que entiende por "libertad real"? ¿Qué lo llevó a inclinarse por esta concepción de la justicia?

La "libertad real" es algo delineado a partir de una vieja tradición marxista. En esa tradición a menudo hay un contraste entre una libertad formal, que sería simplemente el derecho a un hacer según el propio deseo, y la libertad real, que incluye este derecho, pero que va mas allá al tener también en cuenta los medios que se requieren para lograr ese hacer según el propio deseo. De manera que la libertad real está relacionada con los medios para hacer lo que uno desearía hacer. Lo que una concepción de justicia derivada de estos lineamientos requeriría sería un modo justo de distribución de los recursos a nuestra disposición, ya sea que estos recursos se encuentren en la forma de objetos externos o en la forma de poderes y habilidades humanas. Por modo justo se entiende una distribución maximin o leximin: en otras palabras, una distribución tal que aquellos que reciben menos reciban más que aquellos que reciben menos en cualquier otro modo alternativo de distribución. Otra forma de expresar lo que tengo en mente es que tenemos oportunidades muy distintas en nuestras vidas al estar condicionados por el hecho de tener padres diferentes, por ser beneficiarios de mayores o menores "gracias" o herencias, y sobre todas las cosas porque tenemos acceso a los trabajos y posibilidades profesionales de maneras muy desiguales. De acuerdo a mi punto de vista, todas estas cosas que nosotros recibimos en cantidades muy desiguales deben ser distribuidas en forma tal que aquellos que tienen menos cantidad puedan recibir tanto más como sea posible. Esta es la noción esencial.

La conexión entre la teoría de la justicia y el ingreso básico parece una conexión meramente contingente, en el sentido de que podría ser que en diferentes sociedades diferentes políticas específicas a nivel social o de impuestos y regímenes de transferencias pudieran lograr los objetivos del principio leximin para la "libertad real" en forma más eficiente que desde la propuesta de un ingreso básico. Pero Ud. ha explorado otras justificaciones estructurales que más parecen tener una base en función de un derecho [entitlement/derecho/entitulamiento], por ejemplo, justificaciones que reafirman el derecho natural de las personas a los recursos naturales de la tierra, y la idea de una renta sobre estos recursos ¿Cómo ve Ud. una combinación de estos dos enfoques?

Bien, creo que no pueden combinarse, pero en algunos aspectos son el mismo enfoque. El punto de vista defendido por algunos libertaristas del ala izquierda, como Hillel Steiner, consiste en decir que hay ciertos entitulamientos [derechos] básicos y que entre estos entitulamientos [derechos] básicos existe a nombre de cada miembro de una sociedad, o a nombre de cada miembro de la especie, un título [derecho] de igual participación sobre los recursos naturales. Ellos argumentan que esta aproximación conduce a una justificación del ingreso básico a un nivel equivalente con el valor competitivo derivado de un igual compartir los recursos naturales. Ahora, esto tendría la misma implicación que la visión que defiendo, si tomamos como único escenario un mundo muy sencillo de una isla donde no hay más que los recursos naturales, y consideramos la situación en que lo único dado a las personas (igualmente dotadas en habilidades) son estos recursos. Bajo estas circunstancias, mi propia concepción de la justicia, y la concepción de la justicia que se deriva a partir de unos iguales derechos a la tierra, sumado al derecho de cada quien de ser el propietario autónomo [soberano] de si mismo, conducirían exactamente al mismo resultado.

Pero tan pronto pasamos a un mundo algo mas complejo, las implicaciones son distintas, y queda claro que la lógica detrás del argumento de los títulos es muy diferente a la mía. Mi punto de vista no es que tengamos títulos [derechos] sobre las cosas que no han sido producidas por alguien. Mas bien, creo que todas las cosas que uno habría de recibir, y en verdad todas las oportunidades que se nos abren, incluso aquellas generadas por las personas que están vivas en este momento, son susceptibles de ser justamente redistribuidas entre todos. Entonces, mi punto de partida no es una concepción de la justicia que consiste en el respeto a títulos [derechos] pre-sociales. Mi concepción de la justicia es una concepción de igual-preocupación. Lo que es primordial es una justa preocupación por los intereses de las personas, antes que por sus títulos [derechos] pre-sociales. Pero esta preocupación se encuentra orientada por las oportunidades (más que por los resultados): la gente debe ser responsable de sus decisiones, y la responsabilidad de la sociedad es, precisamente, brindar oportunidades justas. Pero tengo una noción muy fuerte de aquello en lo que consisten estas oportunidades, y por esta razón llego a afirmar que lo que se debe hacer es aplicar un principio maximin sobre el valor de lo que la gente recibe. Esto lleva al ingreso básico, pero a un ingreso básico a un nivel que sería mucho más generoso del que sería típicamente justificado por la visión de la entitulación [los derechos] porque nos permite considerar en la redistribución muchas más cosas que los recursos naturales. En ciertas circunstancias, sin embargo, podría también dar lugar a un ingreso básico inferior que en la perspectiva libertarista. Esto es porque tomo en cuenta lo que las personas tienen o de lo que carecen en términos de habilidades o talentos como base también del proceso de redistribución. Esto podría implicar un menor nivel de ingreso básico para permitir que cierta redistribución dirigida llegue a los menos talentosos que al promedio, o a los discapacitados.

Suena como si su sistema de justicia se pareciera bastante al sistema de Rawls, con dos importantes diferencias. Primero, tienen una diferente moneda para la justicia: Ud. favorece la "libertad real" o las oportunidades, opuesto a los bienes primarios en Rawls; y segundo, que en tanto él ve la sociedad como una empresa cooperativa de mutuo beneficio Ud. incluye dentro de su esquema distributivo incluso a aquellos no interesados en cooperar en la producción del producto social ¿Sería esta una manera justa de caracterizar la diferencia entre Ud. y Rawls?

Creería que existen mayores diferencias. La segunda de las diferencias que Usted menciona tiene relación más con los ajustes posteriores que Rawls realizó a su teoría que con la formulación inicial en "Una Teoría de la Justicia". La noción de que los beneficiarios deben ser cooperadores es dejada un tanto indefinida en su primer libro y no está incorporada en sus principios. Donde existe una clara diferencia es en torno al valor de unos bienes primarios gobernados por el principio de la diferencia, en el sentido de que agrupo un número de elementos que aparecen dispersos en sus principios en una muy fuerte noción de las oportunidades. Propongo redirigir la distribución de los bienes externos acorde a una métrica unificada que tome en cuenta ambas cosas, ventajas sociales y económicas, al igual que las oportunidades. Una tercera diferencia es que trato de lidiar con las desigualdades intrínsecas entre las personas, desigualdades relacionadas con la distribución de los talentos, habilidades o inhabilidades. Rawls deja esto de lado, por razones metodológicas, pero posteriormente nunca regresa para hacer un intento por resolver estas cuestiones en forma sistemática, en la forma en que yo lo intento. Finalmente hay una diferencia muy significativa entre el contenido del primer principio de Rawls que garantiza las libertades básicas y mis limitaciones de la libertad formal y del derecho de libre propiedad.[6] Por ejemplo, yo no consideraría el sufragio universal como una limitación a una justa distribución de los recursos. El sufragio universal es extremadamente importante, pero se justifica sólo instrumentalmente como un componente esencial de aquellas instituciones que deben salvaguardar su más estrecha proximidad posible a una justicia social.

Una línea persistente de crítica, a la que Ud. se ha referido  previamente, proviene simultáneamente de las tradiciones liberal y socialista, y está fundada en la hostilidad que ambas tradiciones tienen hacia el  “free-rider” [surfista] [Cf. nota 3], es decir, de las personas que pudieran beneficiarse de un esquema co-operativo pero que no están dispuestas a contribuir con él. Un gran número de objeciones que provienen de los detractores se fundan precisamente sobre esta observación, que parecería objetable desde el punto de vista de la justicia porque permitiría a algunos explotar a aquellos miembros de una sociedad que sí trabajan.

Esta es una objeción que encuentro altamente relevante, que requería ser exhaustivamente abordada, y que en cierta forma condujo a la escritura del libro. La base de mi respuesta fundamentada en unas bases de la justicia es la de señalar que lo que se considera como el producto del trabajo de una persona, parte del ingreso, consiste simplemente en el valor de aquellos escasos recursos de los que alguien debe apropiarse en función de producir lo que sea que esa persona produce, y en orden de ganar el ingreso asociado. La gente incurre en un equívoco cuando no percibe que la mayor parte del ingreso de los trabajadores corresponde en verdad a nuestra común herencia de recursos. La mayoría del  ingreso en nuestra sociedad generado por trabajo es generado en el contexto de los empleos. Ahora bien, los empleos son inequitativamente accesibles a las personas, e inclusive, si cada uno tuviera un empleo, hay una larga serie de empleos que están restringidos a un número muy pequeño de personas debido a las habilidades que se requiere para desempeñarlos. Aún en forma más obvia, en una situación en la que hay un involuntario desempleo en masa, puede observarse que la posibilidad de generar un ingreso está sujeta a la condición de ser el primero en apropiarse de aquellos escasos recursos que pertenecen a una estructura institucional de la sociedad, lo que equivale a decir, de los empleos suministrados por diferentes organizaciones. Incluso el empleo independiente existe por la muy compleja estructura de nuestros mercados. De manera que lo que yo le digo a aquellos que hacen la objeción del "free rider" es que se detengan a mirar el amplio antecedente de gracias recibidas en diversas maneras. Estas gracias son apropiadas en forma amplia e inequitativa por personas que sí pueden contribuir [cooperar] al obtener los trabajos más atractivos y mejor remunerados.

Y por lo tanto, ¿ la participación en la producción no es requisito para justificar el acceso a un ingreso?

Yo no estoy para nada en contra de promover una mayor participación de personas en la producción, incluso en un sentido más o menos estricto. Creo que es una tragedia para nuestra sociedad que una gran cantidad de personas se encuentre excluida de tal participación, y que se vean obligados a ajustar sus deseos y ambiciones en una forma acorde. Pero solo podremos luchar contra esta situación en una forma efectiva y justa admitiendo primero que debería hacerse en función de una justa distribución de los recursos que le otorgaran más poder a la gente: especialmente a aquellos en la parte baja de la escala del talento humano o jerarquía de capital. Esta respuesta sobre unas bases de justicia a la objeción del "free-rider" se enlaza luego  con argumentos de naturaleza mas pragmática que tienen que ver con una manera aceptable de luchar contra el desempleo.

Déjeme hacer énfasis en otras críticas a la propuesta del ingreso básico. Una línea de crítica que puede hacerse se ocupa de la efectividad de su propuesta. Ud. favorece un esquema de ingreso básico incondicional, pero podría ser que la situación de los más desfavorecidos en una sociedad pueda ser mejor atendida por un esquema de transferencias condicionadas en una sociedad capitalista en un Estado de bienestar, como las tienen los países de Europa Occidental en este momento. ¿Pensaría Ud. en ésta como una posibilidad seria?

Nunca he negado que se puede concebir un sistema de ingreso mínimo garantizado dirigido que podría proveer a cada miembro de una sociedad un ingreso que sería mas elevado que el provisto por el sistema de ingreso básico.  Pero para mí lo relevante no es conseguir un ingreso tan alto como sea posible para aquellos con el más bajo ingreso; y, en consecuencia, proporcionar una elevada capacidad de compra y consumo a los más desfavorecidos de la sociedad. Lo que me concierne, en cambio, es darles el más alto endoso posible de recursos de forma tal que asegure permitirles conducir sus vidas de acuerdo a un hacer según el propio deseo [soberanía]. Lograr esto involucra una serie de asuntos además de considerar únicamente el ingreso. Requiere, por ejemplo, cierto grado de suministro de educación y salud gratuitas. Pero, lo más significativo, requiere que les sean suministrados otros medios potencialmente a su alcance en forma incondicional. No deseamos simplemente maximizar el paquete de consumo que pueden obtener en un supermercado, sino ampliar las oportunidades de vida que se les presentan. Esto significa, por ejemplo, habilitar las posibilidades para que las personas puedan involucrarse en actividades remuneradas (si es que le conceden una gran importancia a las actividades remuneradas) a través de un recurso de “compra de empleo", es decir, aceptando empleos suficientemente interesantes a un menor pago dada la naturaleza incondicional del esquema de ingreso básico. Pero también abre las posibilidades para trabajar en intensidades menores a las de un tiempo completo, para dedicarse a otras actividades no remuneradas: cuidar de una familia, descifrar manuscritos del Sánscrito, o involucrarse en asuntos sociales o políticos. Esta más amplia concepción de lo que es importante en términos de una justicia distributiva significa que aún si los beneficios dirigidos de un Estado de bienestar convencional alcanzaran un ingreso mínimo mayor que los propuestos por el esquema de ingreso básico incondicional, esto no sería decisivo desde el punto de vista de la justicia. Esto, sin embargo, debería ser ponderado: allí donde un esquema de ingreso básico incondicional no pueda garantizar un ingreso mínimo para satisfacer las necesidades básicas, entonces un sistema de ingreso mínimo dirigido estaría justificado, en conjunción con un bajo ingreso básico.

Una de las características de la teoría de la justicia de John Rawls es la importancia de la posibilidad de hacer públicas las normas constitucionales por las que una determinada sociedad se rige, haciéndolas accesibles a todos, abiertas al debate político. Ahora, muchos de los argumentos que Ud. [invoca a favor de un ingreso básico son de naturaleza altamente técnica. Me pregunto entonces ¿ existe algún conflicto entre la lógica que profesa a favor del ingreso básico y el principio liberal de legitimidad?

Creo que la justificación precisa que cualquiera de nuestras instituciones pueda ofrecer alrededor de cualquiera de las alternativas posibles se convierte rápidamente en algo muy técnico, de manera que esto no puede ser considerado un argumento en contra de la propuesta. Tratar de presentar los argumentos en una forma que sea comprensible a una amplia audiencia es un punto a favor. La racionalidad detrás del ingreso básico no es tan complicada. La noción central es que hay demasiadas cosas que se reciben en la vida en forma extremadamente inequitativa: ¿no sería justo distribuir tanto como se pueda (hasta el punto en que no sea contraproducente)][7] de manera tal que aquellos que reciben menos reciban tanto como sea posible? Hay varias formas, a través de ejemplos, anécdotas, o historias, en que estos asuntos pueden hacerse claros, plausibles y tornarse persuasivos para una gran cantidad de personas. Esto será especialmente sencillo con aquellos que han vivido o conocen a alguien cercano que ha vivido la experiencia de lo que significa el desempleo: lo que significa querer realizar un trabajo para el que uno se cree perfectamente capaz pero al que no se puede tener acceso porque otros ya lo realizan. Podemos interesar a las personas que se dan cuenta de la seriedad de este asunto en la idea del ingreso básico en una forma tal que sea consistente con el requerimiento de dar legitimidad pública a la propuesta. Y, de hecho, vernos obligados a desarrollar una teoría de la justicia que pueda parecerle a un amplio espectro de personas, con variadas concepciones de la bondad en una sociedad pluralista, relacionada directamente con este requisito de tener que brindar una justificación en el reino de lo público.

INGRESO BASICO Y POLITICA

¿Cómo ve Ud. la conexión entre su trabajo y las tradiciones Marxista y socialista? Por muchos años Ud. ha sido asociado, a través del Grupo de Septiembre, a una corriente de pensamiento conocida como Marxismo Analítico; sin embargo, ¿la propuesta que Ud. defiende es apoyada por personas que no tienen conexión histórica o biográfica con el Marxismo o con la izquierda?

Tanto como puedo recordar, durante el tiempo en que he estado interesado en cuestiones sociales o políticas, siempre me he definido como alguien que está en cierto sentido fuertemente en la izquierda. Siempre he encontrado que es extremadamente importante para alguien en la izquierda mirar de cerca al Marxismo, en forma crítica, pero nunca me he definido como Marxista. No obstante siempre me he sentido extremadamente cómodo con el Grupo de Septiembre porque incluye viajeros similares y no tan solo Marxistas Analíticos.

Sin embargo, Ud. tituló una colección de sus ensayos "Marxism Recycled" (Marxismo reciclado)[8]

Espero que el prefacio del libro deje bien en claro la naturaleza de mis relaciones con el Marxismo, que consiste en apreciarlo como una parte muy importante de nuestra tradición intelectual e histórica. Es algo sobre lo que hay que pensar, aprender lecciones y hacer introspección. Pero tenemos que podar aquellas partes inútiles y debemos combinar lo restante con una serie de elementos totalmente ajenos a la tradición Marxista. Al mismo tiempo me encuentro fuertemente en favor de mantener el interés y de introducir nuevas generaciones en la literatura Marxista.  Pero jamás he visto esta tarea como un intento por reconstruir el Marxismo o reinterpretar el Marxismo en una forma tal que pudiera verse como una teoría relevante de nuestro momento. Nuestra tarea es más bien la de continuar haciendo el tipo de trabajo que Marx hacía en su tiempo, que es combinar un análisis muy profundo de las realidades del momento con el compromiso ético de luchar contra la injusticia. Para este propósito aún existen herramientas sumamente útiles dentro de la tradición Marxista. Un típico ejemplo sería la noción de clase, previendo que sea liberada de una interpretación estrecha limitada a la relación entre capitalistas y trabajadores.

Esto me recuerda un punto que surgió cuando entrevisté a G.A.Cohen. El dijo que en el pasado una cosa que caracterizaba al movimiento Marxista y socialista era la conjunción de ciertas preocupaciones éticas -algunas veces pasadas por alto- y el interés individual de un vasto número de personas. Entonces se puede hacer despegar un gran movimiento de progreso ético y social sin apoyarse en mucho más que en el interés individual de una clase organizada. Me pregunto, ¿cómo ve Ud. la conexión entre los movimientos políticos y el compromiso ético en lo que concierne a un ingreso básico? ¿Qué tipo de movimiento social podría generar una exitosa agitación para dar  vida a  la propuesta del ingreso básico?

La primera forma de intentar responder a esta pregunta es mirar cuáles de los movimientos han sido mas sensibles a la propuesta del ingreso básico.  Desde el comienzo mismo de la discusión, han sido los partidos verdes quienes se han mostrado más receptivos a la idea, quienes la han discutido y la han incorporado a sus plataformas.  Ahora bien, yo no creo que el movimiento verde vaya a tener éxito en la implementación de un sistema de ingreso básico, así sea tan sólo porque creo que ellos no tienen la fuerza para convertirse en un partido mayoritario en un país dado. Pero como ha sucedido con muchas de las cosas que han propuesto, impuestos al impacto ecológico, disminución del tráfico en las ciudades, etc., existe la posibilidad de que sus ideas sean recogidas por aquellos en el poder. Mientras que un impulso puede provenir de los partidos verdes, podríamos esperar también que algunas organizaciones de desempleados lleguen a adoptar la idea y a agitarla. Sin embargo, dadas las dificultades intrínsecas de organizar a los desempleados y a los excluidos de la sociedad, no deberíamos esperar mucho.  Al final, la idea deberá consolidar su influencia a través de la discusión política; y por supuesto, cada discusión política involucra elementos éticos que no se reducen a los intereses individuales de una categoría específica. Por ejemplo, un número de grupos Cristianos ha sido muy activo presionando en favor de la propuesta, en concordancia con el compromiso explícito con una serie de valores que se verían mejor satisfechos si la propuesta cobrase vida. Esto sucede también con el movimiento socialista, para quienes, entre las ventajas del ingreso básico, está la de preservar y fortalecer la solidaridad. Estas consideraciones éticas se combinan luego con una defensa del ingreso básico desde una perspectiva del interés individual: al mismo tiempo, deseamos hacer avanzar la justicia social y no deseamos que la sociedad genere una criminalidad masiva, no queremos que la sociedad descarte un cierto número de habilidades que podrían ser utilizadas en modos efectivos. En la práctica es inevitable pensar que habrá una mezcla compleja de argumentos éticos y de argumentos de interés individual.

Y qué hay acerca de las organizaciones tradicionales de la clase trabajadora, en particular los sindicatos, y los partidos demócratas. ¿Cree Ud. que pueden ser inclinados en favor de la causa o representan los estrechos intereses de aquellos que están en la condición de un empleo estable y permanente?

En conjunto se debe decir que la clase trabajadora organizada ha sido hostil a la propuesta. Sin embargo existen un par de excepciones notables: hay algunos sindicatos en varios países de Europa que han sido receptivos, especialmente aquellos con una alta proporción de mujeres, y con alta proporción de personas con baja remuneración. Se han dado cuenta que sus miembros se verían beneficiados: mejoraría el mercado para trabajadores no especializados, elevaría su poder de negociación, y además posiblemente incrementaría los ingresos de los trabajadores de tiempo parcial o de los que trabajan por remuneraciones mínimas. Pero en conjunto la estrategia de los sindicatos que defienden los intereses de unos trabajadores bien protegidos no ha sido favorable a las propuestas que pudieran erosionar sus privilegios. Incluso aquellos sindicatos que han aglutinado trabajadores tanto de los sectores débiles como fuertes se han inclinado por políticas menos amenazantes para la centralidad laboral, como subsidios al empleo entregados a los empleadores. Ellos prefieren estas políticas porque están más sintonizadas con la idea de que solo se puede obtener un ingreso a través del trabajo, y por supuesto, el ingreso a través del trabajo está parcialmente controlado por el sindicato mismo. Ellos lo prefieren de esa forma, en lugar de un ingreso básico dispensado por el Estado sin participación alguna de la voluntad de los sindicatos. El ingreso básico es en verdad un derecho de los ciudadanos[9] y no un derecho específico de los trabajadores, y esto resulta muy desagradable –amargo- para algunos sindicalistas.

Si bien este es un debate vivo en la comunidad política parece en gran medida un debate confinado a la sociedad de Europa Occidental. ¿Es esto correcto o hay algún interés en la idea de un ingreso básico en, por ejemplo, Norteamérica, o en otras sociedades en el lejano oriente?

No he percibido, en las sociedades del lejano oriente, el menor indicio de interés por este debate. En los Estados Unidos hubo un debate muy activo en los 60´s y 70´s, y McGovern propuso algo muy cercano al ingreso básico como parte de su plataforma electoral en su desastrosa campaña de 1972. Pero, si algo ha sucedido, es que los Estados Unidos se han apartado de la posibilidad de un ingreso básico. En contraste, en Canadá ha habido una serie de propuestas en este sentido (por ejemplo, en Québec). Lo que me ha sorprendido es el nivel de interés en Latinoamérica. Ha habido una colección de ensayos sobre el ingreso básico publicado en la Argentina, y tengo entendido que ha tenido un fuerte impacto en la discusión pública. Un senador del Partido de los Trabajadores en Brasil ha estado defendiendo una propuesta de un ingreso mínimo garantizado. Esta propuesta fue de hecho adoptada por el Senado con el apoyo de un amplio número de partidos. El presidente de Brasil ha dicho que se encuentra a favor de movilizar recursos en la dirección del ingreso básico introduciendo en primera instancia un ingreso mínimo garantizado para los ancianos. Y ha habido también un impulso al debate como resultado de los asesinatos de los desposeídos a manos de la policía. Después de todo, ¿si Ud. no puede redistribuir la tierra de manera que todos tengan una base para sostenerse, qué puede hacer en una sociedad moderna? Un ingreso garantizado es una solución a la que se puede acudir.[10]


DIRECCIONES FUTURAS

Libertad Real para Todos” apareció en 1995 y ha logrado, por decir lo menos, un cierto impacto. ¿Cuáles son sus planes futuros? ¿Cómo ve el desarrollo de su trabajo a partir de este punto? ¿Existen algunos otros proyectos en curso, o intenta Ud. concentrarse en la defensa y desarrollo de los temas del libro?

Hay tres cosas en las que estoy realmente involucrado y me mantendrán ocupado por el resto de mi vida laboral. La primera está vinculada a uno de los asuntos que ya hemos discutido: quiero escribir algo acerca del ingreso básico que pueda ser leído por personas de todos los niveles de educación; un trabajo que abarque la ética de la propuesta, pero también lo económico, la historia y la política involucradas. Segundo, quiero ampliar mi foco de interés más allá del ingreso básico, que es tan sólo uno de los varios asuntos importantes para el futuro de un Estado de bienestar. Otra está relacionada con transferencias intergeneracionales: pensiones, subsidios familiares, financiamiento de la educación, etc. Otra área de importancia es fundar sobre bases de justicia un sistema de salud: tenemos la tecnología disponible para alargar nuestras vidas casi indefinidamente, sin embargo, ¿es justo que orientemos todos nuestros recursos hacia este propósito en lugar de otros asuntos? Y por supuesto hay muchas interdependencias, entre estos dos conjuntos de intereses con el tema de las transferencias que circulan en la población activa, como el ingreso básico.

¿Y el tercer proyecto?

Mi tercer proyecto es hacer ingeniería de la democracia: ¿Cómo deberíamos diseñar nuestras instituciones políticas en el largo plazo en virtud de acercarnos tanto como sea posible a la justicia social? Esto tiene que ver, por ejemplo, con el diseño de instituciones políticas en países federales como Bélgica, ¿cómo debemos organizar el sistema electoral, cómo debemos estructurar la localización de las competencias entre los varios niveles y tipos de órganos políticos en función de preservar una solidaridad nacional en las transferencias económicas? Pero esto tiene que ser sopesado con las necesidades de las diferentes comunidades y regiones del país por expresar sus identidades propias. También, a un nivel europeo, ¿cómo podemos diseñar instituciones de manera que podamos gradualmente movernos hacia una unión cada vez más fuerte, preservando al mismo tiempo la solidaridad que existía en cada país en tanto construimos una más fuerte solidaridad social europea? Más allá de esto: ¿Cómo podemos diseñar instituciones como la ILO [Organización Mundial del Trabajo], la IMF [Fondo Monetario Internacional], el Banco Mundial, la organización Mundial del Comercio? ¿Cómo otorgarles un poder suficiente pero que al mismo tiempo nos prevenga de un poder excesivo? Los tres proyectos representan viajes a nuevas áreas que encuentro apasionantes; pero también están íntimamente relacionados con lo que he hecho antes y profundamente vinculadas a mi ambición básica: contribuir al pensamiento comprometido y libre de prejuicios que es requerido en forma urgente para guiar nuestras luchas.
 

INGRESO BASICO, BIBLIOGRAFÍA BASICA


Atkinson, Anthony B. Public Economics in Action. The Basic Income/ Flat Tax Proposal (Oxford: Clarendon Press, 1995).

Eriksen, Erik Oddvar and Loftager, Jorn (eds) The Rationality of the Welfare State (Oslo: Scandinavian University Press, 1996).

Parker, Hermione. Instead of the Dole (London: Routledge, 1989).

Reynolds, Brigid and Healy, Sean (eds), An Adequate Income Guarantee for All (Dublin: Cori, 1995).

Van Parijs, Philippe (ed.). Arguing for Basic Income: Ethical Foundations For a Radical Reform (London: Verso, 1992).

Van Parijs, Philippe, Marxism Recycled (Cambridge: Cambridge University Press, 1993).

Van Parijs, Philippe. Real Freedom For All. What (if anything) Can Justify Capitalism? (Oxford: Oxford University Press, 1995).

Walter, Tony. Basic Income. Freedom from Poverty, Freedom to Work (London and New York: Marion Boyars, 1989). 

Philippe Van Parijs / Christopher Bertram 
 

FUENTES


Texto original: http://eis.bris.ac.uk/~plcdib/imprints/vanparijsinterview.html

 


REFERENCIAS
 

Philippe Van Parijs en Université Catholique de Louvain: http://www.uclouvain.be/en-11688.html

Basic Income Earth Network (BIEN): http://www.basicincome.org/bien/

TRADUCCIÓN Y REVISIÓN
 

Pablo Batelli y Claudia Díaz


Diciembre 2003 – enero 2004 / Octubre 2008

SPONSORED BY

Claudia Díaz Toledo Fragile Endowment for the Arts

Piedad Gómez Villa Endowment for the Arts

Basic Income Persue Endowment for the Arts


DERECHOS


Sin lucro comercial / Citar las fuentes




[1] Esta cifra fue propuesta probablemente en los alrededores de marzo de 1997, fecha de la primera publicación de la entrevista (Imprints, vol. 1, marzo de 1997). Su valor estimado presente (octubre de 2008) puede o no corresponder con el valor pasado. Existiría, sin embargo, un modo alternativo menos contingente para estimar el valor del ingreso básico en valor presente y es sujetarse a la expectativa que fija el ingreso básico en la mitad del valor del ingreso mínimo garantizado para una sola persona. Otra aproximación –no necesariamente incompatible- opta por establecer el criterio “el más alto posible” como mecanismo para determinar un nivel para el ingreso básico. [N. del t.]
[2] Basta verificar la situación de una persona desempleada que recibe beneficios por desempleo mayores a los que recibiría por un trabajo de tiempo parcial. Dado que debe renunciar a los beneficios por desempleo para aceptar el empleo de tiempo parcial, el empleo parcial se hace, para esa persona, inviable. Dada la naturaleza incondicional del ingreso básico, la persona podría recibir la remuneración del tiempo parcial y el ingreso básico simultáneamente, haciendo viable el empleo de tiempo parcial que antes era inviable. Este tipo de relaciones es lo que, a juicio del traductor, se entiende por “efecto diferencial de los niveles de pago”.
Se infiere que la propuesta de un ingreso básico incondicional, en el contexto de esta entrevista, tiene su punto de partida en una sociedad que ha logrado al menos implementar una mínima forma de defensa contra el desamparo absoluto, como es un subsidio al desempleo. Sin embargo, pese a los delicados análisis y las  intrincadas derivaciones específicas de los diferentes modelos, la propuesta de un ingreso básico incondicional es tan clara, básica y directa como la de ser un ingreso, ser básico y ser incondicional (aunque algunas reformulaciones o desarrollos de la propuesta circunscriban –de manera no exenta de conflicto- la incondicionalidad a los límites de una ciudadanía demostrable).
El análisis de “el efecto diferencial de los niveles de pago” no puede hacerse, como bien se señala en esta entrevista al separar la población en tres grupos de beneficiarios potenciales, sin el análisis de la participación del fisco. Sin embargo, en el curso de la entrevista, se observa que los argumentos a favor del ingreso básico se encuentran orientados por un sentido de justicia en torno al asunto de la redistribución de las oportunidades. Es decir, se habla de un modelo de justicia de la cual se dervaría un replanteo económico de la sociedad a manera de corolario inevitable. [N. del t.]
[3] Publicado originalmente en Teoría y Sociedad, vol. 15, no. 5 (1986), pp. 63556.
[4] "Free-rider": surfista, surfista social, surfismo social. Quien obtiene beneficios del capital que produce un orden social sin colaborar en su construcción, sin ser "cooperador".
La condición del free rider ha sido trasladada al español como la condición –o la objeción- del surfista, acaso porque se presume que el surfista no hace gasto de sus propias energías para lograr su desplazamiento. No estando enteramente de acuerdo con ésta u otras variantes, se deja la expresión original en inglés previendo que esta nota y el texto mismo ayuden a esclarecer el carácter del término “free-rider”. [N del t.]
[5] Se indica que en el curso de la traducción el texto que se encuentra incluido entre corchetes cuadrados “[“ texto “]” son intervenciones del traductor. Aparecen allí donde se cree que una traducción estadísticamente correcta puede conducir a una excesiva simplificación. Los paréntesis redondos “(“ texto “)” son aclaraciones presentes en el texto original en inglés. [N del t.]
[6] Una respuesta anterior que establece los orígenes del concepto de “libertad real” como una restricción de la libertad formal a los medios requeridos para el ejercicio efectivo de esa libertad formal, y una respuesta a la pregunta sobre si una sociedad con un ingreso básico vigente seguiría siendo considerada una sociedad capitalista pueden resultar útiles al intentar aclarar esta diferenciación de principios ente Rawls y Van Parijs. Específicamente, ver las respuestas a estas dos preguntas de Christopher Bertram:
-“La concepción central de justicia que Ud. defendió en su libro es que se deben buscar las formas de maximizar la cantidad de lo que Usted ha llamado "libertad real" disponible para los menos libres, para aquellos verdaderamente menos libres en una sociedad. Puede Ud. explicar lo que entiende por "libertad real"? ¿Qué lo llevó a inclinarse por esta concepción de la justicia?”.
-“¿Continuaría Ud. definiendo una sociedad con un ingreso básico como una sociedad capitalista, o la ve Ud. como una alternativa al capitalismo?”
 [N. del t.]
[7] El fragmento presentado entre dos corchetes cuadrados en negrita –presente en la publicación del texto en inglés en red consultada a finales del 2003 y comienzos del 2004- ha desaparecido de la versión en red que se puede consultar en el 2008. Lo que se explora en la pregunta es la probabilidad de una incompatibilidad entre la obligatoria legitimidad proporcionada por la satisfacción del  requerimiento de una discusión pública de la propuesta y la complejidad de las herramientas requeridas para adelantar tal discusión. [N. del t.]
[8] Se hace uso del título en inglés y la reiteración entre paréntesis en español, pues el traductor no tiene conocimiento de una traducción del texto al español. [N. del t.]
[9] El ingreso básico, más que un derecho laboral, más que un derecho ciudadano, debe plantearse como un derecho otorgado por la condición mínima demostrable: la condición de existir. [N. del t.]
[10] El ingreso básico adquiere aquí una extremadamente fuerte justificación como alternativa a los fracasos de proyectos o puesta en práctica de las reformas agrarias. [N. del t.]